lunes, 5 de agosto de 2019

Lección 222. Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él


*Lección 222. Dios está conmigo. Vivo y me muevo en Él*

1. Dios está conmigo. Él es mi Fuente de vida, la vida interior, el aire que respiro, el alimento que me sustenta y el agua que me renueva y me purifica. Él es mi hogar, en el que vivo y me muevo; el Espíritu que dirige todos mis actos, me ofrece Sus Pensamientos y garantiza mi perfecta inmunidad contra todo dolor. Él me prodiga bondad y cuidado, y contempla con amor al Hijo sobre el que resplandece, el cual a su vez resplandece sobre Él. ¡Qué serenidad la de aquel que conoce la verdad de lo que Él dice hoy! 

2. Padre, no tenemos en nuestros labios ni en nuestras mentes otras palabras que Tu Nombre, cuando acudimos silenciosamente ante Tu Presencia, pidiendo que se nos conceda poder descansar Contigo por un rato en paz.




domingo, 4 de agosto de 2019

Lección 221. Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten


*Lección 221. Que mi mente esté en paz y que todos mis pensamientos se aquieten*

1. Padre,  hoy vengo a  Tí  en  busca  de  la  paz  que  sólo  Tú  puedes  dar.  Vengo  en silencio.  Y  en la quietud de  mi  corazón  -en lo más  recóndito  de  mi  mente-, espero y estoy a  la  escucha  de  Tu  Voz. Padre  mío, háblame  hoy.  Vengo a  oír  Tu  Voz  en silencio, con certeza  y con amor,  seguro de  que oirás  mi  llamada  y de  que  me  responderás. 

2.  Y  ahora  aguardamos  silenciosamente. Dios  está  aquí  porque  esperamos  juntos. Estoy  seguro de que  Él  te  hablará  y de  que  tú  le  oirás.  Acepta  mi  confianza,  pues  es  la  tuya.  Nuestras  mentes  están unidas.  Esperamos  con un solo propósito:  oír la  respuesta  de  nuestro  Padre  a  nuestra  llamada,  dejar que  nuestros  pensamientos  se  aquieten  y encontrar  Su paz, para  oírle  hablar de  lo que  nosotros somos  y para  que  Él  Se  revele  a  Su Hijo.





Presentación de las lecciones 221-230 con el tema central: 1. ¿Qué es el perdón?


*Presentación de las lecciones 221-230 con el tema central: 1. ¿Qué es el perdón? * 

1. El perdón reconoce que lo que pensaste que tu hermano te había hecho en realidad nunca ocurrió. El perdón no perdona pecados, otorgándoles así realidad. Simplemente ve que no hubo pecado. Y desde este punto de vista todos tus pecados quedan perdonados. ¿Qué es el pecado sino una idea falsa acerca del Hijo de Dios? El perdón ve simplemente la falsedad de dicha idea y, por lo tanto, la descarta. Lo que entonces queda libre para ocupar su lugar es la Voluntad de Dios.

2. Un pensamiento que no perdona es aquel que emite un juicio que no pone en duda a pesar de que es falso. La mente se ha cerrado y no puede liberarse. Dicho pensamiento protege la proyección, apretando aún más sus cadenas de manera que las distorsiones resulten más sutiles y turbias, menos susceptibles de ser puestas en duda y más alejadas de la razón. ¿Qué puede interponerse entre una proyección fija y el objetivo que ésta ha elegido como su deseada meta?

3. Un pensamiento que no perdona hace muchas cosas. Persigue su objetivo frenéticamente, retorciendo y volcando todo aquello que cree que se interpone en su camino. Su propósito es distorsionar, lo cual es también el medio por el que procura alcanzar ese propósito. Se dedica con furia a arrasar la realidad, sin ningún miramiento por nada que parezca contradecir su punto de vista.

4. El perdón, en cambio, es tranquilo y sosegado, y no hace nada. No ofende ningún aspecto de la realidad ni busca tergiversarla para que adquiera apariencias que a él le gusten. Simplemente observa, espera y no juzga. El que no perdona se ve obligado a juzgar, pues tiene que justificar el no haber  perdonado. Pero aquel  que  ha  de  perdonarse  a  sí  mismo debe  aprender a  darle  la  bienvenida  a la  verdad exactamente  como ésta  es.

5. No hagas  nada,  pues, y deja  que  el  perdón te  muestre  lo que  debes  hacer a  través  de  Aquel  que  es tu  Guía,  tu Salvador  y Protector,  Quien, lleno de  esperanza, está  seguro de  que  finalmente triunfarás. Él  ya  te  ha  perdonado, pues  ésa  es  la  función  que  Dios  le  encomendó.  Ahora  tú  debes compartir  Su función y perdonar  a  aquel  que  Él  ha  salvado, cuya  inocencia  Él  ve  y a  quien honra como  el  Hijo  de  Dios.


SEGUNDA PARTE DEL LIBRO DE TEXTO: Introducción


*SEGUNDA PARTE DEL LIBRO DE TEXTO*


*Introducción*


1. Las palabras apenas significarán nada ahora. Las utilizaremos únicamente como guías de las que no hemos de depender. Pues lo único que nos interesa ahora es tener una experiencia directa de la verdad. Las lecciones que aún nos quedan por hacer no son más que introducciones a los períodos en que abandonamos el mundo del dolor y nos adentramos en la paz. Ahora empezamos a alcanzar el objetivo que este curso ha fijado y a hallar la meta hacia la que nuestras prácticas han estado siempre encaminadas.

2. Lo que nos proponemos ahora es que los ejercicios sean sólo un preámbulo. Pues aguardamos con serena expectación a nuestro Dios y Padre. Él nos ha prometido que Él Mismo dará el paso final. Y nosotros estamos seguros de que Él cumple Sus promesas. Hemos recorrido un largo trecho, y ahora lo aguardamos a Él. Continuaremos pasando un rato con Él cada mañana y cada noche, mientras ello nos haga felices. No vamos a considerar el tiempo ahora como una cuestión de duración. Dedicaremos tanto tiempo como sea necesario a fin de lograr el objetivo que perseguimos. No nos olvidaremos tampoco de nuestros recordatorios de cada hora, y recurriremos a Dios siempre que nos sintamos tentados de olvidarnos de nuestro objetivo.

3. Durante el resto de los días venideros seguiremos utilizando un pensamiento central para introducir nuestros períodos de descanso y para calmar nuestras mentes, según lo dicte la necesidad. No obstante, no nos contentaremos únicamente con practicar los demás instantes santos con los que concluye este año que le hemos dedicado a Dios. Diremos más bien algunas palabras sencillas a modo de bienvenida, y luego esperaremos que nuestro Padre Se revele a Sí Mismo, tal como ha prometido que lo hará. Lo hemos invocado y Él ha prometido que Su Hijo recibirá respuesta siempre que invoque Su Nombre.

4. Ahora venimos a Él teniendo únicamente Su Palabra en nuestras mentes y en nuestros corazones, y esperamos a que Él dé el paso hacia nosotros que nos ha dicho, a través de Su Voz, que no dejaría de dar una vez que lo invitásemos. Él no ha dejado solo a Su Hijo en su locura, ni ha traicionado la confianza que éste tiene en Él. ¿No le ha hecho acaso Su fidelidad acreedor a la invitación que Él espera para hacernos felices? Le extenderemos esa invitación y Él la aceptará. Así es como transcurrirán nuestros momentos con Él. Expresaremos las palabras de invitación que Su Voz sugiere y luego esperaremos a que Él venga a nosotros.

5. La hora de la profecía ha llegado. Ahora es cuando las antiguas promesas se honran y se cumplen sin excepción. No queda ningún paso que el tiempo nos pueda impedir dar. Pues ahora no podemos fracasar. Siéntate en silencio y aguarda a tu Padre. Él ha dispuesto que vendrá una vez que hayas reconocido que tu voluntad es que Él venga. Y tú nunca habrías podido llegar tan lejos si no hubieses reconocido, por muy vagamente que fuese, que ésa es tu voluntad.

6. Estoy tan cerca de ti que no podemos fracasar. Padre, Te entregamos estos santos momentos como muestra de agradecimiento por Aquel que nos enseñó a abandonar el mundo del pesar a cambio del que Tú nos diste como substituto. Ahora no miramos hacia atrás. Miramos hacia adelante y fijamos la mirada en el final de la jornada. Acepta de nuestra parte estas humildes ofrendas de gratitud, mientras contemplamos, a través de la visión de Cristo, un mundo que está más allá del que nosotros construimos y que aceptamos como substituto total del nuestro.

7. Y ahora aguardamos en silencio, sin miedo y seguros de Tu llegada. Hemos procurado encontrar el camino siguiendo al Guía que Tú nos enviaste. Desconocíamos el camino, pero Tú no te olvidaste de nosotros. Y sabemos que no Te olvidarás de nosotros ahora. Sólo pedimos que Tus promesas de antaño se cumplan tal como es Tu Voluntad. Al pedir esto, nuestra voluntad dispone lo mismo que la Tuya. El Padre y el Hijo, Cuya santa Voluntad creó todo lo que existe, no pueden fracasar en nada. Con esta certeza daremos estos últimos pasos que nos llevan a Ti, y descansaremos confiadamente en Tu Amor, el cual jamás defraudará al Hijo que Te llama.

8. Y así damos comienzo a la parte final de este año santo que hemos pasado juntos en busca de la verdad y de Dios, Quien es su único creador. Hemos encontrado el camino que Él eligió para que nosotros lo siguiésemos, y decidimos seguirlo tal como Él quiere que hagamos. Su Mano nos ha sostenido. Sus Pensamientos han arrojado luz sobre las tinieblas de nuestras mentes. Su Amor nos ha llamado incesantemente desde los orígenes del tiempo.

9. Quisimos privar a Dios del Hijo que Él creó para Sí. Quisimos que Dios cambiara y fuera lo que nosotros queríamos hacer de Él. Y creímos que nuestros desquiciados deseos eran la verdad. Ahora nos alegramos de que todo esto haya desaparecido y de que ya no pensemos que las ilusiones son verdad. El recuerdo de Dios despunta en los vastos horizontes de nuestras mentes. Un momento más y volverá a surgir. Un momento más, y nosotros que somos los Hijos de Dios, nos encontraremos a salvo en nuestro hogar, donde Él desea que estemos.

10. A la necesidad de practicar casi le ha llegado su fin. Pues en esta última etapa llegaremos a entender que sólo con invocar a Dios, toda tentación desaparece. En lugar de palabras, sólo necesitamos sentir Su Amor. En lugar de oraciones, sólo necesitamos invocar Su Nombre. Y en lugar de juzgar, sólo necesitamos aquietarnos y dejar que todas las cosas sean sanadas. Aceptaremos la manera en que el plan de Dios ha de terminar, tal como aceptamos la manera en que comenzó. Ahora ya se ha consumado. Este año nos ha llevado a la eternidad.

11. Las palabras tendrán todavía cierta utilidad. Cada cierto tiempo se incluirán temas de especial relevancia, cuya lectura debe preceder a la de nuestras lecciones diarias y a los períodos de experiencia profunda e inefable que deben seguir a éstas. Estos temas especiales deberán repasarse cada día hasta que se te ofrezca el siguiente. Debes leerlos lentamente y reflexionar sobre ellos por un rato antes de cada uno de esos santos y benditos instantes del día. He aquí el primero de estos temas especiales.

sábado, 3 de agosto de 2019

T24. VII. El punto de encuentro


*T24. VII. El punto de encuentro*


1. ¡Cuán  tenazmente  defiende  su especialismo -deseando  que  sea  verdad- todo aquel  que  se encuentra  encadenado  a  este  mundo! Su deseo es  ley para  él, y él  lo obedece.  Todo lo que  su deseo de  ser especial  exige,  él  se  lo concede. Nada  que  este  amado deseo necesite,  él  se  lo  niega.  Y mientras  este  deseo lo llame,  él  no oirá  otra  Voz.  Ningún esfuerzo es  demasiado grande,  ningún costo  excesivo ni  ningún precio  prohibitivo a  la  hora  de  salvar  su deseo de  ser especial  del  más  leve desaire, del  más  mínimo ataque, de  la  menor  duda, del  menor indicio de  amenaza, o de  lo  que  sea, excepto de  la  reverencia  más  absoluta.  Éste  es  tu  hijo, amado por ti  como tú  lo eres  por tu  Padre. Él es  quien  ocupa  el  lugar de  tus  creaciones, que  sí  son tu hijo,  y que  se  te  dieron para  que compartieses  la  Paternidad de  Dios;  no para  que  se  la  arrebatases. ¿Quién es  este  hijo que  has  hecho para  que  sea  tu  fortaleza?  ¿Qué  criatura  de  la  tierra  es  ésta  sobre  la  que  se  vuelca  tanto amor?  ¿Qué parodia  de  la  creación de  Dios  es  ésta  que  ocupa  el  lugar  de  tus  creaciones?  ¿Y  dónde  se  encuentran éstas, ahora  que  el  anfitrión de  Dios  ha  encontrado otro  hijo al  que  prefiere  en lugar de  ellas?

2. El  recuerdo  de  Dios  no brilla  a  solas. Lo que  se  encuentra  en tu hermano todavía  contiene  dentro de  sí  toda  la  creación;  todo  lo creado  y todo lo que  crea;  todo lo nacido o por nacer;  lo  que  todavía está  en el  futuro y lo que  aparentemente  ya  pasó. Lo  que  se  encuentra  en él  es  inmutable,  y cuando reconozcas  esto, reconocerás  también  tu propia  inmutabilidad. La  santidad  que  mora  en ti  le pertenece  a  tu hermano.  Y  al  verla  en  él, regresa  a  ti.  Todo tributo que  le  hayas  prestado  a  tu especialismo  le  corresponde  a  él,  y de  esta  manera  regresa  a  ti.  Todo  el  amor  y cuidado  que  le profesas  a  tu  especialismo, la  absoluta  protección que  le  ofreces, tu  constante  desvelo por él  día  y noche,  tu profunda  preocupación,  así  como  la  firme  convicción de  que  eso es  lo que  eres,  le corresponden  a  tu hermano.  Todo  lo que  le  has  dado a  tu  especialismo le  corresponde  a  él.  Y  todo lo que  le  corresponde  a  él  te  corresponde  a  ti.

3. ¿Cómo  ibas  a  poder  reconocer  tu valía  mientras  te  domine  el  deseo  de  ser especial?  ¿Cómo  no ibas  a  poder reconocerla  en su santidad?  No trates  de  convertir  tu especialismo  en la  verdad,  pues  si lo  fuese  estarías  ciertamente  perdido.  En lugar  de  ello,  siéntete  agradecido  de  que  se  te  haya concedido ver  la  santidad de  tu  hermano debido a  que  es  la  verdad.  Y  lo  que  es  verdad con respecto a  él  tiene  que  ser igualmente  verdad con respecto a  ti.

4. Hazte a ti mismo esta pregunta: ¿Puedes proteger la mente? El cuerpo sí, un poco, mas no del tiempo, sino temporalmente. Y mucho de lo que crees que lo protege, en realidad le hace daño. ¿Para qué quieres proteger el cuerpo? Pues en esa elección radica tanto su salud como su destrucción. Si lo proteges para exhibirlo o como carnada para pescar otro pez, o bien para albergar más elegantemente tu especialismo o para tejer un marco de hermosura alrededor de tu odio, lo estás condenando a la putrefacción y a la muerte. Y si ves ese mismo propósito en el cuerpo de tu hermano, tal es la condena del tuyo. Teje, en cambio, un marco de santidad alrededor de tu hermano, de modo que la verdad pueda brillar sobre él y salvarte a ti de la putrefacción.

5. El Padre mantiene a salvo todo lo que creó, lo cual no se ve afectado por las falsas ideas que has inventado, debido a que tú no fuiste su creador. No permitas que tus absurdas fantasías te atemoricen. Lo que es inmortal no puede ser atacado y lo que es sólo temporal no tiene efectos. Únicamente el propósito que ves en ello tiene significado, y si éste es verdad, su seguridad está garantizada. Si no es verdad, no tiene propósito alguno, ni sirve como medio para nada. Cualquier cosa que se perciba como medio para la verdad comparte la santidad de ésta y descansa en una luz tan segura como la verdad misma. Esa luz no desaparecerá cuando ello se haya desvanecido. Su santo propósito le confirió inmortalidad, encendiendo otra luz en el Cielo, que tus creaciones reconocen como un regalo procedente de ti: como una señal de que no te has olvidado de ellas.

6. La prueba a la que puedes someter todas las cosas en esta tierra es simplemente esta: ¿"Para qué es"? La contestación a esta pregunta es lo que le confiere el significado que ello tiene para ti. De por sí, no tiene ninguno; sin embargo, tú le puedes otorgar realidad, según el propósito al que sirvas. En esto no eres más que un medio, al igual que ello. Dios es a la vez Medio y Fin. En el Cielo, los medios y el fin son uno y lo mismo, y son uno con Él. Éste es el estado de verdadera creación, el cual no se encuentra en el tiempo, sino en la eternidad. Es algo indescriptible para cualquiera aquí. No hay modo de aprender lo que ese estado significa. No se comprenderá hasta que vayas más allá de lo Dado y vuelvas a construir un santo hogar para tus creaciones.

7. Un co-creador con el Padre tiene que tener un Hijo. Sin embargo, este Hijo tiene que haber sido creado a semejanza de Sí Mismo: como un ser perfecto, que todo lo abarca y es abarcado por todo, al que no hay nada que añadir ni nada que restar; un ser que no tiene tamaño, que no ha nacido en ningún lugar o tiempo ni está sujeto a límites o incertidumbres de ninguna clase. Ahí los medios y el fin se vuelven uno, y esta unidad no tiene fin. Todo esto es verdad, y, sin embargo, no significa nada para quien todavía retiene en su memoria una sola lección que aún no haya aprendido, un solo pensamiento cuyo propósito sea aún incierto o un solo deseo con dos objetivos.

8. Este curso no pretende enseñar lo que no se puede aprender fácilmente. Su alcance no excede el tuyo, excepto para señalar que lo que es tuyo te llegará cuando estés listo. Aquí los medios y el propósito están separados porque así fueron concebidos y así se perciben. Por lo tanto, los tratamos como si lo estuviesen. Es esencial tener presente que toda percepción seguirá estando invertida hasta que se haya comprendido su propósito. La percepción no parece ser un medio. Y es esto lo que hace que sea tan difícil entender hasta qué punto depende del propósito que tú le asignas. Parece que es la percepción la que te enseña lo que ves. Sin embargo, lo único que hace es dar testimonio de lo que tú enseñaste. Es el cuadro externo de un deseo: la imagen de lo que tú querías que fuese verdad.

9. Contémplate a ti mismo y verás un cuerpo. Contempla este cuerpo bajo otra luz y se verá diferente. Y sin ninguna luz parecerá haber desaparecido. Sin embargo, estás convencido de que está ahí porque aún puedes sentirlo con tus manos y oír sus movimientos. He aquí la imagen que quieres tener de ti mismo; el medio para hacer que tu deseo se cumpla. Te proporciona los ojos con los que lo contemplas, las manos con las que lo sientes y los oídos con los que escuchas los sonidos que emite. De este modo te demuestra su realidad.

10. Así es como el cuerpo se convierte en una teoría de ti mismo, sin proveerte de nada que pueda probar que hay algo más allá de él, ni de ninguna posibilidad de escape a la vista. Cuando se contempla a través de sus propios ojos, su curso es inescapable. El cuerpo crece y se marchita, florece y muere. Y tú no puedes concebirte a ti mismo aparte de él. Lo tildas de pecaminoso y odias sus acciones, tachándolo de malvado. No obstante, tu deseo de ser especial susurra: "He aquí a mi amado hijo, en quien me complazco". Así es como el "hijo" se convierte en el medio para apoyar el propósito de su "padre". No es idéntico, ni siquiera parecido, aunque aún es el medio de ofrecer al "padre" lo que él quiere. Tal es la parodia que se hace de la creación de Dios. Pues de la misma manera en que haber creado a Su Hijo hizo feliz al Padre -además de dar testimonio de Su Amor y de compartir Su propósito- así el cuerpo da testimonio de la idea que lo concibió, y habla en favor de la realidad y verdad de ésta.

11. De esta manera se concibieron dos hijos, y ambos parecen caminar por esta tierra sin un lugar donde poderse reunir y sin un punto de encuentro. A uno de ellos -tu amado hijo- lo percibes como externo a ti. El otro -el Hijo de su Padre- descansa en el interior de tu hermano tal como descansa en el tuyo. La diferencia entre ellos no estriba en sus apariencias, ni en el lugar hacia donde se dirigen y ni siquiera en lo que hacen. Tienen distintos propósitos. Eso es lo que los une a los que son semejantes a ellos y lo que los separa de todo lo que tiene un propósito diferente. El Hijo de Dios conserva aún la Voluntad de su Padre. El hijo del hombre percibe una voluntad ajena y desea que sea verdad. Y así, su percepción apoya su deseo, haciendo que parezca verdad. La percepción, sin embargo, puede servir para otro propósito. No está sujeta al deseo de ser especial, excepto si así lo decides. Y se te ha concedido poder tomar otra decisión y usar la percepción para un propósito diferente. Y lo que veas servirá debidamente para ese propósito y te demostrará su realidad.

T24. VI. Cómo escaparse del miedo


*T24. VI. Cómo escaparse del miedo*


1. El  mundo se  aquieta  ante  la  santidad  de  tu hermano, y la  paz  desciende  sobre  él  dulcemente  y con una  bendición  tan completa  que  desaparece  todo  vestigio  de  conflicto que  pudiese  acecharte  en la obscuridad  de  la  noche. Él  es  quien te  salva  de  tus  sueños  de  terror. Él  sana  tu  sensación  de sacrificio  y tu temor  de  que  el  viento  disperse  lo que  tienes  y lo convierta  en  polvo. En él  descansa tu  certeza  de  que  Dios  está  aquí  y de  que  está  contigo ahora.  Mientras  él  sea  lo que  es, puedes  estar seguro de  que  es  posible  conocer  a  Dios  y de  que  lo  conocerás. Pues  Él  nunca  podría  abandonar  a Su Propia  creación.  Y  la  señal  de  que  esto es  así  reside  en tu hermano, que  se  te  da  para  que  todas tus  dudas  acerca  de  ti  mismo puedan  desaparecer  ante  su santidad.  Ve  en  él  la  creación de  Dios, pues  en él  su Padre  aguarda  tu reconocimiento de  que  Él  te  creó  como parte  de  Sí  Mismo.

2. Sin ti, a  Dios  le  faltaría  algo,  el  Cielo estaría  incompleto y habría  un Hijo sin Padre.  No habría universo  ni  realidad. Pues  lo que  Dios  dispone  es  íntegro y forma  parte  de  Él  porque  Su  Voluntad es una.  No hay cosa  viviente  que  no forme  parte  de  Él  ni  nada  que  no viva  en  Él. La  santidad  de  tu hermano te  muestra  que  Dios  es  uno con  él  y contigo, y que  lo  que  tu hermano tiene  es  tuyo  porque tú  no estás  separado de  él  ni  de  su Padre.

3. No hay nada  en todo el  universo que  no te  pertenezca.  No hay  nada  que  Dios  haya  creado que  Él no haya  puesto amorosamente  ante  ti  para  que  sea  tuyo para  siempre.  Y  ningún  Pensamiento  que  se encuentre  en Su Mente  puede  estar ausente  de  la  tuya. Su  Voluntad  es  que  compartas  con Él  Su Amor por ti  y que  te  contemples  a  ti  mismo  tan amorosamente  como  Él  te  concibió antes  de  que este  mundo diera  comienzo, y como  todavía  te  conoce. Dios  no cambia  de  parecer  con respecto  a  Su Hijo  por razón de  circunstancias  pasajeras  que  no tienen ningún significado  en la  eternidad  en la que  Él  mora  y en la  que  tú moras  con  Él.  Tu hermano es  exactamente  tal  como  Él  lo creó.  Y  esto es lo  que  te  salva  de  un mundo  que  Él  no creó.

4. No olvides  que  el  único  propósito de  este  mundo es  sanar al  Hijo de  Dios. Ése  es  el  único propósito  que  el  Espíritu Santo  ve  en él,  y, por lo tanto, es  el  único que  tiene.  Hasta  que  no veas  la curación del  Hijo como  lo único  que  deseas  que  tanto este  mundo como  el  tiempo  y todas  las apariencias  lleven a  cabo,  no conocerás  al  Padre, ni  te  conocerás  a  ti  mismo. Pues  usarás  al  mundo para  un propósito distinto del  que  tiene, y no te  podrás  librar  de  sus  leyes  de  violencia  y de  muerte. Sin embargo,  se  te  ha  concedido  estar más  allá  de  sus  leyes  desde  cualquier punto  de  vista,  en todo sentido  y en toda  circunstancia,  en toda  tentación de  percibir  lo que  no está  ahí  y en  toda  creencia  de que el Hijo de Dios puede experimentar dolor por verse a sí mismo como no es.

5. Mira a tu hermano y ve en él lo opuesto a las leyes que parecen regir este mundo. Ve en su libertad la tuya propia, pues así es. No dejes que su deseo de ser especial nuble la verdad que mora en él, pues no te podrás escapar de ninguna ley de muerte a la que lo condenes. Y un solo pecado que veas en él será suficiente para manteneros a ambos en el infierno. Mas su perfecta impecabilidad os liberará a ambos, pues la santidad es totalmente imparcial y sólo emite un juicio con respecto a todo lo que contempla. Y ese juicio no lo emite sola, sino a través de la Voz que habla por Dios en todo aquello que vive y que comparte Su Ser.

6. Su impecabilidad es lo que los ojos que ven pueden contemplar. Su hermosura, lo que ven en todo. Y es a Él a Quien buscan por todas partes, y no hay panorama, tiempo o lugar donde Él no esté. En la santidad de tu hermano -el marco perfecto para tu salvación y para la salvación del mundo- se encuentra el radiante recuerdo de Aquel en Quien tu hermano vive y en Quien tú vives junto con él. No te dejes cegar por el velo del deseo de ser especial que oculta la faz de Cristo de los ojos de tu hermano, así como de los tuyos. No permitas tampoco que el temor a Dios te siga privando de la visión que Dios dispuso que tuvieses. El cuerpo de tu hermano no te muestra a Cristo. A Él sólo se le puede ver dentro del marco de su santidad.

7. Elige, pues, lo que deseas ver: su cuerpo o su santidad; y lo que elijas será lo que contemplarás. Y serán muchas las ocasiones en las que tendrás que elegir, a lo largo de un tiempo que no parece tener fin, hasta que te decidas en favor de la verdad. Pues la eternidad no se puede recuperar negando una vez más al Cristo en tu hermano. ¿Y dónde se encontraría tu salvación si él sólo fuese un cuerpo? ¿Dónde se encuentra tu paz, sino en su santidad? ¿Y dónde está Dios Mismo, sino en aquella parte de Sí que Él ubicó para siempre en la santidad de tu hermano, a fin de que tú pudieras ver la verdad acerca de ti mismo, expuesta por fin en términos que puedes reconocer y comprender?

8. La santidad de tu hermano es sacramento y bendición para ti. Sus errores no pueden privarlo de la bendición de Dios, ni tampoco a ti que lo ves correctamente. Sus errores pueden causar demora, de la cual se te ha encomendado que lo libres para que ambos podáis completar una jornada que jamás comenzó y que no es necesario finalizar. Lo que nunca existió no es parte de ti. No obstante, pensarás que lo es hasta que te des cuenta de que ello no es parte de aquel que está a tu lado. Él es el reflejo de ti mismo, donde ves el juicio que has emitido de los dos. El Cristo en ti contempla su santidad. Tu deseo de ser especial percibe su cuerpo y no lo ve a él.

9. Contémplalo tal como es, a fin de que tu liberación no se demore en llegar. Lo único que te ofrece la otra opción es vagar sin rumbo, sin propósito y sin haber logrado nada en absoluto. Y mientras tu hermano siga dormido y no se haya liberado del pasado, te atormentará una sensación de futilidad por no haber llevado a cabo la función que se te encomendó. Se te ha encomendado salvar de la condenación a aquel que se condenó a sí mismo, y a ti junto con él, para que así tanto tú como él os podáis salvar. Y ambos veréis la gloria de Dios en Su Hijo, a quien tomasteis por carne y a quien sometisteis a leyes que no tienen poder alguno sobre él.

10. ¿No te alegraría descubrir que no estás sujeto a esas leyes? No lo veas a él, entonces, como prisionero de ellas. No es posible que lo que gobierna a una parte de Dios no gobierne al resto. Te sometes a ti mismo a las leyes que consideras que rigen a tu hermano. Piensa, entonces, cuán grande tiene que ser el Amor de Dios por ti, para que Él te haya dado una parte de Sí Mismo a fin de evitarte dolor y brindarte dicha. Y nunca dudes de que tu deseo de ser especial desaparecerá ante la Voluntad de Dios, que ama y cuida cada aspecto de Sí Mismo por igual. El Cristo en ti puede ver a tu hermano correctamente. ¿Te opondrías entonces a la santidad que Él ve?

11. Ser especial es la función que tú te asignaste a ti mismo. Te representa exclusivamente a ti, como un ser que se creó a sí mismo, auto-suficiente, sin necesidad de nada y separado de todo lo que se encuentra más allá de su cuerpo. Ante los ojos del especialismo tú eres un universo separado, capaz de mantenerse completo en sí mismo, con todas las puertas aseguradas contra cualquier intromisión y todas las ventanas cerradas herméticamente para no dejar pasar la luz. Y al estar siempre furioso por el constante ataque al que siempre crees estar sometido y al sentir que tu ira está plenamente justificada, te has empeñado en lograr este objetivo con un ahínco del cual jamás pensaste desistir y con un esfuerzo que nunca pensaste abandonar. Y toda esa feroz determinación fue para esto: querías que ser especial fuese la verdad.

12. Ahora simplemente se te pide que persigas otra meta que requiere mucha menos vigilancia, muy poco esfuerzo y muy poco tiempo, y que está apoyada por el poder de Dios que garantiza tu éxito. Sin embargo, de las dos metas, ésta es la que te resulta más difícil. Entiendes el "sacrificio" de tu ser que la otra supone, aunque no consideras que ello sea un costo excesivo. Pero tener un poco de buena voluntad, darle una señal de asentimiento a Dios, o darle la bienvenida al Cristo en ti, te parece una carga agotadora y tediosa, demasiado pesada para ti. Sin embargo, la dedicación a la verdad tal como Dios la estableció no entraña sacrificios ni conlleva esfuerzo alguno, y todo el poder del Cielo y la fuerza de la verdad misma se te dan a fin de proveerte los medios y garantizar la consecución de la meta.

13. Tú que crees que es más fácil ver el cuerpo de tu hermano que su santidad, asegúrate de que entiendes lo que dio lugar a ese juicio. Ahí es donde se oye claramente la voz del deseo de ser especial juzgando contra Cristo y estableciendo el objetivo que puedes alcanzar y lo que no puedes hacer. No olvides que ese juicio debe aplicarse igualmente a lo que haces con él en cuanto que aliado tuyo. Pero lo que haces a través de Cristo él no lo sabe. Para Cristo dicho juicio no tiene ningún sentido, pues sólo lo que la Voluntad de Su Padre dispone es posible y no hay ninguna otra alternativa que Él pueda ver. Y de Su absoluta falta de conflicto procede tu paz. Y de Su propósito, los medios para lograr fácilmente tu objetivo y hallar descanso.

T24. V. El Cristo en ti


*T24. V. El Cristo en ti*

1. El  Cristo en  ti  está  muy quedo. Contempla  lo que  ama  y lo  reconoce  como Su Propio Ser.  Y  así, se  regocija  con lo que  ve,  pues  sabe  que  ello  es  uno con Él  y con Su Padre. El  especialismo también se  regocija  con lo que  ve,  aunque  lo  que  ve  no es  verdad.  Aun así,  lo que  buscas  es  una  fuente  de gozo  tal  como lo concibes. Lo que  deseas  es  verdad para  ti. Pues  es  imposible  desear  algo y no tener fe  de  que  ello  es  real.  Desear  otorga  realidad  tan irremediablemente  como ejercer  la  voluntad crea. El  poder de  un deseo  apoya  a  las  ilusiones  tan  fuertemente  como el  amor  se  extiende  a  sí  mismo. Excepto que  uno de  ellos  engaña  y el  otro sana.

2. No hay ningún  sueño de  querer ser especial  que  no suponga  tu propia  condenación,  por muy oculta  o disfrazada  que  se  encuentre  la  forma  en que  éste  se  manifiesta,  por muy hermoso que  pueda parecer o por muy  delicadamente  que  ofrezca  la  esperanza  de  paz  y la  escapatoria  del  dolor. En  los sueños, causa  y efecto se  intercambian,  pues  en ellos  el  hacedor  del  sueño cree  que  lo  que  hizo le está  sucediendo  a  él. No se  da  cuenta  de  que  tomó una  hebra  de  aquí, un retazo de  allá  y tejió  un cuadro  de  la  nada. Mas  las  partes  no casan,  y el  todo  no les  aporta  nada  que  haga  que  tengan sentido.

3. ¿De  dónde  podría  proceder tu paz  sino del  perdón?  El  Cristo en ti  contempla  solamente  la  verdad y no ve  ninguna  condenación que  pudiese  necesitar  perdón. Él  está  en paz  porque  no ve  pecado alguno.  Identifícate  con Él, ¿y qué  puede  tener  Él  que  tú no tengas?  Cristo es  tus  ojos, tus  oídos, tus manos,  tus  pies. ¡Qué  afables  son los  panoramas  que  contempla,  los  sonidos  que  oye! ¡Qué  hermosa la  mano de  Cristo, que  sostiene  a  la  de  Su hermano! ¡Y  con cuánto  amor camina  junto a  él, mostrándole  lo  que  se  puede  ver  y oír, e  indicándole  también  donde  no podrá  ver nada  y donde  no hay  ningún sonido que  se  pueda  oír!

4. Mas  deja  que  tu deseo de  ser especial  dirija  su camino, y tú lo  recorrerás  con  él.  Y  ambos caminaréis  en peligro, intentando  conducir al  otro a  un precipicio execrable  y arrojarlo por él, mientras  os  movéis  por el  sombrío  bosque  de  los  invidentes, sin otra  luz  que  la  de  los  breves  y oscilantes  destellos  de  las  luciérnagas  del  pecado, que  titilan  por un momento  para  luego  apagarse. Pues, ¿en qué  puede  deleitarse  el  deseo  de  ser especial, sino en matar?  ¿Qué  busca  sino ver la muerte?  ¿Adónde  conduce,  sino a  la  destrucción?  Mas  no creas  que  fue  a  tu hermano  a  quien contempló  primero,  ni  al  que  aborreció  antes  de  aborrecerte  a  ti. El  pecado  que  sus  ojos  ven en  él  y en  lo que  se  deleitan,  lo vio en  ti  y todavía  lo sigue  contemplando  con deleite.  Sin embargo,  ¿qué deleite  te  puede  dar contemplar la  putrefacción y la  demencia,  y creer que  esa  cosa  que  está  a  punto de  desintegrarse,  con la  carne  desprendiéndose  ya  de  los  huesos  y con cuencas  vacías  por ojos  es como  tú?

5. Regocíjate  de  no tener ojos  con  los  que  ver, ni  oídos  con los  que  oír,  ni  manos  con las  que  sujetar nada,  ni  pies  a  los  que  guiar.  Alégrate  de  que  el  único  que  pueda  prestarte  los  Suyos  sea  Cristo, mientras  tengas  necesidad  de  ellos. Los  Suyos  son ilusiones  también,  lo mismo  que  los  tuyos. Sin embargo,  debido a  que  sirven a  un propósito  diferente, disponen de  la  fuerza  de  éste.  Y  derraman luz  sobre  todo lo que  ven, oyen, sujetan o guían,  a  fin de  que  tú puedas  guiar  tal  como fuiste  guiado.

6. El  Cristo en  ti  está  muy quedo. Él  sabe  adónde  te  diriges  y te  conduce  allí  dulcemente, bendiciéndote  a  lo largo de  todo  el  trayecto.  Su  Amor por Dios  reemplaza  todo  el  miedo que  creíste ver  dentro de  ti. Su santidad  hace  que  Él  se  vea  a  Sí  Mismo en aquel  cuya  mano tú  sujetas, y a  quien conduces  hasta  Él.  Y  lo que  ves  es  igual  a  ti.  Pues, ¿a  quién  sino a  Cristo se  puede  ver, oír, amar y seguir  a  casa?  Él  te  contempló primero, pero reconoció que  no estabas  completo.  De  modo que buscó lo  que  te  completa  en cada  cosa  viviente  que  Él  contempla  y ama.  Y  aún lo  sigue  buscando, para  que  cada  una  pueda  ofrecerte  el  Amor de  Dios.

7.  Aun así,  Él  permanece  muy quedo, pues  sabe  que  el  amor  está  en  ti  ahora,  asido con firmeza  por la  misma  mano que  sujeta  a  la  de  tu hermano.  La  mano  de  Cristo sujeta  a  todos  sus  hermanos  en  Sí Mismo. Él  les  concede  visión  a  sus  ojos  invidentes  y les  canta  himnos  celestiales  para  que  sus  oídos dejen de  oír  el  estruendo  de  las  batallas  y de  la  muerte.  Él  se  extiende  hasta  otros  a  través  de  ellos, y les ofrece Su mano para que puedan bendecir toda cosa viviente y ver su santidad. Él se regocija de que éstos sean los panoramas que ves, y de que los contemples con Él y compartas Su dicha. Él está libre de todo deseo de ser especial y eso es lo que te ofrece, a fin de que puedas salvar de la muerte a toda cosa viviente y recibir de cada una el don de vida que tu perdón le ofrece a tu Ser. La visión de Cristo es lo único que se puede ver. El canto de Cristo es lo único que se puede oír. La mano de Cristo es lo único que se puede asir. No hay otra jornada, salvo caminar con Él.

8. Tú que te contentarías con ser especial y que buscarías la salvación luchando contra el amor, considera esto: el santo Señor del Cielo ha descendido hasta ti para ofrecerte tu compleción. Lo que es de Él es tuyo porque en tu compleción reside la Suya. Él, que no dispuso estar sin Su Hijo, jamás habría podido disponer que tú estuvieses sin tus hermanos. ¿Y te habría dado Él un hermano que no fuese tan perfecto como tú y tan semejante a Él en santidad como tú no puedes sino serlo también?

9. Antes de que pueda haber conflicto tiene que haber duda. Y toda duda tiene que ser acerca de ti mismo. Cristo no tiene ninguna duda y Su serenidad procede de Su certeza. Él intercambiará todas tus dudas por Su certeza, si aceptas que Él es uno contigo y que esa unidad es interminable, intemporal y que está a tu alcance porque tus manos son las Suyas. Él está en ti, sin embargo, camina a tu lado y delante de ti, mostrándote el camino que Él debe seguir para encontrar Su Propia compleción. Su quietud se convierte en tu certeza. ¿Y dónde está la duda una vez que la certeza ha llegado?

T24. IV. Ser especial en contraposición a ser impecable


*T24. IV. Ser especial en contraposición a ser impecable*

1. Ser especial  implica  una  falta  de  confianza  en  todo el  mundo excepto en ti  mismo.  Depositas  tu fe exclusivamente  en ti.  Todo lo demás  se  convierte  en  tu enemigo:  temido  y atacado,  mortal  y peligroso, detestable  y merecedor  únicamente  de  ser destruido.  Cualquier  gentileza  que  este enemigo te  ofrezca  no es  más  que  un engaño,  pero su odio es  real.  Al  estar  en peligro  de  destrucción tiene  que  matar, y tú te  sientes  atraído  hacia  él  para  matarlo primero.  Tal  es  la  atracción  de  la culpabilidad.  Ahí  se  entrona  a  la  muerte  como el  salvador;  la  crucifixión  se  convierte  ahora  en  la redención, y la  salvación no puede  significar  otra  cosa  que  la  destrucción del  mundo con  excepción de  ti  mismo.

2. ¿Qué  otro  propósito podría  tener  el  cuerpo  sino ser especial?  Esto es  lo  que  hace  que  sea  frágil  e incapaz  de  defenderse  a  sí  mismo. Fue  concebido  para  hacer  que  tú fueses  frágil  e  impotente. La meta  de  la  separación es  su maldición.  Los  cuerpos, no obstante,  no tienen  metas.  Tener  propósitos es  algo  que  es  sólo propio de  la  mente.  Y  las  mentes  pueden  cambiar  si  así  lo  desean.  No pueden cambiar  sus  cualidades  inherentes  ni  sus  atributos, pero sí  pueden  cambiar el  propósito que persiguen,  y al  hacer eso, los  estados  corporales  no pueden sino cambiar  también. El  cuerpo  no puede  hacer  nada  por su cuenta.  Considéralo  un medio  de  herir,  y será  herido. Considéralo un medio para  sanar y sanará.

3. Sólo puedes  hacerte  daño a  ti  mismo.  Hemos  repetido  esto con frecuencia,  pero todavía  resulta difícil  de  entender.  A  las  mentes  empeñadas  en ser especiales  les  resulta  imposible  entenderlo. Pero a  las  que  desean curar  y no atacar les  resulta  muy  obvio. El  propósito del  ataque  se  halla  en la mente, y sus  efectos  sólo  se  pueden  sentir  allí  donde  se  encuentra  dicho  propósito. La  mente  no es algo  limitado,  y a  eso se  debe  que  cualquier propósito perjudicial  le  haga  daño a  toda  ella  cual  una sola.  Nada  podría  tener menos  sentido  para  los  que  se  creen especiales.  Nada  podría  tener mayor sentido  para  los  milagros. Pues  los  milagros  no son sino el  resultado  de  cambiar  del  propósito  de herir  al  de  sanar. Este  cambio  de  propósito  pone  "en peligro"  el  especialismo, pero sólo en  el sentido  de  que  la  verdad supone  una  "amenaza" para  todas  las  ilusiones.  Ante  ella  no pueden quedar en  pie. No obstante,  ¿qué  consuelo  encontraste  jamás  en ellas  para  que  le  niegues  a  tu Padre  el regalo que  te  pide  y para  que  en  lugar de  dárselo  a  Él  se  lo des  a  ellas?  Si  se  lo  das  a  Él, el  universo es  tuyo.  Si  se  lo das  a  las  ilusiones, no recibes  ningún regalo  a  cambio. Lo  que  le  has  dado  a  tu especialismo  te  ha  llevado  a  la  bancarrota, dejando  tus  arcas  yermas  y vacías,  con la  tapa  abierta invitando  a  todo lo que  quiera  perturbar tu  paz  a  que  entre  y destruya.

4.  Te  dije  anteriormente  que  no te  detuvieses  a  examinar  los  medios  con  los  que  se  logra  la salvación, ni  cómo se  alcanza  ésta. Pero examina  detenidamente  si  es  tu  deseo  ver a  tu  hermano libre  de  pecado. Para  todo  aquel  que  se  cree  especial  la  respuesta  tiene  que  ser "no". Un hermano libre  de  pecado es  enemigo de  su especialismo,  mientras  que  el  pecado,  de  ser posible, sería  su amigo. Los  pecados  de  tu hermano justificarían tu especialismo y le  darían  el  significado que  la verdad  le  niega.  Todo  lo que  es  real  proclama  que  él  es  incapaz  de  pecar.  Todo  lo que  es  falso proclama  que  sus  pecados  son reales. Si  es  un pecador, tu realidad  entonces  no es  real, sino únicamente  un sueño de  que  eres  especial  que  dura  sólo  un instante,  antes  de  desmoronarse  y convertirse  en  polvo.

5. No defiendas  este  sueño insensato,  en el  que  Dios  se  halla  privado de  lo  que  ama  y tú te encuentras  más  allá  de  la  posibilidad  de  salvarte. Lo único que  es  seguro en este  mundo cambiante que  no tiene  sentido en  la  realidad  es  esto:  cuando  no estás  completamente  en paz, o cuando experimentas  cualquier clase  de  dolor,  es  que  has  percibido un pecado  en tu hermano y te  has regocijado  por lo que  creíste  ver  en él.  Tu sensación  de  ser especial  pareció estar  a  salvo a  causa  de ello.  Y  así, salvaste  a  lo que  habías  designado  como tu  salvador y crucificaste  al  que  Dios  te  dio en su lugar.  Y  de  este  modo,  estás  en la  misma  encrucijada  que  él, pues  sois  un solo ser. Por lo tanto, el especialismo  es  su "enemigo"  así  como  el  tuyo.

T24. III. Cómo perdonar el deseo de ser especial


*T24. III. Cómo perdonar el deseo de ser especial*

1. El  perdón pone  fin  al  deseo  de  ser especial. Lo único  que  se  puede  perdonar son las  ilusiones,  que entonces  desaparecen. El  perdón es  lo que  te  libera  de  todas  las  ilusiones, y por eso es  por lo que  es imposible  perdonar sólo parcialmente.  Nadie  que  se  aferra  a  una  sola  ilusión puede  considerarse  a  sí mismo  libre  de  pecado,  pues  en tal  caso aún está  afirmando que  un error  acerca  de  sí  mismo  es hermoso.  Y  de  este  modo, lo  califica  de  "imperdonable"  y lo convierte  en  un pecado. ¿Cómo  iba  a poder  entonces  conceder perdón  de  manera  total  cuando  aún no lo quiere  aceptar para  Sí  mismo? Pues  es  seguro que  lo recibiría  completamente  en el  instante  en que  así  lo concediese.  Y  de  esta manera, la  culpabilidad que  mantiene  oculta  desaparecería,  al  él  mismo  haberla  perdonado.

2. Cualquier forma  de  especialismo  que  aún valores, la  has  convertido  en un pecado.  Se  alza inviolable, y la  defiendes  acérrimamente  con  toda  tu endeble  fuerza  contra  la  Voluntad  de  Dios.  Y así,  se  alza  contra  ti, como  enemiga  tuya,  no de  Dios. De  este  modo, parece  escindirte  de  Dios  y hacer que  estés  separado  de  Él  en cuanto  que  defensor de  ella.  Prefieres  proteger lo que  Dios  no creó.  Sin embargo, este  ídolo  que  parece  conferirte  poder,  en realidad te  lo ha  arrebatado.  Pues  le has  dado el  patrimonio  de  tu hermano, dejando  a  éste  solo  y condenado, y quedando  tú hundido  en el pecado y en el sufrimiento junto con él ante el ídolo que no puede salvaros.

3. No eres tú el que es tan vulnerable y susceptible de ser atacado que basta una palabra, un leve susurro que no te plazca, una circunstancia adversa o un evento que no hayas previsto para trastornar todo tu mundo y precipitarlo al caos. La verdad no es algo frágil, y las ilusiones no pueden afectarla ni cambiarla en absoluto. Pero ser especial no es lo que es verdad acerca de ti. Pues cualquier cosa puede hacerle perder el equilibrio. Lo que descansa sobre lo que no es nada jamás podrá ser estable. Por muy grande y desmesurado que parezca, se tambaleará, dará vueltas y revoloteará con la más tenue brisa.

4. Sin cimientos nada es seguro. ¿Habría dejado Dios a Su Hijo en un estado en el que la seguridad no significase nada? ¡De ninguna manera! Su Hijo permanece a salvo, descansando en Él. Tu deseo de ser especial es lo que se ve atacado por todo lo que camina o respira, se arrastra o se desliza, o simplemente vive. Nada está a salvo de su ataque, y ello no está a salvo de nada. Jamás habrá de perdonar, pues esto es lo que es: un voto secreto de que lo que Dios quiere para ti nunca se dé y de que te opondrás a Su Voluntad para siempre. No es posible tampoco que ambas voluntades puedan jamás ser la misma, mientras tu deseo de ser especial se alce como una llameante espada de muerte entre ellas, haciendo que sean enemigas.

5. Dios te pide que perdones. Él no quiere que la separación se interponga, como si de una voluntad ajena se tratase, entre lo que tanto Su Voluntad como la tuya disponen para ti. Ambas son la misma voluntad, pues ninguna de ellas dispone ser especial. ¿Cómo iban a poder disponer la muerte del amor mismo? Con todo, no pueden atacar a las ilusiones. No son cuerpos, y esperan como una sola Mente a que todas las ilusiones se traigan ante ellas y se dejen ahí. La salvación no desafía ni siquiera a la muerte. Y a Dios Mismo, que sabe que la muerte no es tu voluntad, no le queda otro remedio que decir: "Hágase tu voluntad" porque tú crees que lo es.

6. Perdona al gran Creador del universo -la Fuente de la vida, del amor y de la santidad, el Padre perfecto de un Hijo perfecto- por tus ilusiones de ser especial. He aquí el infierno que elegiste como tu hogar. Él no eligió eso para ti. No le pidas que entre ahí. El camino está cerrado al amor y a la salvación. Pero si liberas a tu hermano de las profundidades del infierno, habrás perdonado a Aquel Cuya Voluntad es que descanses para siempre en los brazos de la paz, perfectamente a salvo y sin que la animosidad ni malicia de ningún pensamiento de ser especial perturbe tu descanso. Perdona al Santísimo por no haber podido concederte el especialismo, que tú entonces inventaste.

7. Todos los que se consideran especiales están dormidos, rodeados por un mundo de belleza que no ven. La libertad, la paz y la dicha se encuentran ahí, al lado del ataúd en el que duermen, llamándolos para que vuelvan en sí y despierten de su sueño de muerte. Mas ellos no oyen nada. Están perdidos en sueños de que son especiales. Odian la llamada que los puede despertar y maldicen a Dios porque no convirtió su sueño en realidad. Maldice a Dios y muere, pero no por mandato de Aquel que no creó la muerte, sino sólo en el sueño. Mas abre los ojos ligeramente y verás al salvador que Dios te dio a fin de que pudieses contemplarlo y devolverle su patrimonio. Dicho patrimonio es también el tuyo.

8. Los esclavos del deseo de ser especial se liberarán. Tal es la Voluntad de Dios y la de Su Hijo. ¿Se condenaría Dios a Sí Mismo al infierno y a la perdición? ¿Y es eso acaso lo que dispones para tu salvador? Dios te llama a través de él a unirte a Su Voluntad para que ambos os salvéis del infierno. Observa las marcas de los clavos en las manos que te extiende pidiendo que le concedas tu perdón. Dios te pide que tengas misericordia con Su Hijo y con Él. No se la niegues a ninguno de los dos. Lo único que te piden es que se haga tu voluntad. Buscan tu amor a fin de que tú te puedas amar a ti mismo. No ames tu deseo de ser especial en vez de amarles a Ellos. La marca de los clavos está también en tus manos. Perdona a tu Padre el que no fuese Su Voluntad que tú fueses crucificado.

T24. II. La perfidia de creerse especial


*T24. II. La perfidia de creerse especial*

1. Hacer  comparaciones  es  necesariamente  un mecanismo del  ego, pues  el  amor  nunca  las  hace. Creerse  especial  siempre  conlleva  hacer comparaciones.  Pues  se  establece  al  ver  una  falta  en otro,  y se  perpetúa  al  buscar y mantener claramente  a  la  vista  cuanta  falta  se  pueda  encontrar. Esto  es  lo que  persigue  el  especialismo, y esto  es  lo  que  contempla.  Y  aquel  a  quien tu deseo  de  ser especial así  rebaja,  habría  sido tu  salvador si  tú  no hubieses  elegido  usarlo como  un triste  ejemplo de  cuán especial  eres  tú. Frente  a  la  pequeñez  que  ves  en él,  tú te  yergues  alto y señero, irreprochable  y honesto,  puro e  inmaculado.  No entiendes  que  al  hacer  eso es  a  ti  mismo a  quien rebajas.

2.  Tratar  de  ser especial  es  siempre  a  costa  de  la  paz. ¿Quién  podría  atacar  y menospreciar a  su salvador  y al  mismo tiempo reconocer su fuerte  apoyo?  ¿Quién  podría  menoscabar su omnipotencia y al  mismo  tiempo  compartir su poder?  ¿Y  quién podría  usarlo como  medida  de  la  pequeñez  y al mismo  tiempo liberarse  de  toda  limitación?  Tú tienes  una  función  que  desempeñar  en la  salvación. Realizarla  te  brindará  felicidad.  Pero tratar  de  ser especial  siempre  te  ocasionará  dolor. Pues  es  una meta  que  se  opone  a  la  salvación,  y, por lo tanto, va  en  contra  de  la  Voluntad de  Dios.  Atribuir valor a  ser especial  es  apreciar una  voluntad ajena, para  la  cual  las  ilusiones  acerca  de  ti  son más importantes  que  la  verdad.

3. Ser especial  es  la  idea  del  pecado hecha  realidad. Sin  esa  base  no es  posible  ni  siquiera imaginarse  el  pecado. Pues  el  pecado surgió  de  ella, de  lo  que  no es  nada, y no es  más  que  una  flor maléfica  desprovista  de  raíces. He  aquí  al  que  se  ha  erigido a  sí  mismo en "salvador",  el  "creador" que  crea  de  forma  diferente  a  como crea  el  Padre  e  hizo  que  Su Hijo fuese  como  él  y no como el Padre.  Sus  hijos  "especiales"  son muchos, nunca  uno solo, y cada  uno de  ellos  se  encuentra  exiliado de  sí  mismo y de  Aquel  de  Quien  forma  parte.  Y  ninguno de  ellos  ama  la  Unicidad que  los  creó como  uno solo con Él.  Ellos  eligieron  el  especialismo en lugar del  Cielo  y de  la  paz,  y lo envolvieron cuidadosamente  en  el  pecado  para  mantenerlo "a  salvo"  de  la  verdad.

4.  Tú no eres  especial.  Si  crees  que  lo eres  y quieres  defender tu  especialismo en  contra  de  la  verdad de  lo que  realmente  eres, ¿cómo vas  a  poder  conocer la  verdad?  ¿Qué  respuesta  del  Espíritu  Santo podría  llegar hasta  ti, cuando  a  lo que  escuchas  es  a  tu deseo  de  ser especial, que  es  lo  que  pregunta y lo  que  responde?  Tan sólo prestas  oídos  a  su mezquina  respuesta, la  cual,  ni  siquiera  se  oye  en la melodía que en amorosa alabanza de lo que eres fluye eternamente desde Dios a ti. Y este colosal himno de honor que amorosamente se te ofrece por razón de lo que eres parece silencioso e inaudible ante el "poderío" de tu especialismo. Te esfuerzas por escuchar una voz que no tiene sonido, y, sin embargo, la Llamada de Dios Mismo te parece insonora.

5. Puedes defender tu especialismo, pero nunca oirás la Voz que habla en favor de Dios a su lado, pues hablan diferentes idiomas y llegan a oídos diferentes. Para todo aquel que se cree especial la verdad tiene un mensaje diferente, y un significado distinto. Sin embargo, ¿cómo podría ser que la verdad fuese diferente para cada persona? Los mensajes especiales que oyen los que se creen especiales les convencen de que ellos son diferentes y de que son algo aparte, cada uno con sus pecados especiales y "a salvo" del amor, el cual no ve su especialismo en absoluto. La visión de Cristo es su "enemigo", pues no ve aquello que ellos quieren ver y les mostraría que el especialismo que ellos creen ver es una ilusión.

6. ¿Qué podrían ver en su lugar? Podrían ver el brillante fulgor del Hijo de Dios, tan semejante al de su Padre que el recuerdo de Éste alborearía de inmediato en sus mentes. Y con ese recuerdo el Hijo recordaría sus propias creaciones, que son tan semejantes a él como él es semejante a su Padre. Y el mundo que él construyó, así como su deseo de ser especial junto con todos los pecados que en defensa de ese deseo albergó contra sí mismo, se desvanecerían a medida que su mente aceptase la verdad acerca de lo que él es y retornase para ocupar el lugar que aquellos ocupaban. Éste es el único "costo" de la verdad: jamás volverás a ver lo que nunca tuvo lugar ni a oír lo que no tiene sonido. ¿Es acaso un sacrificio renunciar a lo que no es nada y recibir a cambio el Amor de Dios para siempre?

7. Tú que has encadenado a tu salvador a tu deseo de ser especial y has otorgado a dicho deseo el lugar de aquel, recuerda esto: tu salvador no ha perdido la capacidad de perdonarte todos los pecados que tú crees haber interpuesto entre él y la función de salvarte que Dios le encomendó. Y tú no puedes cambiar su función, ni tampoco la verdad que mora en él y en ti. Pero ten por seguro que esta verdad es exactamente la misma en cada uno de vosotros. La verdad no transmite mensajes diferentes y sólo tiene un significado. Y es un significado que tú y tu hermano podéis entender y que os brinda liberación a ambos. He aquí a tu hermano ofreciéndote la llave del Cielo que tiene en su mano. No permitas que el sueño de ser especial continúe interponiéndose entre vosotros. Lo que es uno está unido en la verdad.

8. Piensa en la hermosura que verás dentro de ti cuando lo consideres tu amigo. Él es enemigo de tu deseo de ser especial, pero amigo de lo que es real en ti. Ni uno solo de los ataques que pensaste haber lanzado contra él lo ha despojado del regalo que Dios quiere que él te dé. Su necesidad de dártelo es tan imperiosa como la tuya de recibirlo. Permítele que te perdone tu deseo de ser especial, y que restaure la plenitud de tu mente y te haga uno con él. Él está en espera de tu perdón, pero únicamente para poder devolvértelo a ti. No fue Dios Quien condenó a Su Hijo, sino tú, para salvar su especialismo y matar a su Ser.

9. Has llegado muy lejos por el camino de la verdad, demasiado lejos como para titubear ahora. Un paso más, y todo vestigio del temor a Dios quedará disuelto en el amor. El deseo de ser especial de tu hermano y el tuyo son enemigos, y en su mutuo odio están comprometidos a matarse el uno al otro y a negar que son lo mismo. Mas no han sido ilusiones las que han llegado hasta este último obstáculo, el cual parece hacer que Dios y Su Cielo estén tan lejos que no se pueden alcanzar. Aquí en este santo lugar se alza la verdad esperando para recibirte a ti y a tu hermano en silenciosa bendición y en una paz tan real y abarcadora que nada queda excluido. No traigas ninguna de las ilusiones que abrigas acerca de ti mismo a este lugar, al que vienes lleno de esperanza y honestidad.

10. He aquí el que te puede salvar de tu deseo de ser especial. Él tiene tanta necesidad de que lo aceptes como parte de ti, como tú de que él te acepte a ti. Eres tan semejante a Dios como Dios lo es a Sí Mismo. Dios no es especial, pues Él no se quedaría con ninguna parte de lo que Él es sólo para Sí, negándosela a Su Hijo y reservándola sólo para Sí Mismo. Y esto es lo que tú temes, pues si Él no es especial, entonces Su Voluntad dispuso que Su Hijo fuese como Él, y, por lo tanto, tu hermano no puede sino ser como tú. Él no es especial, pero lo tiene todo, incluyéndote a ti. Dale sólo lo que ya es suyo, y recuerda que Dios Se dio a Sí Mismo a ambos con el mismo amor, para que ambos pudierais compartir el universo con Él, Quien dispuso que el amor jamás pudiese ser dividido ni mantenerse separado de lo que es y ha de ser para siempre.

11. Tú le perteneces a tu hermano, pues a él no se le negó ninguna parte del amor. ¿Cómo iba a ser que tú perdieses por ser él íntegro? Lo que se le ha dado a él es lo que hace que tú seas íntegro, y lo que hace que él sea íntegro también. El Amor de Dios te dio a ti tu hermano, y a ti a él porque el Padre se dio a Sí Mismo. Lo que es igual a Dios es uno con Él. Y ahora que finalmente tienes la esperanza de paz a la vista, sólo el deseo de ser especial podría hacer que el hecho innegable de que tú y tu Padre sois uno pareciese ser todo menos el Cielo.

12. El deseo de ser especial es el sello de la traición impreso sobre el regalo del amor. Todo lo que apoya sus propósitos no tiene otro objetivo que el de matar. Todo regalo que lleve impreso su sello no ofrece otra cosa que traición al que lo da y al que lo recibe. Ni una sola mirada de los ojos que él ciega deja de contemplar escenas de muerte. Todo aquel que cree en su poder no hace sino transigir y hacer concesiones para establecer al pecado como substituto del amor y servirle con gran lealtad. Y toda relación que tenga el propósito del pecado en gran estima no hace sino aferrarse al asesinato como arma de seguridad y como el protector supremo de todas las ilusiones contra la "amenaza" del amor.

13. La esperanza de ser especial hace que parezca posible que Dios hizo al cuerpo para que fuese la prisión que mantiene a Su Hijo separado de Él. Pues el especialismo requiere un lugar especial donde Dios no pueda entrar y un escondite donde a lo único que se le da la bienvenida es a tu insignificante yo. Nada es sagrado aquí, excepto tú y sólo tú, un ente aparte y separado de todos tus hermanos; a salvo de cualquier intrusión de la cordura en las ilusiones; a salvo de Dios, pero destinado al conflicto eterno. He aquí las puertas del infierno tras las cuales tú mismo te encerraste, para gobernar en la demencia y en la soledad tu reino especial, separado de Dios y alejado de la verdad y de la salvación.

14. La llave que tú tiraste Dios se la dio a tu hermano, cuyas santas manos quieren ofrecértela cuando estés listo para aceptar el plan de Dios para tu salvación en vez del tuyo. ¿Cómo puedes llegar a estar listo, salvo reconociendo toda tu abyecta desdicha y dándote cuenta de que tu plan ha fracasado y de que jamás te aportará ninguna clase de paz o felicidad? Esta es la desesperación por la que ahora estás pasando, pero no es más que una ilusión de desesperación. La muerte de tu especialismo no es tu muerte, sino tu despertar a la vida eterna. No haces sino emerger de una ilusión de lo que eres a la aceptación de ti mismo tal como Dios te creó.

T24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor


*T24. I. El deseo de ser especial: el sustituto del amor*

1. El  amor  es  extensión. Negarte  a  dar  un regalo -por insignificante  que  sea- es  no conocer  el propósito  del  amor. El  amor lo  da  todo eternamente.  Si  retienes  una  sola  creencia,  una  sola  ofrenda, el  amor desaparece,  pues  has  pedido que  un substituto  ocupe  su lugar.  Y  ahora  la  pugna  -el substituto de la paz- no puede sino acompañar a la única alternativa que puedes elegir en lugar del amor. El que la hayas elegido es lo que le confiere toda la realidad que parece tener.

2. Las creencias nunca se atacarán unas a otras abiertamente, ya que es imposible que se puedan producir desenlaces conflictivos. Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantienen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensatos o no. Y son muchos los resultados insensatos que se han obtenido y muchas las decisiones absurdas que se han tomado que ahora se han convertido en creencias a las que se les ha otorgado el poder de determinar las decisiones subsiguientes. No subestimes el poder que tienen estos guerreros ocultos para destruir tu paz. Pues ésta se encuentra a su merced mientras tu decisión de dejarla en sus manos siga en pie. Los enemigos secretos de la paz -tu más mínima decisión de elegir el ataque en vez del amor- se encuentran ahí por tu propia elección, sin ser reconocidos y prestos a desafiarte a combatir y a llevarte a una violencia mucho más grande de lo que te imaginas. No niegues su presencia ni sus terribles resultados. Lo único que se puede negar es su realidad, no sus consecuencias.

3. La única creencia que se mantiene celosamente oculta y que se defiende aunque no se reconoce, es la fe en ser especial. Ésto se manifiesta de muchas formas, pero siempre choca con la realidad de la creación de Dios y con la grandeza con la que Él dotó a Su Hijo. ¿Qué otra cosa podría justificar el ataque? ¿Quién podría odiar a alguien cuyo Ser es el suyo propio y a Quien conoce? Sólo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesidad de juzgar.

4. Lo que Dios creó no puede ser atacado, pues no hay nada en el universo que sea diferente de ello. Lo que es diferente, sin embargo, exige juicios, y éstos tienen que proceder de alguien que es "mejor", alguien incapaz de ser como aquel a quien condena, alguien "superior" a él, y en comparación, inocente. Y así, el deseo de ser especial se convierte simultáneamente en un medio y en un fin. Pues ser especial no sólo separa, sino que también sirve como base desde la que el ataque contra los que parecen ser "inferiores", es "natural" y "justo". Los que se creen especiales se sienten débiles y frágiles debido a las diferencias, pues lo que los hace especiales es su enemigo. Sin embargo, ellos lo protegen y lo llaman "amigo". Luchan por él contra todo el universo, pues no hay nada en el mundo que sea más valioso para ellos.

5. El deseo de ser especial es el gran dictador de las decisiones erróneas. He aquí la gran ilusión de lo que tú eres y de lo que tu hermano es. Y he aquí también lo que hace que se ame al cuerpo y se le considere algo que vale la pena conservar. Ser especial es una postura que requiere defensa. Las ilusiones la pueden atacar y es indudable que lo hacen. Pues aquello en lo que tu hermano se tiene que convertir para que tú puedas seguir siendo especial es una ilusión. Hay que atacar a aquel que es "peor" que tú, de forma que tu especialismo pueda perpetuarse a costa de su derrota. Pues ser especial supone un triunfo, y esa victoria constituye la derrota y humillación de tu hermano. ¿Cómo puede vivir tu hermano con el fardo de todos tus pecados sobre él? ¿Y quién, sino tú, es su conquistador?

6. ¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? ¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? ¿No harías todo lo posible por ayudarlo a alcanzarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido, eres su amigo. Ser especial jamás se puede compartir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. Y él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro. ¿Qué significado puede tener el amor allí donde el objetivo es triunfar? ¿Y qué decisión puede tomarse en favor de ese objetivo que no acabe perjudicándote?

7. Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. No hay diferencia alguna entre vosotros. Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. Lo que no das, lo pierdes. Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. Por lo tanto, es el único propósito que tenéis. ¿Podríais atacaros el uno al otro si decidieseis no permitir que el deseo de ser especial se interpusiese entre vosotros? Observa imparcialmente qué es lo que hace que no aceptes a tu hermano del todo, o qué es lo que te lleva a pensar que quizá os convendría más estar separados. ¿No es siempre acaso tu creencia de que tu sensación de ser especial se ve menoscabada por vuestra relación? ¿Y no es éste el "enemigo" que hace que cada uno de vosotros sea una ilusión para el otro?

8. Tu temor a Dios y a tu hermano procede de cada creencia de ser especial que aún no has reconocido. Pues exiges que tu hermano se postre ante ella en contra de su voluntad. Y Dios Mismo tiene que honrarla o pagar las consecuencias. Todo vestigio de malicia, toda punzada de odio y todo deseo de perpetuar la separación nace ahí. Pues en este punto el propósito que compartes con tu hermano queda velado de vuestras conciencias. Te resistes a aceptar este curso porque te enseña que tú y tu hermano sois iguales. No tenéis ningún propósito que no sea el mismo, ni ninguno que vuestro Padre no comparta con vosotros. Pues se ha eliminado de vuestra relación todo objetivo de ser especial. ¿Destruirías ahora el objetivo de santidad que el Cielo le confirió a esta relación? ¿Qué perspectiva puede tener el que se cree especial que no cambie con cada aparente golpe, con cada afrenta, o con cada juicio que se imagina ha sido emitido contra él?

9. Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. Aquí él no puede sino ser tu enemigo, no tu amigo. Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo.

24. EL DESEO DE SER ESPECIAL: Introducción


*24. EL DESEO DE SER ESPECIAL*


*Introducción*


1. No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y conservar el estado de paz. En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios. No es necesario que le digas lo que Él debe hacer. Él no fallará. Allí donde puede entrar, Él ya ha entrado. ¿Cómo no iba a poder entrar allí donde es Su Voluntad estar? Alcanzarás la paz porque ésa es Su Voluntad. ¿Crees que una sombra puede frenar la Voluntad que mantiene al universo a salvo? Dios no tiene que contemporizar con las ilusiones para ser lo que es. Ni Su Hijo tampoco. Ellos simplemente son. ¿Y qué ilusión que en su vagar parezca flotar e interponerse entre Ellos tiene el poder de invalidar los designios de Su Voluntad conjunta?

2. Aprender este curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. Ninguna creencia es neutra. Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas. Pues una decisión es una conclusión basada en todo lo que crees. Es el resultado de lo que se cree y emana de ello tal como el sufrimiento es la consecuencia inevitable de la culpabilidad, y la libertad, de la falta de pecado. La paz no tiene substitutos. No hay alternativa para lo que Dios crea. La verdad surge de lo que Él sabe. Y así como toda la creación surgió en Su Mente por razón de lo que Él sabe, del mismo modo tus decisiones proceden de tus creencias.