viernes, 16 de agosto de 2019

Lección 235. Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve


*Lección 235. Dios, en Su misericordia, dispone que yo me salve*

1. Tan sólo necesito contemplar todo aquello que parece herirme, y con absoluta certeza decirme a mí mismo: "La Voluntad de Dios es que yo me salve de esto", para que de inmediato lo vea desaparecer. Tan sólo necesito tener presente que la Voluntad de mi Padre para mí es felicidad, para darme cuenta de que lo único que se me ha dado es felicidad. Tan sólo necesito recordar que el Amor de Dios rodea a Su Hijo y mantiene su inocencia eternamente perfecta, para estar seguro de que me he salvado y de que me encuentro para siempre a salvo en Sus Brazos. Yo soy el Hijo que Él ama. Y me he salvado porque Dios en Su misericordia así lo dispuso. 

2. Padre, Tu Santidad es la mía. Tu Amor me creó e hizo que mi inocencia fuese parte de Ti para siempre. No hay culpabilidad o pecado en mí, puesto que no los hay en Ti.




Lección 234. Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo


*Lección 234. Padre, hoy vuelvo a ser Tu Hijo*

1. Hoy vislumbraremos el momento en que los sueños de pecado y de culpa hayan desaparecido y hayamos alcanzado la santa paz de la que nunca nos habíamos apartado. Sólo un instante ha transcurrido entre la eternidad y lo intemporal. Y fue tan fugaz, que no hubo interrupción alguna en la continuidad o en los pensamientos que están eternamente unidos cual uno solo. Jamás ocurrió nada que perturbase la paz de Dios el Padre ni la del Hijo. Hoy aceptamos la veracidad de este hecho. 

2. Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. Reconocemos nuestra seguridad y Te damos las gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.




Lección 233. Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe


*Lección 233. Hoy le doy mi vida a Dios para que Él la guíe*

1. Padre, hoy te entrego todos mis pensamientos. No quiero quedarme con ninguno de ellos. En su lugar, dame los Tuyos. Te entrego asimismo todos mis actos, de manera que pueda hacer Tu Voluntad en lugar de ir en pos de metas inalcanzables y perder el tiempo en vanas imaginaciones. Hoy vengo a Ti. Me haré a un lado y simplemente Te seguiré. Sé Tú el Guía hoy, y yo el seguidor que no duda de la sabiduría de lo Infinito, ni del Amor cuya ternura no puedo comprender, pero que es, sin embargo, el perfecto regalo que Tú me haces. 

2. Hoy nos dirige un solo Guía. Y mientras caminamos juntos le entregamos este día sin reserva alguna. Éste es Su día. Y por eso es un día de incontables dones y de infinitas mercedes para nosotros.






Lección 232. Permanece en mi mente todo el día, Padre mío


*Lección 232. Permanece en mi mente todo el día, Padre mío*

1. Padre mío, permanece en mi mente desde el momento en que me despierte, y derrama Tu luz sobre mí todo el día. Que cada minuto sea una oportunidad más de estar Contigo. Y que no me olvide de darte las gracias cada hora por haber estado conmigo y porque siempre estás ahí presto a escucharme y a contestarme cuando te llamo. Y al llegar la noche, que todos mis pensamientos sigan siendo acerca de Tí y de Tu Amor. Y que duerma en la confianza de que estoy a salvo, seguro de Tu cuidado y felizmente consciente de que soy Tu Hijo. 

2. Así es como debería ser cada día. Practica hoy el final del miedo. Ten fe en Aquel que es tu Padre. Deja todo en Sus Manos. Deja que Él te revele todo y no te desanimes, pues eres Su Hijo.




Lección 231. Padre, mi voluntad es únicamente recordarte


*Lección 231. Padre, mi voluntad es únicamente recordarte*

1. ¿Qué puedo buscar, Padre, sino Tu Amor? Tal vez crea que lo que busco es otra cosa; algo a lo que le he dado muchos nombres. Mas lo único que busco, o jamás busqué, es Tu Amor. Pues no hay nada más que jamás quisiera realmente encontrar. Quiero recordarte. ¿Qué otra cosa podría desear sino la verdad acerca de mí mismo? 

2. Ésa es tu voluntad, hermano mío. Y compartes esa voluntad conmigo así como con Aquel que es nuestro Padre. Recordarlo a Él es el Cielo. Esto es lo que buscamos. Y esto es lo único que nos será dado hallar.




jueves, 15 de agosto de 2019

Presentación de las lecciones 231-240 con el tema central: 2. ¿Qué es la salvación?


*Presentación de las lecciones 231-240 con el tema central: 2. ¿Qué es la salvación?*

1. La salvación es la promesa que Dios te hizo de que finalmente encontrarás el camino que conduce a Él. Y Él no puede dejar de cumplirla. Garantiza que al tiempo le llegará su fin, al igual que a todos los pensamientos que se originaron en él. La Palabra de Dios se le concede a toda mente que cree tener pensamientos separados, a fin de reemplazar esos pensamientos de conflicto con el Pensamiento de la paz. 

2. El Pensamiento de la paz le fue dado al Hijo en el mismo instante en que su mente concibió el pensamiento de la guerra. Antes de eso no había necesidad de ese Pensamiento, pues la paz se había otorgado sin opuestos y simplemente era. Una mente dividida, no obstante, tiene necesidad de curación. Y así, el Pensamiento que tiene el poder de subsanar la división pasó a formar parte de cada fragmento de la mente que seguía siendo una, pero no reconocía su unidad. Al no conocerse a sí misma, pensó que había perdido su Identidad. 

3. La salvación es un des-hacer en el sentido de que no hace nada, al no apoyar el mundo de sueños y de malicia. De esta manera, las ilusiones desaparecen. Al no prestarles apoyo, deja que simplemente se conviertan en polvo. Y lo que ocultaban queda ahora revelado: un altar al santo Nombre de Dios donde Su Palabra está escrita, con las ofrendas de tu perdón depositadas ante él, y tras ellas, no mucho más allá, el recuerdo de Dios. 

4. Acudamos diariamente a este santo lugar y pasemos un rato juntos. Ahí compartimos nuestro sueño final. Es éste un sueño en el que no hay pesares, pues contiene un atisbo de toda la gloria que Dios nos ha dado. En él se ve brotar la hierba, los árboles florecer y los pájaros hacer sus nidos en su ramaje. La tierra nace de nuevo desde una nueva perspectiva. La noche ya pasó, y ahora nos hemos unido en la luz. 

5. Desde ahí le extendemos la salvación al mundo, pues ahí fue donde la recibimos. El himno que llenos de júbilo entonamos le proclama al mundo que la libertad ha retornado, que al tiempo casi le ha llegado su fin y que el Hijo de Dios tan sólo tiene que esperar un instante antes de que su Padre sea recordado, los sueños hayan terminado, la eternidad haya disuelto al mundo con su luz y el Cielo sea lo único que exista. 

miércoles, 14 de agosto de 2019

T25. IX. La justicia del Cielo


*T25. IX. La justicia del Cielo*

1. ¿Qué  otra  cosa  sino la  arrogancia  podría  pensar que  la  justicia  del  Cielo  no puede  eliminar tus insignificantes  errores?  ¿Y  qué  podría  significar  eso, sino que  son pecados  y no errores, eternamente  incorregibles  y a  los  que  hay  que  corresponder con  venganza  y no con justicia?  ¿Estás dispuesto  a  que  se  te  libere  de  todas  las  consecuencias  del  pecado?  No puedes  contestar esta pregunta  hasta  que  entiendas  todo lo  que  implica  la  respuesta.  Pues  si  contestas  "sí" significa  que renuncias  a  todos  los  valores  de  este  mundo en favor de  la  paz  del  Cielo. Significa  también  que  no vas  a  conservar  ni  un solo pecado  ni  a  abrigar ninguna  duda  de  que  esto es  posible  que  le  permitiese al  pecado  conservar su lugar.  Significa  asimismo  que  ahora  la  verdad  tiene  más  valor  para  ti  que todas  las  ilusiones.  Y  reconoces  que  la  verdad tiene  que  serte  revelada, ya  que  no sabes  lo que  es.

2. Dar a  regañadientes  es  no recibir el  regalo,  pues  no estás  dispuesto a  aceptarlo.  Se  te  guarda  hasta que  tu renuencia  a  recibirlo  desaparezca  y estés  dispuesto  a  que  te  sea  dado. La  justicia  de  Dios merece  gratitud,  no temor. Ni  tú ni  nadie  puede  perder  nada  que  deis,  sino que  todo ello se  atesora  y se  guarda  en el  Cielo, donde  todos  los  tesoros  que  le  han  sido dados  al  Hijo  de  Dios  se  conservan para  él  y se  le  ofrecen  a  todo aquel  que  simplemente  extiende  la  mano  dispuesto a  recibirlos.  El tesoro  no merma  al  ser dado. Cada  regalo  no hace  sino aumentar  el  caudal  de  su riqueza,  pues  Dios es  justo.  Él  no lucha  contra  la  renuencia  de  Su Hijo a  percibir  la  salvación como  un regalo procedente  de  Él.  Mas  Su justicia  no quedará  satisfecha  hasta  que  todos  la  reciban.

3. Puedes  estar  seguro de  que  la  solución a  cualquier  problema  que  el  Espíritu  Santo resuelva  será siempre  una  solución  en la  que  nadie  pierde.  Y  esto  tiene  que  ser verdad porque  Él  no le  exige sacrificios  a  nadie. Cualquier  solución que  le  exija  a  alguien  la  más  mínima  pérdida,  no habrá resuelto el  problema,  sino que  lo habrá  empeorado, haciéndolo más  difícil  de  resolver y más  injusto. Es  imposible  que  el  Espíritu Santo  pueda  ver cualquier  clase  de  injusticia  como la  solución. Para  Él, lo  que  es  injusto tiene  que  ser corregido  porque  es  injusto.  Y  todo error  es  una  percepción en la  que, como  mínimo, se  ve  a  uno de  los  Hijos  de  Dios  injustamente.  De  esta  forma  es  como se  priva  de justicia  al  Hijo  de  Dios. Cuando se  considera  a  alguien  un perdedor,  se  le  ha  condenado.  Y  el castigo, en vez  de  la  justicia, se  convierte  en su justo  merecido.

4.  Ver  la  inocencia  hace  que  el  castigo sea  imposible  y la  justicia  inevitable.  La  percepción  del Espíritu Santo  no da  cabida  al  ataque.  Lo único  que  podría  justificar  el  ataque  son las  pérdidas, y Él no ve  pérdidas  de  ninguna  clase.  El  mundo  resuelve  problemas  de  otra  manera. Pues  ve  la  solución a  cualquier  problema  como  un estado en el  que  se  ha  decidido  quién ha  de  ganar y quién  ha  de perder;  con cuánto se  va  a  quedar uno de  ellos  y cuánto  puede  todavía  defender el  perdedor.  Mas  el problema  sigue  sin resolverse, pues  sólo la  justicia  puede  establecer un estado  en el  que  nadie pierde  y en el  que  a  nadie  se  le  trata  injustamente  o se  le  priva  de  algo,  lo cual  le  daría  motivos  para vengarse.  Ningún problema  se  puede  resolver  mediante  la  venganza, que  en  el  mejor de  los  casos  no haría  sino dar lugar  a  otro  problema,  en el  que  el  asesinato no es  obvio.

5. La  forma  en  que  el  Espíritu  Santo resuelve  todo problema  es  la  manera  de  solventarlo. El problema queda resuelto porque se ha tratado con justicia. Hasta que esto no se haga, seguirá repitiéndose porque aún no se habrá solventado. El principio según el cual la justicia significa que nadie puede perder es crucial para el objetivo de este curso. Pues los milagros dependen de la justicia. Mas no como la ve el mundo, sino como la conoce Dios y como este conocimiento se ve reflejado en la visión que ofrece el Espíritu Santo.

6. Nadie merece perder. Y es imposible que lo que supone una injusticia para alguien pueda ocurrir. La curación tiene que ser para todo el mundo, pues nadie merece ninguna clase de ataque. ¿Qué orden podría haber en los milagros, si algunas personas mereciesen sufrir más y otras menos? ¿Y sería esto justo para aquellos que son totalmente inocentes? Todo milagro es justo. No es un regalo especial que se les concede a algunos y se les niega a otros, por ser éstos menos dignos o estar más condenados, y hallarse, por lo tanto, excluidos de la curación. ¿Quién puede estar excluido de la salvación, si el propósito de ésta es precisamente acabar con el especialismo? ¿Dónde se encontraría la justicia de la salvación, si algunos errores fuesen imperdonables y justificasen la venganza en lugar de la curación y el retorno a la paz?

7. El propósito de la salvación no puede ser ayudar al Hijo de Dios a que sea más injusto de lo que él ya ha procurado ser. Si los milagros, que son el don del Espíritu Santo, se otorgasen exclusivamente a un grupo selecto y especial y se negasen a otros por ser éstos menos merecedores de ellos, entonces Él sería el aliado del especialismo. El Espíritu Santo no da fe de lo que no puede percibir. Y todos tienen el mismo derecho a Su don de curación, liberación y paz. Entregarle un problema al Espíritu Santo para que Él lo resuelva por ti, significa que quieres que se resuelva. Mas no entregárselo a fin de resolverlo por tu cuenta y sin Su ayuda, es decidir que el problema siga pendiente y sin resolver, haciendo así que pueda seguir dando lugar a más injusticias y ataques. Nadie puede ser injusto contigo, a menos que tú hayas decidido ser injusto primero. En ese caso, es inevitable que surjan problemas que sean un obstáculo en tu camino, y que la paz se vea disipada por los vientos del odio.

8. A menos que pienses que todos tus hermanos tienen el mismo derecho a los milagros que tú, no reivindicarás tu derecho a ellos, al haber sido injusto con otros que gozan de los mismos derechos que tú. Si tratas de negarle algo a otro, sentirás que se te ha negado a ti. Si tratas de privar a alguien de algo, te habrás privado a ti mismo. Es imposible recibir un milagro que otro no pueda recibir. Sólo el perdón ofrece milagros. Y el perdón tiene que ser justo con todo el mundo.

9. Los pequeños problemas que ocultas se convierten en tus pecados secretos porque no elegiste que se te liberase de ellos. Y así, acumulan polvo y se vuelven cada vez más grandes hasta cubrir todo lo que percibes, impidiéndote así ser justo con nadie. No crees tener ni un solo derecho. Y la amargura, al haber justificado la venganza y haber hecho que se pierda la misericordia, te condena irremisiblemente. Los irredentos no tienen misericordia para con nadie. Por eso es por lo que tu única responsabilidad es aceptar el perdón para ti mismo.

10. Das el milagro que recibes. Y cada uno de ellos se convierte en un ejemplo de la ley en la que se basa la salvación: que sí uno solo ha de sanar, se les tiene que hacer justicia a todos. Nadie puede perder y todos tienen que beneficiarse. Cada milagro es un ejemplo de lo que la justicia puede lograr cuando se ofrece a todos por igual, pues se recibe en la misma medida en que se da. Todo milagro es la conciencia de que dar y recibir es lo mismo. Puesto que no hace distinciones entre los que son iguales, no ve diferencias donde no las hay. Y así, es igual con todos porque no ve diferencia alguna entre ellos. Su ofrecimiento es universal y sólo enseña un mensaje: Lo que es de Dios le pertenece a todo el mundo, y es su derecho inalienable.

T25. VIII. La restitución de la justicia al amor


*T25. VIII. La restitución de la justicia al  amor*

1. El  Espíritu  Santo puede  usar  todo lo que  le  ofreces  para  tu salvación.  Pero no puede  usar lo que  te niegas  a  darle,  ya  que  no puede  quitártelo  sin tu consentimiento. Pues  si  lo hiciera,  creerías  que  te  lo arrebató en  contra  de  tu voluntad.  Y  así, no aprenderías  que  tu voluntad es  no tenerlo. Él  no necesita que  estés  completamente  dispuesto a  entregárselo, pues  si  ese  fuese  el  caso, no tendrías  ninguna necesidad de  Él. Pero sí  necesita  que  prefieras  que  Él  lo  tome  a  que  tú  te  lo quedes  sólo  para  ti,  y que  reconozcas  que  no sabes  qué  es  lo que  no supone  una  pérdida  para  nadie.  Eso es  lo único que  se tiene  que  añadir  a  la  idea  de  que  nadie  tiene  que  perder para  que  tú  ganes. Nada  más.

2. He  aquí  el  único  principio que  la  salvación requiere. No es  necesario  que  tu fe  en él  sea  firme  e inquebrantable  ni  que  esté  libre  del  ataque  de  todas  las  creencias  que  se  oponen a  él. No tienes  una lealtad fija.  Pero recuerda  que  los  que  ya  se  han salvado no tienen  necesidad  de  salvación.  No se  te pide  que  hagas  lo  que  le  resultaría  imposible  a  alguien  que  todavía  está  dividido contra  sí  mismo. No esperes poder encontrar sabiduría en semejante estado mental. Pero siéntete agradecido de que lo único que se te pide es que tengas un poco de fe. ¿Qué les puede quedar a los que todavía creen en el pecado, sino un poco de fe? ¿Qué podrían saber del Cielo y de la justicia de los que se han salvado?

3. Existe una clase de justicia en la salvación de la que el mundo no sabe nada. Para el mundo, la justicia y la venganza son lo mismo, pues los pecadores ven la justicia únicamente como el castigo que merecen, por el que tal vez otro debe pagar, pero del que no es posible escapar. Las leyes del pecado exigen una víctima. Quién ha de ser esa víctima es irrelevante. Pero el costo no puede ser otro que la muerte, y tiene que pagarse. Esto no es justicia, sino demencia. Sin embargo, allí donde el amor significa odio, y la muerte se ve como la victoria y el triunfo sobre la eternidad, la intemporalidad y la vida, ¿cómo se podría definir la justicia sin que la demencia formase parte de ella?

4. Tú que no sabes lo que es la justicia puedes todavía inquirir lo que es y así aprenderlo. La justicia contempla a todos de la misma manera. No es justo que a alguien le falte lo que otro tiene. Pues eso es venganza, sea cual sea la forma que adopte. La justicia no exige ningún sacrificio, pues todo sacrificio se hace a fin de perpetuar y conservar el pecado. El sacrificio es el pago que se ofrece por el costo del pecado, pero no es el costo total. El resto se toma de otro y se deposita al lado de tu pequeño pago, para así "expiar" por todo lo que quieres conservar y no estás dispuesto a abandonar. De esta forma consideras que tú eres en parte la víctima, pero que alguien más lo es en mayor medida. Y en el costo total, cuanto más grande sea la parte que el otro pague, menor será la que pagues tú. Y la justicia, al ser ciega, queda satisfecha cuando recibe su pago, sin que le importe quién es el que paga.

5. ¿Cómo iba a ser eso justicia? Dios no sabe de eso. Pero sí sabe lo que es la justicia, y lo sabe muy bien. Pues Él es totalmente justo con todo el mundo. La venganza es algo ajeno a la Mente de Dios precisamente porque Él conoce la justicia. Ser justo es ser equitativo, no vengativo. Es imposible que la equidad y la venganza puedan coexistir, pues cada una de ellas contradice a la otra y niega su realidad. No puedes compartir la justicia del Espíritu Santo mientras de alguna manera tu mente pueda concebir ser especial. Sin embargo, ¿sería Él justo si condenase a un pecador por los crímenes que éste no cometió aunque él crea que los cometió? ¿Y adónde habría ido a parar la justicia si Él les exigiese a los que están obsesionados con la idea del castigo que, sin ninguna ayuda, la dejasen de lado y percibiesen que no es verdad?

6. A los que todavía creen que el pecado tiene sentido les resulta extremadamente difícil entender la justicia del Espíritu Santo. No pueden sino creer que Él comparte su confusión, y, por lo tanto, no pueden evadir la venganza que forzosamente comporta su propia creencia de lo que es la justicia. Y así, tienen miedo del Espíritu Santo y perciben en Él la "ira" de Dios. Y no pueden confiar en que no los va a aniquilar con rayos extraídos de las "llamas" del Cielo por la Propia Mano iracunda de Dios. Creen que el Cielo es el infierno, y tienen miedo del amor. Y cuando se les dice que nunca han pecado, les invade una profunda sospecha y el escalofrío del miedo. Su mundo depende de la estabilidad del pecado. Y perciben la "amenaza" de lo que Dios entiende por justicia como algo más destructivo para ellos y para su mundo que la venganza, la cual comprenden y aman.

7. Y así, piensan que perder el pecado sería una maldición. Y huyen del Espíritu Santo como si de un mensajero del infierno se tratase, que hubiese sido enviado desde lo alto, disfrazado de amigo y redentor, para hacer caer sobre ellos la venganza de Dios valiéndose de ardides y de engaños. ¿Qué otra cosa podría ser Él para ellos, sino un demonio que se viste de ángel para engañarles? ¿Y qué escape les puede ofrecer, sino la puerta que conduce al infierno, la cual, sin embargo, parece ser la puerta al Cielo?

8. La justicia, no obstante, no puede castigar a aquellos que, aunque claman por castigo, tienen un Juez que sabe que en realidad son completamente inocentes. La justicia le obliga a liberarlos y a darles todo el honor que merecen y que se han negado a sí mismos al no ser justos y no poder entender que son inocentes. El amor no es comprensible para los pecadores porque creen que la justicia  no guarda  ninguna  relación con  el  amor  y que  representa  algo  distinto.  Y  de  esta  manera, se percibe  al  amor  como algo  débil,  y a  la  venganza  como muestra  de  fortaleza.  Pues  el  amor  perdió cuando  el  juicio  se  separó  de  su lado, y ahora  es  demasiado  débil  para  poder salvar  a  nadie  del castigo. Pero la  venganza  sin amor ha  cobrado más  fuerza  al  estar separada  y aparte  del  amor. ¿Y qué  otra  cosa  sino la  venganza  puede  ser ahora  lo que  ayuda  y salva, mientras  que  el  amor  es  un espectador pasivo,  impotente, injusto, endeble  e  incapaz  de  salvar?

9. ¿Y  qué  puede  pedirte  el  Amor a  ti  que  piensas  que  todo esto  es  verdad?  ¿Podría  Él,  con justicia  y con  amor, creer que  en  tu confusión tienes  algo  que  dar?  No se  te  pide  que  tengas  mucha  confianza en  Él, sino la  misma  que  ves  que  Él  te  ofrece  y que  reconoces  que  no podrías  tener en  ti  mismo.  Él ve  todo lo que  tú  mereces  a  la  luz  de  la  justicia  de  Dios, pero  también se  da  cuenta  de  que  no puedes aceptarlo.  Su función especial  consiste  en ofrecerte  los  regalos  que  los  inocentes  merecen.  Y  cada regalo que  aceptas  le  brinda  alegría  a  Él  y a  ti.  Él  sabe  que  el  Cielo se  enriquece  con cada  regalo que aceptas.  Y  Dios  Se  alegra  cuando Su Hijo recibe  lo  que  la  amorosa  justicia  sabe  que  le  corresponde. Pues  el  amor y la  justicia  no son diferentes. Precisamente  porque  son lo mismo  la  misericordia  se encuentra  a  la  derecha  de  Dios, y le  da  al  Hijo de  Dios  el  poder de  perdonarse  a  sí  mismo sus pecados.

10. ¿Cómo  se  le  iba  a  poder privar de  algo  a  aquel  que  todo  lo merece?  Pues  eso sería  una  injusticia, y ciertamente  no sería  justo  para  con toda  la  santidad que  hay en él,  por mucho que  él  no la reconozca.  Dios  no sabe  de  injusticias. Él  no permitiría  que  Su Hijo fuese  juzgado por aquellos  que quieren destruirlo y que  no pueden  ver su valía  en absoluto.  ¿Qué  testigos  fidedignos  podrían convocar para  que  hablasen  en su defensa?  ¿Y  quién vendría  a  interceder  en su favor, en lugar de abogar  por su muerte?  Tú no le  harías  justicia.  No obstante, Dios  se  aseguró de  que  se  hiciese justicia  con el  Hijo que  Él  ama,  y de  que  ésta  lo protegiese  de  cualquier  injusticia  que  tratases  de cometer  contra  él, al  creer que  la  venganza  es  su merecido.

11.  De  la  misma  manera  en  que  al  especialismo no le  importa  quién paga  el  costo  del  pecado con tal de  que  se  pague, al  Espíritu  Santo le  es  indiferente  quién  es  el  que  por fin contempla  la  inocencia, con  tal  de  que  ésta  se  vea  y se  reconozca. Pues  con un sólo testigo  basta. La  simple  justicia  no pide nada  más. El  Espíritu  Santo le  pregunta  a  cada  uno si  quiere  ser ese  testigo, de  forma  que  la  justicia pueda  ser restituida  al  amor y quede  allí  satisfecha. Cada  función especial  que  Él  asigna  es  sólo para que  cada  uno aprenda  que  el  amor y la  justicia  no están separados, y que  su unión los  fortalece  a ambos.  Sin amor, la  justicia  está  llena  de  prejuicios  y es  débil.  Y  el  amor sin justicia  es  imposible. Pues  el  amor es  justo y no puede  castigar  sin causa. ¿Qué  causa  podría  haber que  justificase  un ataque  contra  los  que  son inocentes?  El  amor,  entonces,  corrige  todos  los  errores  con justicia, no con  venganza.  Pues  eso sería  injusto para  con la  inocencia.

12.  Tú puedes  ser un testigo perfecto del  poder del  amor y de  la  justicia,  si  comprendes  que  es imposible  que  el  Hijo  de  Dios  merezca  venganza. No necesitas  percibir que  esto  es  verdad  en toda circunstancia.  Tampoco  necesitas  corroborarlo  con tu experiencia  del  mundo, que  no es  sino una sombra  de  todo lo que  realmente  está  sucediendo  dentro  de  ti. El  entendimiento  que  necesitas  no procede  de  ti,  sino de  un Ser más  grande,  tan  excelso y santo  que  no podría  dudar  de  Su propia inocencia.  Tu  función especial  es  que  lo invoques, para  que  te  sonría  a  ti  cuya  inocencia  Él comparte.  Su entendimiento  será  tuyo.  Y  así, la  función especial  del  Espíritu Santo  se  habrá consumado.  El  Hijo  de  Dios  ha  encontrado un testigo  de  su inocencia  y no de  sus  pecados.  ¡Cuán poco,  necesitas  darle  al  Espíritu  Santo para  que  simplemente  se  te  haga  justicia!

13. Sin imparcialidad no hay justicia.  ¿Cómo iba  a  poder ser justo  el  especialismo?  No juzgues, mas no porque  tú seas  también un miserable  pecador,  sino porque  no puedes. ¿Cómo  iban a  poder entender los  que  se  creen especiales  que  la  justicia  es  igual  para  todo  el  mundo?  Quitar a  uno para dar  a  otro es  una  injusticia  contra  ambos, pues  los  dos  son iguales  ante  los  ojos  del  Espíritu  Santo. Su Padre  les  dio a  ambos  la  misma  herencia. El  que  desea  tener más  o tener menos, no es  consciente de  que  lo tiene  todo.  El  que  él  se  crea  privado de  algo no le  da  el  derecho de  ser juez  de  lo que  le corresponde  a  otro. Pues  en tal  caso, no puede  sino sentir envidia  y tratar  de  apoderarse  de  lo que  le pertenece a aquel a quien juzga. No es imparcial ni puede ver de manera justa los derechos de otro porque no es consciente de los suyos propios.

14. Tú tienes derecho a todo el universo, a la paz perfecta, a la completa absolución de todas las consecuencias del pecado, y a la vida eterna, gozosa y completa desde cualquier punto de vista, tal como la Voluntad de Dios dispuso que Su santo Hijo la tuviese. Ésta es la única justicia que el Cielo conoce y lo único que el Espíritu Santo trae a la tierra. Tu función especial te muestra que sólo la justicia perfecta puede prevalecer sobre ti. Y así, estás a salvo de cualquier forma de venganza. El mundo engaña, pero no puede reemplazar la justicia de Dios con su propia versión. Pues sólo el amor es justo y sólo él puede percibir lo que la justicia no puede sino concederle al Hijo de Dios. Deja que el amor decida, y nunca temas que, por no ser justo, te vayas a privar a ti mismo de lo que la justicia de Dios ha reservado para ti.

T25. VII. La roca de la salvación


*T25. VII. La roca de la salvación*

1. No obstante,  si  el  Espíritu Santo  puede  convertir cada  sentencia  que  te  impusiste  a  ti  mismo  en una  bendición,  entonces  no pudo haber  sido un pecado.  El  pecado es  lo único  en todo  el  mundo que no puede  cambiar.  Es  inmutable.  Y  de  su inmutabilidad depende  el  mundo. La  magia  del  mundo parece  ocultar de  los  pecadores  el  dolor del  pecado,  y engañar con  falsos  destellos  y con  ardides. Mas  todo el  mundo sabe  que  el  costo del  pecado  es  la  muerte.  Y  ciertamente  lo es. Pues  el  pecado  es una  petición de  muerte, un deseo  de  hacer  que  los  cimientos  de  este  mundo sean  tan firmes  como el amor, tan  dignos  de  confianza  como  el  Cielo y tan  fuertes  como  Dios  Mismo.  Todo aquel  que  cree que  es  posible  pecar  mantiene  al  mundo excluido  del  amor.  Y  esto no cambiará.  Sin embargo, ¿sería posible  que  lo que  Dios  no creó  compartiese  los  atributos  de  Su creación,  cuando se  opone  a  ella desde  cualquier  punto de  vista?

2. Es  imposible  que  el  deseo  de  morir del  "pecador"  sea  tan  fuerte  como  la  Voluntad de  Dios  por la vida.  Tampoco es  posible  que  los  cimientos  de  un mundo que  Él  no creó  fuesen tan firmes  y seguros como  el  Cielo. ¿Cómo  iba  ser posible  que  el  Cielo  y el  infierno fuesen lo  mismo?  ¿Y  cómo  podría ser que  lo  que  Su  Voluntad  no dispuso no se  pudiese  cambiar?  ¿Qué  otra  cosa  aparte  de  Su  Voluntad es  inmutable?  ¿Y  qué  puede  compartir  sus  atributos, excepto ella  misma?  ¿Qué  deseo puede  alzarse contra  Su  Voluntad,  y ser inmutable?  Si  pudieses  darte  cuenta  de  que  lo  único que  es  inmutable  es  la Voluntad de  Dios, este  curso no te  resultaría  difícil. No obstante,  eso es  precisamente  lo que  no crees. Sin embargo, no podrías  creer nada  más, sólo con que  vieses  lo que  realmente  es.

3.  Volvamos  a  lo que  anteriormente  dijimos, y pensemos  en ello más  detenidamente. Debe  ser, o bien  que  Dios  está  loco,  o bien que  este  mundo  es  un manicomio. Ni  uno solo de  los  Pensamientos de  Dios  tiene  sentido  en este  mundo.  Y  nada  de  lo  que  el  mundo acepta  como  cierto tiene  sentido alguno  en Su Mente. Lo  que  no tiene  sentido  ni  significado es  demente.  Y  lo  que  es  demente  no puede  ser la  verdad.  Si  una  sola  de  las  creencias  que  en  tanta  estima  se  tienen aquí  fuese  cierta, entonces todo Pensamiento que Dios jamás haya tenido sería una ilusión. Pero si uno solo de Sus Pensamientos es cierto, entonces todas las creencias a las que el mundo otorga significado son falsas y absurdas. Ésta es la decisión que tienes ante ti. No trates de verla de otra manera ni de hacer de ella lo que no es. Pues lo único que puedes hacer es tomar esta decisión. El resto depende de Dios, no de ti.

4. Justificar uno solo de los valores que el mundo apoya es negar la cordura de tu Padre y la tuya. Pues Dios y Su Hijo bienamado no piensan de manera diferente. Y es esta concordancia en el pensamiento lo que hace que el Hijo sea un co-creador con la Mente cuyo Pensamiento lo creó a él. De modo que si elige creer en un solo pensamiento que se oponga a la verdad, habrá decidido que él no es el Hijo de su Padre porque el Hijo está loco, y la cordura tiene que ser algo ajeno al Padre y al Hijo. Esto es lo que crees. No pienses que esta creencia depende de la forma en que se manifieste. El que de alguna manera crea que el mundo es cuerdo, que algunas de las cosas que piensa están justificadas o que está sustentando por algún tipo de razón, cree que eso es cierto. El pecado no es real porque ni el Padre ni el Hijo son dementes. Este mundo no tiene sentido porque se basa en el pecado. ¿Quién podría crear lo inmutable si ello no estuviese basado en la verdad?

5. El Espíritu Santo tiene el poder de transformar todos los cimientos del mundo que ves en algo distinto: en una base que no sea demente, sobre la que se puedan sentar los cimientos de una percepción sana y desde la que se puede percibir otro mundo: un mundo en el que nada se opone a lo que conduciría al Hijo de Dios a la cordura y a la felicidad, y en el que nada da testimonio de la muerte ni de la crueldad, de la separación o de las diferencias. Pues ahí todo se percibe como uno, y nadie tiene que perder para que otro gane.

6. Pon a prueba todas tus creencias a la luz de este único requisito, y entiende que todo lo que satisface esta única petición es digno de tu fe. Nada más lo es. Lo que no es amor es pecado, y cada uno de ellos percibe al otro como demente y sin sentido. El amor es la base de un mundo que los pecadores perciben como completamente demente, ya que creen que el camino que ellos siguen es el que conduce a la cordura. Mas el pecado es igualmente demente a los ojos del amor, que dulcemente prefieren mirar más allá de la locura y descansar serenamente en la verdad. Tanto el amor como el pecado ven un mundo inmutable, de acuerdo a como cada uno define la inalterable y eterna verdad de lo que eres. Y cada uno refleja un punto de vista de lo que el Padre y el Hijo deben ser para que ese punto de vista sea significativo y cuerdo.

7. Tu función especial es aquella forma en particular que a ti te parece más significativa y sensata para demostrar el hecho de que Dios no es demente. El contenido es el mismo. La forma se adapta a tus necesidades particulares, y al tiempo y lugar concretos en los que crees encontrarte, y donde puedes ser liberado de dichos conceptos, así como de todo lo que crees que te limita. El Hijo de Dios no puede estar limitado por el tiempo, por el espacio ni por ninguna cosa que la Voluntad de Dios no haya dispuesto. No obstante, si se cree que lo que Su Voluntad dispone es una locura, entonces la forma de cordura que la hace más aceptable para los que son dementes requiere una decisión especial. Esta decisión no la pueden tomar los que son dementes, cuyo problema es que sus decisiones no son libres, ni las toman guiados por la razón a la luz del sentido común.

8. Sería ciertamente una locura poner la salvación en manos de los dementes. Pero puesto que Dios no está loco, ha designado a Uno tan cuerdo como Él para que le presente un mundo de mayor cordura a todo aquel que eligió la demencia como su salvación. A Él le es dado elegir la forma más apropiada para ayudar al demente: una que no ataque el mundo que éste ve, sino que se adentre en él calladamente y le muestre que está loco. El Espíritu Santo no hace sino señalarle otra alternativa, otro modo de contemplar lo que antes veía, que él reconoce como el mundo en el que vive, el cual creía entender.

9. Ahora él tiene que poner todo esto en tela de juicio, pues la forma de la alternativa es una que no puede negar, pasar por alto, ni dejar de percibir completamente. La función especial de cada uno está diseñada de modo que se perciba como algo factible, como algo que se desea cada vez más a medida que se le demuestra que es una alternativa que realmente desea. Desde esta perspectiva, su pecaminosidad así como todo el pecado que ve en el mundo, tienen cada vez menos que ofrecerle. Y por fin llega a entender que todo ello le ha costado su cordura y que se interpone entre él y cualquier esperanza de volver a ser cuerdo. Puesto que tiene un papel especial en la liberación de todos sus hermanos, no se le deja sin la posibilidad de escapar de la locura. Sería tan inaudito que se le excluyese y se le dejase sin una función especial en la esperanza de paz, como lo sería que el Padre ignorara a Su Hijo y lo pasase de largo sin ningún miramiento.

10. ¿En qué otra cosa se puede confiar, sino en el Amor de Dios? ¿Y dónde mora la cordura, sino en Él? Aquel que habla por Dios puede mostrarte esto en la alternativa que eligió especialmente para ti. La Voluntad de Dios es que recuerdes esto, y que pases así del más profundo desconsuelo al júbilo perfecto. Acepta la función que se te ha asignado en el plan de Dios para mostrarle a Su Hijo que el infierno y el Cielo son diferentes, no lo mismo. Pero en el Cielo son lo mismo, pues carecen de las diferencias que habrían hecho del Cielo un infierno y del infierno un cielo, si tal demencia hubiese sido posible.

11. La creencia de que es posible perder no es sino el reflejo de la premisa subyacente de que Dios está loco. Pues en este mundo parece que alguien tiene que perder porque otro ganó. Si esto fuese cierto, entonces Dios estaría loco. Mas ¿qué es esa creencia, sino una forma de la premisa más básica según la cual, "El pecado es real y es lo que rige al mundo"? Por cada pequeña ganancia que se obtenga alguien tiene que perder, y pagar el importe exacto con sangre y sufrimiento. Pues, de lo contrario, el mal triunfaría y la destrucción sería el costo total de cualquier ganancia. Tú que crees que Dios está loco, examina esto detenidamente y comprende que, o bien Dios es demente o bien es esto lo que lo es, pero no ambos.

12. La salvación es el renacimiento de la idea de que nadie tiene que perder para que otro gane. Y todo el mundo tiene que ganar, si es que uno solo ha de ganar. Con esto queda restaurada la cordura. Y sobre esta única roca de verdad la fe puede descansar con perfecta confianza y en perfecta paz en la eterna cordura de Dios. La razón queda satisfecha, pues con esto todas las creencias dementes pueden ser corregidas. Y si esto es verdad, el pecado no puede sino ser imposible. Ésta es la roca sobre la que descansa la salvación, el punto estratégico desde el que el Espíritu Santo le confiere significado y dirección al plan en el que tu función especial tiene un papel que jugar. Pues aquí tu función especial se vuelve íntegra porque comparte la función de la totalidad.

13. Recuerda que toda tentación no es más que esto: la creencia descabellada de que la locura de Dios te devolvería la cordura y te daría lo que quisieses, y de que o tú o Dios tenéis que perder frente a la locura porque vuestros objetivos son irreconciliables. La muerte exige vida, pero la vida no cuesta nada. Nadie tiene que sufrir para que la Voluntad de Dios se haga. La salvación es Su Voluntad porque tú la compartes con Él. No es sólo para ti, sino para el Ser que es el Hijo de Dios. Éste no puede perder, pues si pudiese, ello supondría una pérdida para su Padre, y para Él la pérdida es imposible. Y esto es cuerdo porque es la verdad.

T25. VI. Tu función especial


*T25. VI. Tu función especial*

1. La  gracia  de  Dios  descansa  dulcemente  sobre  los  ojos  que  perdonan,  y todo lo  que  éstos contemplan le  habla  de  Dios  al  espectador. Él  no ve  maldad, ni  nada  que  temer  en el  mundo  o nadie que  sea  diferente  de  él.  Y  de  la  misma  manera  en  que  ama  a  otros  con amor  y con dulzura,  así  se contempla  a  sí  mismo.  Él  no se  condenaría  a  sí  mismo  por sus  propios  errores  tal  como  tampoco condenaría  a  otro. No es  un árbitro  de  venganzas  ni  un castigador de  pecadores. La  dulzura  de  su mirada  descansa  sobre  sí  mismo con  toda  la  ternura  que  les  ofrece  a  los  demás.  Pues  sólo quiere curar  y bendecir.  Y  puesto que  actúa  en  armonía  con la  Voluntad  de  Dios, tiene  el  poder de  curar y bendecir a  todos  los  que  contempla  con la  gracia  de  Dios  en  su mirada. 

2. Los  ojos  se  acostumbran a  la  obscuridad,  y la  luz  de  un día  soleado les  resulta  dolorosa  a  los  ojos aclimatados  desde  hace  mucho  a  la  tenue  penumbra  que  se  percibe  durante  el  crepúsculo.  Dichos ojos  esquivan  la  luz  del  sol  y la  claridad  que  ésta  le  brinda  a  todo lo que  contemplan. La  penumbra parece  mejor:  más  fácil  de  ver y de  reconocer. De  alguna  manera  lo vago y lo  sombrío parece  ser más  fácil  de  contemplar  y menos  doloroso para  los  ojos  que  lo que  es  completamente  claro  e inequívoco. Éste, no obstante,  no es  el  propósito  de  los  ojos, y ¿quién  puede  decir que  prefiere  la obscuridad  y al  mismo tiempo afirmar que  desea  ver? 

3.  Tu deseo de  ver hace  que  la  gracia  de  Dios  descienda  sobre  tus  ojos, trayendo consigo el  regalo de  luz  que  hace  que  la  visión sea  posible. ¿Quieres  realmente  contemplar a  tu  hermano?  A  Dios  le complacería  que  lo hicieses. No es  Su  Voluntad que  no reconozcas  a  tu  salvador.  Tampoco es  Su Voluntad que  tu salvador no desempeñe  la  función  que  Él  le  encomendó. No dejes  que  se  siga sintiendo solo por más  tiempo,  pues  los  que  se  sienten  solos  son aquellos  que  no ven ninguna función  en el  mundo que  ellos  puedan desempeñar,  ningún lugar en  el  que  se  les  necesite, ni  ningún objetivo  que  sólo  ellos  puedan  alcanzar perfectamente. 

4. Ésta  es  la  percepción  benévola  que  el  Espíritu  Santo tiene  del  deseo de  ser especial:  valerse  de  lo que  tú hiciste  para  sanar  en vez  de  para  hacer  daño.  A  cada  cual  Él  le  asigna  una  función  especial  en la  salvación  que  sólo él  puede  desempeñar, un papel  exclusivamente  para  él.  Y  el  plan no se  habrá llevado a  término  hasta  que  cada  cual  descubra  su función  especial  y desempeñe  el  papel  que  se  le asignó  para  completarse  a  sí  mismo  en un mundo donde  rige  la  incompleción. 

5.  Aquí,  donde  las  leyes  de  Dios  no rigen de  forma  perfecta, él  todavía  puede  hacer una  cosa perfectamente  y llevar  a  cabo  una  elección  perfecta.  Y  por este  acto  de  lealtad  especial  hacia  uno que  percibe  como diferente  de  sí  mismo,  se  da  cuenta  de  que  el  regalo  se  le  otorgó a  él  mismo  y, por lo  tanto,  de  que  ambos  tienen que  ser necesariamente  uno. El  perdón es  la  única  función  que  tiene sentido  en el  tiempo.  Es  el  medio del  que  el  Espíritu  Santo se  vale  para  transformar el  especialismo de  modo que  de  pecado pase  a  ser salvación.  El  perdón es  para  todos. Mas  sólo es  completo  cuando descansa sobre todos, y toda función que este mundo tenga se completa con él. Entonces el tiempo cesa. No obstante, mientras se esté en el tiempo, es mucho lo que todavía queda por hacer. Y cada uno tiene que hacer lo que se le asignó, pues todo el plan depende de su papel. Cada uno tiene un papel especial en el tiempo, pues eso fue lo que eligió, y, al elegirlo, hizo que fuese así para él. No se le negó su deseo, sino que se modificó la forma del mismo, de manera que redundase en beneficio de su hermano y de él, y se convirtiese de ese modo en un medio para salvar en vez de para llevar a la perdición. 

6. La salvación no es más que un recordatorio de que este mundo no es tu hogar. No se te imponen sus leyes, ni sus valores son los tuyos. Y nada de lo que crees ver en él se encuentra realmente ahí. Esto se ve y se entiende a medida que cada cual desempeña su papel en el des-hacimiento del mundo, tal como desempeñó un papel en su fabricación. Cada cual dispone de los medios para ambas posibilidades, tal como siempre dispuso de ellos. Dios dispuso que el especialismo que Su Hijo eligió para hacerse daño a sí mismo fuese igualmente el medio para su salvación desde el preciso instante en que tomó esa decisión. Su pecado especial pasó a ser su gracia especial. Su odio especial se convirtió en su amor especial. 

7. El Espíritu Santo necesita que desempeñes tu función especial, de modo que la Suya pueda consumarse. No pienses que no tienes un valor especial aquí. Tú lo quisiste, y se te concedió. Todo lo que has hecho se puede utilizar, fácil y provechosamente, a favor de la salvación. El Hijo de Dios no puede tomar ninguna decisión que el Espíritu Santo no pueda emplear a su favor, en vez de contra él. Sólo en la obscuridad parece ser un ataque tu deseo de ser especial. En la luz, lo ves como la función especial que te corresponde desempeñar en el plan para salvar al Hijo de Dios de todo ataque y hacerle entender que está a salvo, tal como siempre lo estuvo y lo seguirá estando, tanto en el tiempo como en la eternidad. Ésta es la función que se te encomendó con respecto a tu hermano. Acéptala dulcemente de la mano de tu hermano, y deja que la salvación se consume perfectamente en ti. Haz sólo esto y todo se te dará. 

T25. V. El estado de impecabilidad


*T25. V. El estado de impecabilidad*

1. El  estado de  impecabilidad es  simplemente  esto:  todo deseo de  atacar ha  desaparecido,  de  modo que  no hay razón para  percibir  al  Hijo de  Dios  de  ninguna  otra  forma  excepto  como es. La necesidad de  que  haya  culpabilidad ha  desaparecido  porque  ya  no tiene  propósito,  y sin el  objetivo de  pecado no tiene  sentido. El  ataque  y el  pecado son una  misma  ilusión,  pues  cada  uno es  la  causa, el  objetivo y la  justificación  del  otro.  Por su cuenta  ninguno  de  los  dos  tiene  sentido, si  bien  parece derivar sentido  del  otro.  Cada  uno depende  del  otro  para  conferirle  el  significado que  parece  tener. Y nadie  podría  creer  en uno de  ellos  a  menos  que  el  otro fuese  verdad, pues  cada  uno de  ellos  da  fe de  que  el  otro  tiene  que  ser cierto. 

2. El  ataque  convierte  a  Cristo en tu  enemigo  y a  Dios  junto con  Él. ¿Cómo  no ibas  a  estar atemorizado con  semejantes  "enemigos"?  ¿Y  cómo  no ibas  a  tener miedo de  ti  mismo?  Pues  te  has hecho  daño, y has  hecho de  tu Ser tu "enemigo".  Y  ahora  no puedes  sino creer  que  tú no eres  tú, sino algo  ajeno  a  ti  mismo, "algo  distinto",  "algo" que  hay que  temer en  vez  de  amar.  ¿Quién atacaría  lo  que  percibe  como completamente  inocente?  ¿Y  quién que  desease  atacar, podría  dejar  de sentirse  culpable  por abrigar ese  deseo, aunque  anhelase  la  inocencia?  Pues, ¿quién  podría considerar al  Hijo de  Dios  inocente  y al  mismo  tiempo  desear su muerte?  Cada  vez  que  contemplas a  tu hermano,  Cristo se  halla  ante  ti.  Él  no se  ha  marchado  porque  tus  ojos  estén cerrados. Mas  ¿qué podrías  ver si  buscas  a  tu Salvador  y lo contemplas  con ojos  que  no ven? 

3. No es  a  Cristo a  quien contemplas  cuando miras  de  esa  manera.  A  quien ves  es  al  "enemigo",  a quien  confundes  con Cristo.  Y  lo  odias  porque  no puedes  ver  en él  pecado alguno.  Tampoco oyes  su llamada  suplicante, cuyo  contenido  no cambia  sea  cual  sea  la  forma  en que  la  llamada  se  haga, rogándote  que  te  unas  a  él  en inocencia  y en paz. Sin embargo, tras  los  insensatos  alaridos  del  ego, tal  es  la  llamada  que  Dios  le  ha  encomendado  que  te  haga,  a  fin de  que  puedas  oír en  él  Su Llamada a  ti, y la  contestes  devolviéndole  a  Dios  lo  que  es  Suyo. 

4. El  Hijo de  Dios  sólo te  pide  esto:  que  le  devuelvas  lo que  es  suyo, para  que  así  puedas  participar de  ello con  él. Por separado ni  tú ni  él  lo tenéis.  Y  así, no os  sirve  de  nada  a  ninguno de  los  dos. Pero si  disponéis  de  ello  juntos, os  proporcionará  a  cada  uno de  vosotros  la  misma  fuerza  para salvar  al  otro  y para  salvarse  a  sí  mismo  junto con él. Si  lo perdonas,  tu salvador te  ofrece  salvación. Si  lo  condenas, te  ofrece  la  muerte. Lo  único que  ves  en  cada  hermano es  el  reflejo  de  lo que elegiste  que  él  fuese  para  ti.  Si  decides  contra  su verdadera  función  -la  única  que  tiene  en realidad- lo  estás  privando de  toda  la  alegría  que  habría  encontrado de  haber podido desempeñar el  papel  que Dios  le  encomendó.  Pero no pienses  que  sólo él  pierde  el  Cielo.  Y  éste  no se  puede  recuperar  a menos  que  le  muestres  el  camino  a  través  de  ti, para  que  así  tú  puedas  encontrarlo, caminando  con él. 

5. Su salvación no supone  ningún sacrificio  para  ti,  pues  mediante  su libertad  tú obtienes  la  tuya. Permitir  que  su función se  realice  es  lo que  permite  que  se  realice  la  tuya.  Y  así,  caminas  en dirección al Cielo o al infierno, pero no solo. ¡Cuán bella será su impecabilidad cuando la percibas! ¡Y cuán grande tu alegría cuando él sea libre para ofrecerte el don de la visión que Dios le dio para ti! Él no tiene otra necesidad que ésta: que le permitas completar la tarea que Dios le encomendó. Recuerda únicamente esto: que lo que él hace tú lo haces junto con él. Y tal como lo consideres, así definirás su función con respecto a ti hasta que lo veas de otra manera y dejes que él sea para ti lo que Dios dispuso que fuese. 

6. Frente al odio que el Hijo de Dios pueda tener contra sí mismo, se encuentra la creencia de que Dios es impotente para salvar lo que Él creó del dolor del infierno. Pero en el amor que él se muestra a sí mismo, Dios es liberado para que se haga Su Voluntad. Ves en tu hermano la imagen de lo que crees es la Voluntad de Dios para ti. Al perdonar entenderás cuánto te ama Dios, pero si atacas creerás que te odia, al pensar que el Cielo es el infierno. Mira a tu hermano otra vez, pero con el entendimiento de que él es el camino al Cielo o al infierno, según lo percibas. Y no te olvides de esto: el papel que le adjudiques se te adjudicará a ti, y por el camino que le señales caminarás tú también porque ése es tu juicio acerca de ti mismo. 

T25. IV. La luz que traes contigo


*T25. IV. La luz que traes contigo*

1. Las mentes que están unidas, y que reconocen que lo están, no pueden sentir culpabilidad. Pues no pueden atacar, y se regocijan de que así sea, al ver que su seguridad reside en ese hecho feliz. Su alegría radica en la inocencia que ven. Y por eso la buscan, puesto que su propósito es contemplarla y regocijarse. Todo el mundo anda en pos de lo que le proporcionaría alegría, según cada uno la define. No es el objetivo en sí lo que varía. Sin embargo, la manera en que se ve el objetivo es lo que determina la elección de los medios, y lo que hace que éstos no puedan cambiar a no ser que se cambie el objetivo. Si éste cambia, se escogen otros medios, ya que lo que ha de proporcionar felicidad se define de otra manera y se busca de forma distinta. 

2. Podría afirmarse, por lo tanto, que la ley básica de la percepción es: "Te regocijarás con lo que veas, pues lo ves para regocijarte". Y mientras creas que el sufrimiento y el pecado te pueden proporcionar alegría, seguirán estando ahí para que los veas. Nada es de por sí perjudicial o beneficioso a menos que así lo desees. Tu deseo es lo que determina los efectos que ha de tener en ti porque lo elegiste como un medio para obtener esos efectos, creyendo que eran los portadores del regocijo y de la felicidad. Esta ley rige incluso en el Cielo. El Hijo de Dios crea para ser feliz, puesto que comparte con su Padre el propósito que Éste tuvo al crearlo a fin de que su alegría fuese cada vez mayor y la de Dios junto con la suya. 

3. Tú que eres el hacedor de un mundo que no es cierto, descansa y halla solaz en otro mundo donde mora la paz. Ése es el mundo que le llevas a todos los ojos fatigados y a todos los corazones desfallecidos que contemplan el pecado y entonan su triste estribillo. De ti puede proceder su descanso. De ti puede surgir un mundo cuya contemplación los hará felices y donde sus corazones estarán rebosantes de dicha. De ti procede una visión que se extiende hasta todos ellos, y los envuelve con dulzura y luz. Y en este creciente mundo de luz, las tinieblas que ellos pensaban que estaban ahí se desplazan hasta convertirse en sombras lejanas y distantes, que no se recordarán por mucho tiempo una vez que el sol las haya desvanecido. Y todos sus pensamientos "malvados" y todas sus esperanzas "pecaminosas", sus sueños de culpabilidad y venganza despiadada, y todo deseo de herir, matar y morir, desaparecerán ante el sol que tú traes contigo. 

4. ¿No desearías hacer esto por el Amor de Dios? ¿Y por ti? Piensa en lo que ello representaría para ti. Pues los pensamientos "malvados" que ahora te atormentan te parecerán cada vez más remotos y alejados de ti. Y esto es así porque el sol que mora en ti ha despuntado para desvanecerlos con su luz. Persisten por un corto tiempo en formas enrevesadas, demasiado distantes como para que se puedan reconocer, y luego desaparecen para siempre. Y en la luz del sol te alzarás sereno, lleno de inocencia y sin temor alguno. Y desde ti, el descanso que encontraste se extenderá para que tu paz jamás pueda abandonarte y dejarte desamparado. Aquellos que ofrecen paz a todo el mundo han encontrado un hogar en el Cielo que el mundo no puede destruir. Pues es lo suficientemente grande como para contener al mundo entero dentro de su paz. 

5. En ti reside el Cielo en su totalidad. A cada hoja seca que cae se le confiere vida en ti. Cada pájaro que jamás cantó cantará de nuevo en ti. Y cada flor que jamás floreció ha conservado su perfume y hermosura para ti. ¿Qué objetivo puede suplantar a la Voluntad de Dios y a la de Su Hijo de que el Cielo le sea restituido a aquel para quien fue creado como su único hogar? No ha habido nada ni antes ni después. No ha habido ningún otro lugar, ningún otro estado ni ningún otro tiempo. Nada que esté más allá o más acá. Nada más. En ninguna forma. Esto se lo puedes brindar al mundo entero y a todos los pensamientos erróneos que se adentraron en él y permanecieron allí por un tiempo. ¿De qué mejor manera se podrían llevar tus propios errores ante la verdad, que estando dispuesto a llevar la luz del Cielo contigo, según te diriges más allá del mundo de las tinieblas hacia la luz?