miércoles, 14 de agosto de 2019

T25. III. Percepción y elección


*T25. III. Percepción y elección*

1. En  la  medida  en  que  atribuyas  valor a  la  culpabilidad, en esa  misma  medida  percibirás  un mundo en  el  que  el  ataque  está  justificado. En la  medida  en que  reconozcas  que  la  culpabilidad no tiene sentido,  en esa  misma  medida  percibirás  que  el  ataque  no puede  estar justificado.  Esto concuerda con  la  ley  fundamental  de  la  percepción:  ves  lo que  crees  que  está  ahí, y crees  que  está  ahí  porque quieres  que  lo esté.  La  percepción  no está  regida  por ninguna  otra  ley  que  ésa.  Todo  lo demás  se deriva  de  ella,  para  sustentarla  y darle  apoyo. Ésta  es  la  forma  que, ajustada  a  este  mundo, adopta  la percepción  de  la  ley más  básica  de  Dios:  que  el  amor  crea  amor y nada  más  que  amor.

2. Las leyes de Dios no pueden gobernar directamente en un mundo regido por la percepción, pues un mundo así no pudo haber sido creado por la Mente para la cual la percepción no tiene sentido. Sus leyes, no obstante, se ven reflejadas por todas partes. No es que el mundo donde se ven reflejadas sea real en absoluto. Es real sólo porque Su Hijo cree que lo es, y Dios no pudo permitirse a Sí Mismo separarse completamente de lo que Su Hijo cree. Él no pudo unirse a la demencia de Su Hijo, pero sí pudo asegurarse de que Su cordura lo acompañase siempre, para que no se pudiese perder eternamente en la locura de su deseo.

3. La percepción se basa en elegir, pero el conocimiento no. El conocimiento está regido por una sola ley porque sólo tiene un Creador. Pero este mundo fue construido por dos hacedores que no lo ven de la misma manera. Para cada uno de ellos el mundo tiene un propósito diferente, y es el medio perfecto para apoyar el objetivo para el que se percibe. Para aquel que desea ser especial, es el marco perfecto en el que manifestar su deseo: el campo de batalla perfecto para librar sus guerras y el refugio perfecto para las ilusiones que quiere hacer reales. No hay ninguna ilusión que en su percepción no sea válida ni ninguna que no esté plenamente justificada.

4. El mundo tiene otro Hacedor, el Corrector simultáneo de la creencia desquiciada de que es posible establecer y mantener algo sin un vínculo que lo mantenga dentro de las leyes de Dios, no como la ley en sí conserva al universo tal como Dios lo creó, sino en una forma que se adapte a las necesidades que el Hijo de Dios cree tener. No obstante, error corregido es error eliminado. Y de este modo, Dios ha seguido protegiendo a Su Hijo, incluso en su error.

5. En el mundo al que el error dio lugar existe otro propósito porque el mundo tiene otro Hacedor que puede reconciliar el objetivo del mundo con el propósito de Su Creador. En Su percepción del mundo, no hay nada que no justifique el perdón y la visión de la perfecta impecabilidad; nada que pueda ocurrir que no encuentre perdón instantáneo y total, ni nada que pueda permanecer un solo instante para empañar la impecabilidad que brilla inmutable más allá de los fútiles intentos del especialismo de expulsarla de la mente -donde no puede sino estar- e iluminar al cuerpo en su lugar. Los luceros del Cielo no son para que tu mente elija donde los quiere ver. Si elige verlos en otra parte que no sea su hogar, como si estuviesen arrojando su luz sobre un lugar donde jamás podrían estar, entonces el Hacedor del mundo tiene que corregir tu error, pues de otro modo te quedarías en las tinieblas, donde no hay luceros.

6. Todo aquel que se encuentra aquí ha venido a las tinieblas, pero nadie ha venido solo ni necesita quedarse más de un instante. Pues cada uno ha traído la Ayuda del Cielo consigo, lista para liberarlo de las tinieblas y llevarlo a la luz en cualquier momento. Esto puede ocurrir en cualquier momento que él decida, pues la ayuda está aquí, esperando tan sólo su decisión. Y cuando decida hacer uso de lo que se le dio, verá entonces que todas las situaciones que antes consideraba como medios para justificar su ira se han convertido en eventos que justifican su amor. Oirá claramente que las llamadas a la guerra que antes oía son realmente llamamientos a la paz. Percibirá que lo que antes atacó no es sino otro altar en el que puede, con la misma facilidad y con mayor dicha, conceder perdón. Y reinterpretará cualquier tentación simplemente como otra oportunidad más de ser feliz.

7. ¿Cómo podría ser que una percepción errónea fuese un pecado? Deja que todos los errores de tus hermanos sean para ti únicamente una oportunidad más de ver las obras del Ayudante que se te dio para que vieses el mundo que Él construyó en vez del tuyo. ¿Qué puede estar entonces justificado? ¿Qué es lo que quieres? Pues estas dos preguntas son lo mismo. Y cuando hayas visto que son lo mismo, habrás tomado una decisión. Pues ver ambas preguntas como una sola es lo que te libera de la creencia de que hay dos maneras de ver. Este mundo tiene mucho que ofrecerle a tu paz y son muchas las oportunidades que te brinda para extender tu perdón. Tal es el propósito que encierra para aquellos que desean ver la paz y el perdón descender sobre ellos y ofrecerles la luz.

8. El Hacedor del mundo de la mansedumbre tiene absoluto poder para contrarrestar el mundo de la violencia y del odio que parece interponerse entre Su mansedumbre y tú. Dicho mundo no existe ante Sus ojos perdonadores. Y por lo tanto, no tiene por qué existir ante los tuyos. El pecado es la creencia fija de que lo que se percibe no puede cambiar. Lo que ha sido condenado está condenado para siempre, al ser eternamente imperdonable. Si entonces se perdona, ello quiere decir que haberse percibido como un pecado tuvo que haber sido un error. Y es esto lo que hace que el cambio sea posible. El Espíritu Santo, asimismo, sabe que lo que Él ve se encuentra mucho más allá de cualquier posibilidad de cambio. Pero el pecado no puede inmiscuirse en Su visión, pues ha quedado corregido gracias a ella. Por lo tanto, tuvo que haber sido un error, no un pecado. Pues lo que el pecado afirmaba que nunca podría ocurrir, ha ocurrido. El pecado se ataca con castigos, y de esta manera se perpetúa. Mas perdonarlo es cambiar su estado, de manera que de ser un error pase a ser la verdad.

9. El Hijo de Dios no puede pecar, pero puede desear lo que le haría daño. Y tiene el poder de creer que puede ser herido. ¿Qué podría ser todo esto, sino una percepción falsa de sí mismo? ¿Y es esto acaso un pecado o simplemente un error? ¿Es perdonable? ¿Necesita él ayuda o condenación? ¿Es tu propósito que él se salve o que sea condenado? No olvides que lo que decidas que él es para ti, determinará tu futuro. Pues estás construyendo tu futuro ahora: el instante en el que todo el tiempo se convierte en un medio para alcanzar cualquier objetivo. Elige, pues, pero reconoce que mediante esa elección se elige el propósito del mundo que ves, el cual se justificará.

T25. II. El que te salva de las tinieblas


*T25. II. El que te salva de las tinieblas*

1. ¿No es  evidente  que  lo que  perciben los  ojos  del  cuerpo  te  infunde  miedo?  Tal  vez  pienses  que aún  puedes  encontrar  en ello  alguna  esperanza  de  satisfacción.  Tal  vez  tengas  fantasías  de  poder alcanzar  cierta  paz  y satisfacción en el  mundo tal  como  lo percibes. Mas  ya  tiene  que  ser evidente para  ti  que  el  desenlace  es  siempre  el  mismo.  A  pesar de  tus  esperanzas  y fantasías,  el  resultado final es  siempre  la  desesperación.  Y  en esto  no hay excepciones  ni  nunca  las  habrá.  Lo único  de  valor  que el  pasado te  puede  ofrecer  es  que  aprendas  que  jamás  te  dio ninguna  recompensa  que  quisieses conservar. Pues  sólo  así  estarás  dispuesto  a  renunciar  a  él  y a  que  desaparezca  para  siempre.

2. ¿No es  extraño  que  aún abrigues  esperanzas  de  hallar  satisfacción en  el  mundo que  ves?  Pues  se mire  como  se  mire,  tu recompensa, en todo  momento  y situación,  no ha  sido sino miedo y culpabilidad. ¿Cuánto tiempo necesitas  para  darte  cuenta  de  que  la  posibilidad de  que  esto cambie no justifica  el  que  sigas  posponiendo  el  cambio  que  puede  dar  lugar a  algo  mejor?  Pues  una  cosa  es segura:  la  manera  en  que  ves  y has  estado viendo  por largo tiempo, no te  ofrece  nada  en  que  basar tus  esperanzas  acerca  del  futuro ni  indicación alguna  de  que  vayas  a  tener  éxito.  Poner  tus esperanzas  en algo  que  no te  ofrece  ninguna  esperanza  no puede  sino hacerte  sentir desesperanzado. No obstante,  esta  desesperanza  es  tu elección, y persistirá  mientras  sigas  buscando esperanzas  allí donde  jamás  puede  haber ninguna.

3. Mas  ¿no es  cierto también  que  aparte  de  esto  has  encontrado  alguna  esperanza, un cierto vislumbre  -inconstante  y variable, aunque  levemente  visible- de  que  está  justificado  tener esperanzas  basándote  en razones  que  no son de  este  mundo?  Sin embargo, tu  esperanza  de  todavía poder  encontrar  esperanzas  en este  mundo te  impide  abandonar  la  infructuosa  e  imposible  tarea  que te  impusiste  a  ti  mismo. ¿Cómo  iba  a  tener  sentido albergar la  creencia  fija  de  que  hay razón para seguir  buscando  lo que  nunca  dio resultado,  basándose  en la  idea  de  que  de  repente  tendrá  éxito y te proporcionará  lo  que  nunca  antes  te  había  proporcionado?

4. En  el  pasado siempre  fracasó.  Alégrate  de  que  haya  desaparecido de  tu mente  y de  que  ya  no nuble  lo que  se  encuentra  allí.  No confundas  la  forma  con el  contenido,  pues  la  forma  no es  más  que un medio para  el  contenido.  Y  el  marco  no es  sino un medio para  sostener el  cuadro de  manera  que éste  se  pueda  ver.  Pero el  marco que  oculta  al  cuadro  no sirve  para  nada.  No puede  ser un marco  si eso es  lo que  ves. Sin el  cuadro,  el  marco no tiene  sentido,  pues  el  propósito  de  éste  es  realzar  el cuadro,  no a  sí  mismo.

5. ¿Quién  colgaría  un marco vacío  en la  pared y se  pararía  delante  de  él  contemplándolo  con la  más profunda  reverencia, como  si  de  una  obra  maestra  se  tratase?  Mas  si  ves  a  tu hermano  como un cuerpo,  eso es  lo que  estás  haciendo. La  obra  maestra  que  Dios  ha  situado dentro  de  este  marco es lo  único que  se  puede  ver. El  cuerpo  la  contiene  por un tiempo,  pero no la  empaña  en absoluto.  Mas lo  que  Dios  ha  creado  no necesita  marco,  pues  lo que  Él  ha  creado,  Él  lo apoya  y lo  enmarca  dentro de  Sí  Mismo.  Él  te  ofrece  Su obra  maestra  para  que  la  veas. ¿Preferirías  ver  el  marco  en su lugar y no ver  el  cuadro?

6. El  Espíritu  Santo es  el  marco  que  Dios  ha  puesto alrededor de  aquella  parte  de  Él  que  tú quisieras ver  como algo  separado. Ese  marco, no obstante, está  unido a  su Creador y es  uno con Él  y con Su obra  maestra.  Ése  es  su propósito,  y tú no puedes  convertir el  marco  en el  cuadro sólo porque  elijas ver  el  marco  en su lugar.  El  marco que  Dios  le  ha  proporcionado  apoya  únicamente  Su propósito, no el  tuyo separado  del  Suyo. Es  ese  otro propósito  que  tienes  lo que  empaña  el  cuadro,  y lo que, en lugar  de  éste,  tiene  al  marco en gran  estima.  Mas  Dios  ha  ubicado Su obra  maestra  en  un marco que durará  para  siempre, después  de  que  el  tuyo se  haya  desmoronado y convertido en  polvo. No creas, no obstante, que  el  cuadro será  destruido en modo  alguno. Lo  que  Dios  crea  está  a  salvo de  toda corrupción y permanece  inmutable  y perfecto  en la  eternidad.

7. Acepta el marco de Dios en vez del tuyo y verás la obra maestra. Contempla su belleza, y entiende la Mente que la concibió, no en carne y hueso, sino en un marco tan bello como Ella Misma. Su santidad ilumina la impecabilidad que el marco de las tinieblas oculta, y arroja un velo de luz sobre la faz del cuadro que no hace sino reflejar la luz que desde ella se irradia hacia su Creador. No creas que por haberla visto en un marco de muerte esta faz estuvo jamás nublada. Dios la mantuvo a salvo para que pudieses contemplarla y ver la santidad que Él le otorgó.

8. Vislumbra dentro de la obscuridad al que te salva de las tinieblas y entiende a tu hermano tal como te lo muestra la Mente de tu Padre. Al contemplarlo él emergerá de las tinieblas y ya nunca más verás la obscuridad. Las tinieblas no lo afectaron, como tampoco te afectaron a ti que lo extrajiste de ellas para poderlo contemplar. Su impecabilidad no hace sino reflejar la tuya. Su mansedumbre se vuelve tu fortaleza, y ambos miraréis en vuestro interior gustosamente y veréis la santidad que debe estar ahí por razón de lo que viste en él. Él es el marco en el que está montada tu santidad, y lo que Dios le dio tuvo que habérsete dado a ti. Por mucho que él pase por alto la obra maestra en sí mismo y vea sólo un marco de tinieblas, tu única función sigue siendo ver en él lo que él no ve. Y al hacer esto, compartes la visión que contempla a Cristo en lugar de a la muerte.

9. ¿Cómo no iba a complacer al Señor de los Cielos que aprecies Su obra maestra? ¿Qué otra cosa podría hacer sino darte las gracias a ti que amas a Su Hijo como Él lo ama? ¿No te daría a conocer Su Amor, sólo con que te unieses a Él para alabar lo que Él ama? Dios ama la creación como el perfecto Padre que es. Y de esta manera, Su alegría es total cuando cualquier parte de Él se une a Sus alabanzas y comparte Su alegría. Este hermano es el perfecto regalo que Él te hace. Y Dios se siente feliz y agradecido cuando le das las gracias a Su perfecto Hijo por razón de lo que es. Y todo Su agradecimiento y felicidad refulgen sobre ti que haces que Su alegría sea total, junto con Él. Y así, tu alegría se vuelve total. Aquellos cuya voluntad es que la felicidad del Padre sea total, y la suya junto con la de Él, no pueden ver ni un solo rayo de obscuridad. Dios Mismo ofrece Su gratitud libremente a todo aquel que comparte Su propósito. Su Voluntad no es estar solo. Ni la tuya tampoco.

10. Perdona a tu hermano, y no podrás separarte de él ni de su Padre. No necesitas perdón, pues los que son totalmente puros jamás han pecado. Da, entonces, lo que Él te ha dado, para que puedas ver que Su Hijo es uno, y dale gracias a su Padre como Él te las da a ti. No creas que Sus alabanzas no son para ti también. Pues lo que tú das es Suyo, y al darlo, comienzas a entender el don que Él te ha dado. Dale al Espíritu Santo lo que Él le ofrece al Padre y al Hijo por igual. Nada tiene poder sobre ti excepto Su Voluntad y la tuya, la cual no hace sino extender la Suya. Para eso fuiste creado, al igual que tu hermano, quien es uno contigo.

11. Sois lo mismo, tal como Dios Mismo es Uno, al no estar Su Voluntad dividida. Y no podéis sino tener un solo propósito, puesto que Él os dio el mismo propósito a ambos. Su Voluntad se unifica a medida que unes tu voluntad a la de tu hermano, a fin de que se restaure tu plenitud al ofrecerle a él la suya. No veas en él la pecaminosidad que él ve, antes bien, hónrale para que puedas apreciarte a ti mismo así como a él. Se os ha otorgado a cada uno de vosotros el poder de salvar, para que escapar de las tinieblas a la luz sea algo que podáis compartir, y para que podáis ver como uno solo lo que nunca ha estado separado ni excluido de todo el Amor de Dios, el cual Él da a todos por igual.

T25. I. El vínculo con la verdad


*T25. I. El vínculo con la verdad*


1. No puede  ser difícil  llevar a  cabo  la  tarea  que  Cristo te  encomendó,  pues  es  Él  quien  la desempeña.  Y  a  medida  que  la  llevas  a  cabo,  aprendes  que  el  cuerpo  sólo  aparenta  ser el  medio para ejecutarla.  Pues  la  Mente  es  Suya. Por lo tanto, tiene  que  ser tuya. Su santidad  dirige  al  cuerpo  a través  de  la  mente  que  es  una  con Él.  Y  tú te  pones  de  manifiesto ante  tu  santo  hermano,  tal  como él lo hace ante ti. He aquí el encuentro del santo Cristo Consigo Mismo, donde no se percibe ninguna diferencia que se interponga entre ninguno de los aspectos de Su santidad, los cuales se encuentran, se funden y elevan a Cristo hasta Su Padre, íntegro, puro y digno de Su Amor eterno.

2. ¿De qué otra manera podrías poner de manifiesto al Cristo en ti, sino contemplando la santidad y viéndolo a Él en ella? La percepción te dice que tú te pones de manifiesto en lo que ves. Si contemplas el cuerpo, creerás que ahí es donde te encuentras tú. Y todo cuerpo que veas te recordará a ti mismo: tu pecaminosidad, tu maldad, pero sobre todo, tu muerte. ¿No aborrecerías e incluso intentarías matar a quien te dijese algo así? El mensaje y el mensajero son uno. Y no puedes sino ver a tu hermano como te ves a ti mismo. Enmarcado en su cuerpo verás su pecaminosidad, en la que tú te alzas condenado. En su santidad, el Cristo en él se proclama a Sí Mismo como lo que eres tú.

3. La percepción es la elección de lo que quieres ser, del mundo en el que quieres vivir y del estado en el que crees que tu mente se encontrará contenta y satisfecha. La percepción elige donde crees que reside tu seguridad, de acuerdo con tu decisión. Te revela lo que eres tal como tú quieres ser. Y es siempre fiel a tu propósito, del que nunca se aparta, y no da el más mínimo testimonio de nada que no esté de acuerdo con el propósito de tu mente. Lo que percibes es parte de lo que tienes como propósito contemplar, pues los medios y el fin no están nunca separados. Y así aprendes que lo que parece tener una vida aparte en realidad no tiene vida en absoluto.

4. Tú eres el medio para llegar a Dios; no estás separado ni tienes una vida aparte de la Suya. Su Vida se pone de manifiesto en ti que eres Su Hijo. Cada uno de Sus aspectos está enmarcado en santidad y pureza perfectas, y en un amor celestial tan absoluto que sólo anhela liberar todo lo que contempla para que se una a él. Su resplandor brilla a través de cada cuerpo que contempla, y lleva toda la obscuridad de éstos ante la luz al mirar simplemente más allá de ella hacia la luz. El velo se descorre mediante su ternura y nada oculta la faz de Cristo de los que la contemplan. Tu hermano y tú os encontráis ante Él ahora, para dejar que Él descorra el velo que parece manteneros separados y aparte.

5. Puesto que crees estar separado, el Cielo se presenta ante ti como algo separado también. No es que lo esté realmente, sino que se presenta así a fin de que el vínculo que se te ha dado para que te unas a la verdad pueda llegar hasta ti a través de lo que entiendes. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son Uno, de la misma manera en que todos tus hermanos están unidos en la verdad cual uno. Cristo y Su Padre jamás han estado separados, y Cristo mora en tu entendimiento, en aquella parte de ti que comparte la Voluntad de Su Padre. El Espíritu Santo es el vínculo entre la otra parte -el demente y absurdo deseo de estar separado, de ser diferente y especial- y el Cristo, para hacer que la unicidad le resulte clara a lo que es realmente uno. En este mundo esto no se entiende, pero se puede enseñar.

6. El Espíritu Santo apoya el propósito de Cristo en tu mente, de forma que tu deseo de ser especial pueda ser corregido allí donde se encuentra el error. Debido a que Su propósito sigue siendo el mismo que el del Padre y el del Hijo, Él conoce la Voluntad de Dios, así como lo que tú realmente quieres. Pero esto sólo lo puede comprender la mente que se percibe a sí misma como una, y que, consciente de que es una, lo experimenta así. La función del Espíritu Santo es enseñarte cómo experimentar esta unicidad, qué tienes que hacer para experimentarla y adónde debes dirigirte para lograrlo.

7. De acuerdo con esto, se considera al tiempo y al espacio como si fueran distintos, pues mientras pienses que una parte de ti está separada, el concepto de una unicidad unida cuál una sola no tendrá sentido. Es obvio que una mente así de dividida jamás podría ser el maestro de la Unicidad que une a todas las cosas dentro de Sí. Y, por lo tanto, lo que está dentro de esta mente, y en efecto une a todas las cosas, no puede sino ser su Maestro. Él necesita, no obstante, utilizar el idioma que dicha mente entiende, debido a la condición en que esta mente cree encontrarse. Y tiene que valerse de todo lo que ella ha aprendido para transformar las ilusiones en verdad y eliminar todas tus falsas ideas acerca de lo que eres, a fin de conducirte allende la verdad que se encuentra más allá de ellas. Todo lo  cual  puede  resumirse  muy  simplemente  de  la  siguiente  manera:  Lo  que  es  lo mismo  no puede  ser diferente, y lo que  es  uno no puede  tener  partes  separadas.

25. LA JUSTICIA DE DIOS: Introducción


*25. LA JUSTICIA DE DIOS*

*Introducción* 

1. El Cristo en ti no habita en un cuerpo. Sin embargo, está en ti. De ello se deduce, por lo tanto, que no estás dentro de un cuerpo. Lo que se encuentra dentro de ti no puede estar afuera. Y es cierto que no puedes estar aparte de lo que constituye el centro mismo de tu vida. Lo que te da vida no puede estar alojado en la muerte, de la misma manera en que tú tampoco puedes estarlo. Cristo se encuentra dentro de un marco de santidad cuyo único propósito es permitir que Él se pueda poner de manifiesto ante aquellos que no le conocen y así llamarlos a que vengan a Él y lo vean allí donde antes creían estaban sus cuerpos. Sus cuerpos entonces desaparecerán, de modo que Su santidad pase a ser su marco.

2. Nadie que lleve a Cristo dentro de sí puede dejar de reconocerlo en ninguna parte. Excepto en cuerpos. Pero mientras alguien crea estar en un cuerpo, Cristo no podrá estar donde él cree estar. Y así, lo llevará consigo sin darse cuenta, pero no lo pondrá de manifiesto. Y de este modo no reconocerá dónde se encuentra. El hijo del hombre no es el Cristo resucitado. El Hijo de Dios, no obstante, mora exactamente donde el hijo del hombre está, y camina con él dentro de su santidad, la cual es tan fácil de ver como lo es la manifestación de su deseo de ser especial en su cuerpo. 3. El cuerpo no tiene necesidad de curación. Pero la mente que cree ser un cuerpo, ciertamente está enferma. Y aquí es donde Cristo suministra el remedio. Su propósito envuelve al cuerpo en Su luz y lo llena con la santidad que irradia desde Él. Y nada que el cuerpo diga o haga deja de ponerlo a Él de manifiesto. De este modo, el cuerpo lleva a Cristo, dulce y amorosamente, ante aquellos que no lo conocen, para así sanar sus mentes. Tal es la misión que tu hermano tiene con respecto a ti. Y tu misión con respecto a él no puede sino ser la misma.

lunes, 5 de agosto de 2019

Lección 230. Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios


*Lección 230. Ahora buscaré y hallaré la paz de Dios*

1. Fui creado en la paz. Y en la paz permanezco. No me ha sido dado poder cambiar mi Ser. ¡Cuán misericordioso es Dios mi Padre, que al crearme me dio la paz para siempre! Ahora sólo pido ser lo que Soy. ¿Y podría negárseme eso cuando es eternamente verdad? 

2. Padre, busco la paz que Tú me diste al crearme. Lo que se me dio entonces tiene que encontrarse aquí ahora, pues mi creación fue algo aparte del tiempo y aún sigue siendo inmune a todo cambio. La paz en la que Tu Hijo nació en Tu Mente aún resplandece allí sin haber cambiado. Soy tal como Tú me creaste. Sólo necesito invocarte para hallar la paz que Tú me diste. Es Tu Voluntad la que se la dio a Tu Hijo.




Lección 229. El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy


*Lección 229. El Amor, que es lo que me creó, es lo que soy*

1. Busco mi verdadera Identidad, y la encuentro en estas palabras: "Soy Amor, pues el Amor fue lo que me creó". Ahora no necesito buscar más. El Amor ha prevalecido. Ha esperado tan quedamente mi regreso a casa, que ya no me volveré a apartar de la santa faz de Cristo. Y lo que contemple dará testimonio de la verdad de la Identidad que procuré perder, pero que mi Padre conservó a salvo para mí. 

2. Padre, te doy gracias por lo que soy, por haber conservado mi Identidad inalterada e impecable en medio de todos los pensamientos de pecado que mi alocada mente inventó. Y te doy gracias también por haberme salvado de ellos. Amén.




Lección 228. Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar


*Lección 228. Dios no me ha condenado. Por lo tanto, yo tampoco me he de condenar*

1. Mi Padre conoce mi santidad. ¿Debo acaso negar Su conocimiento y creer en lo que Su conocimiento hace que sea imposible? ¿Y debo aceptar como verdadero lo que Él proclama que es falso? ¿O debo más bien aceptar Su Palabra de lo que soy, toda vez que Él es mi Creador y el que conoce la verdadera condición de Su Hijo? 

2. Padre, estaba equivocado con respecto a mí mismo porque no reconocía la Fuente de mi procedencia. No me he separado de ella para adentrarme en un cuerpo y morir. Mi santidad sigue siendo parte de mí, tal como yo soy parte de Ti. Mis errores acerca de mí mismo son sueños. Hoy los abandono. Y ahora estoy listo para recibir únicamente Tu Palabra acerca de lo que realmente soy.




Lección 227. Éste es el instante santo de mi liberación


*Lección 227. Éste es el instante santo de mi liberación*

1. Padre, hoy es el día en que me libero porque mi voluntad es la Tuya. Pensé hacer otra voluntad. Sin embargo, nada de lo que pensé aparte de Ti existe. Y soy libre porque estaba equivocado y las ilusiones que abrigaba no afectaron en modo alguno mi realidad. Ahora renuncio a ellas y las pongo a los pies de la verdad, a fin de que sean para siempre borradas de mi mente. Éste es el instante santo de mi liberación. Padre, sé que mi voluntad es una con la Tuya.

2. Y de esta manera, nos encontramos felizmente de vuelta en el Cielo, del cual realmente jamás nos ausentamos. En este día el Hijo de Dios abandona sus sueños. En este día el Hijo de Dios regresa de nuevo a su hogar, liberado del pecado y revestido de santidad, habiéndosele restituido finalmente su mente recta.




Lección 226. Mi hogar me aguarda. Me apresuraré a llegar a él


*Lección 226. Mi hogar me aguarda. Me apresuraré a llegar a él*

1. Puedo abandonar este mundo completamente, si así lo decido. No mediante la muerte, sino mediante un cambio de parecer con respecto al propósito del mundo. Si creo que tal como lo veo ahora tiene valor, así seguirá siendo para mí. Mas si tal como lo contemplo no veo nada de valor en él, ni nada que desee poseer, ni ninguna meta que anhele alcanzar, entonces ese mundo se alejará de mí. Pues no habré intentado reemplazar la verdad con ilusiones. 

2. Padre, mi hogar aguarda mi feliz retorno. Tus Brazos están abiertos y oigo Tu Voz. ¿Qué necesidad tengo de prolongar mi estadía en un lugar de vanos deseos y de sueños frustrados cuando con tanta facilidad puedo alcanzar el Cielo?



Lección 225. Dios es mi Padre, y Su Hijo lo ama


*Lección 225. Dios es mi Padre, y Su Hijo lo ama*

1. Padre, no puedo sino corresponder a Tu Amor, pues dar es lo mismo que recibir y Tú me has dado todo Tu Amor. Tengo que corresponder a él, pues quiero tener plena conciencia de que es mío, de que arde en mi mente y de que, en su benéfica luz, la mantiene inmaculada, amada, libre de miedo y con un porvenir en el que sólo se puede perfilar paz. ¡Cuán apacible es el camino por el que a Tu amoroso Hijo se le conduce hasta Ti! 

2. Hermano mío, ahora hallamos esa quietud. El camino está libre y despejado. Ahora lo recorremos juntos y en paz. Tú me has tendido la mano, y yo nunca te abandonaré. Somos uno, y es sólo esta unidad lo que buscamos a medida que damos los últimos pasos con los que concluye una jornada que nunca comenzó.




Lección 224. Dios es mi Padre y Él ama a Su Hijo


*Lección 224. Dios es mi Padre y Él ama a Su Hijo*

1. Mi verdadera Identidad es tan invulnerable, tan sublime e inocente, tan gloriosa y espléndida y tan absolutamente benéfica y libre de culpa, que el Cielo la contempla para que ella lo ilumine. Ella ilumina también al mundo. Mi verdadera Identidad es el regalo que mi Padre me hizo y el que yo a mi vez le hago al mundo. No hay otro regalo, salvo éste, que se puede dar o recibir. Mi verdadera identidad y sólo Ella es la realidad. Es el final de las ilusiones. Es la verdad. 

2. Mi nombre, ¡oh Padre!, todavía te es conocido. Yo lo he olvidado, y no sé adónde me dirijo, quién soy, ni qué es lo que debo hacer. Recuérdamelo ahora, Padre, pues estoy cansado del mundo que veo. Revélame lo que Tú deseas que vea en su lugar.




Lección 223. Dios es mi vida. No tengo otra vida que la Suya


*Lección 223. Dios es mi vida. No tengo otra vida que la Suya*

1. Estaba equivocado cuando pensaba que vivía separado de Dios, que era una entidad aparte que se movía por su cuenta, desvinculada y encasillada en un cuerpo. Ahora sé que mi vida es la de Dios, que no tengo otro hogar y que no existo aparte de Él. Él no tiene Pensamientos que no sean parte de mí, y yo no tengo ningún pensamiento que no sea de Él.

2. Padre nuestro, permítenos contemplar la faz de Cristo en lugar de nuestros errores. Pues nosotros que somos Tu santo Hijo somos incapaces de pecar. Queremos contemplar nuestra inocencia, pues la culpabilidad proclama que no somos Tu Hijo. Y no queremos seguir relegándote al olvido, pues nos sentimos solos aquí y anhelamos estar en el Cielo, que es nuestro hogar. Queremos regresar hoy. Nuestro Nombre es el Tuyo, y reconocemos que somos Tu Hijo.