jueves, 6 de junio de 2019

T18. II. La base del sueño


*T18. II. La base del sueño*

1. ¿No es  acaso  cierto  que  de  los  sueños  surge  un mundo  que  parece  ser muy real?  Mas  examina  lo que  es  ese  mundo. Obviamente  no es  el  mundo que  viste  antes  de  irte  a  dormir.  Es  más  bien  una distorsión  de  él, urdida  exclusivamente  en  torno a  lo que  tú hubieses  preferido que  ocurriese. En él eres  "libre" para  reconstruir  lo que  parecía  atacarte,  y convertirlo en un tributo a  tu ego, que  se indignó  por el  "ataque".  Ése  no sería  tu  deseo a  menos  que  no te  identificases  a  ti  mismo con  el  ego, que  siempre  se  ve  a  sí  mismo, y,  por lo tanto,  a  ti,  como sometido a  un constante  ataque  y sumamente  vulnerable  a  él.

2. Los  sueños  son caóticos  porque  están regidos  por tus  deseos  conflictivos, y así, lo  que  es  verdad les  trae  sin cuidado. Son el  mejor ejemplo  de  cómo  se  puede  utilizar la  percepción  para  substituir a la  verdad por ilusiones.  Al  despertar no los  tomas  en serio, pues  el  hecho de  que  la  realidad  se  viola tan  radicalmente  en  ellos  resulta  evidente.  Sin embargo, son una  manera  de  ver  el  mundo  y de cambiarlo para  que  se  adapte  mejor  al  ego.  Son ejemplos  impresionantes, tanto  de  la  incapacidad del  ego para  tolerar  la  realidad,  como del  hecho de  que  tú estás  dispuesto  a  cambiar la  realidad para beneficiarlo a  él.

3. La  diferencia  entre  lo  que  ves  en sueños  y lo que  ves  al  despertar  no te  resulta  inquietante. Reconoces  que  lo  que  ves  al  despertar se  desvanece  en los  sueños.  Al  despertar,  no obstante,  no esperas  que  haya  desaparecido. En  los  sueños  eres  tú  quien determina  todo. Las  personas  se convierten  en lo que  tú quieres  que  sean y hacen  lo que  tú les  ordenas. No se  te  impone  ningún límite  en cuanto a  las  substituciones  que  puedes  llevar a  cabo.  Por algún tiempo  parece  como si  se te  hubiese  dado  el  mundo  para  que  hicieses  de  él  lo que  se  te  antojase. No te  das  cuenta  de  que  lo estás  atacando  y tratando  de  subyugarlo para  que  se  avenga  a  tus  deseos.

4. Los  sueños  son desahogos  emocionales  en el  nivel  de  la  percepción  en los  que  literalmente profieres  a  gritos:  "¡Quiero  que  las  cosas  sean así!"  Y  aparentemente  lo consigues. Mas  los  sueños son inseparables  de  su fuente.  La  ira  y el  miedo los  envuelven, y en  cualquier instante  la  ilusión  de satisfacción  puede  ser invadida  por la  ilusión de  terror.  Pues  el  sueño de  que  tienes  la  capacidad de controlar la  realidad y de  substituirla  por un mundo que  prefieres  es  aterrante.  Tus  intentos  de eliminar la  realidad son aterradores, pero no estás  dispuesto a  aceptar esto. Por lo tanto, lo substituyes  con la  fantasía  de  que  la  realidad  es  lo que  es  aterrador,  y no lo que  tú  quieres  hacer  de ella.  Y  de  este  modo la  culpabilidad  se  vuelve  real.

5. Los  sueños  te  muestran que  tienes  el  poder de  construir un mundo a  tu gusto, y que  por el  hecho de  desearlo lo  ves.  Y  mientras  lo  ves  no dudas  de  que  sea  real. Mas  he  ahí  un mundo,  que  aunque claramente  existe  sólo en  tu mente, parece  estar  afuera. No reaccionas  ante  él  como si  tú  mismo lo hubieses  construido, ni  te  das  cuenta  de  que  las  emociones  que  el  sueño  suscita  no pueden  sino proceder de  ti.  Los  personajes  del  sueño y sus  acciones  parecen dar lugar al  sueño.  No te  das  cuenta de  que  eres  tú el  que  los  hace  actuar  por ti,  ya  que, si  fueses  tú el  que  actuase, la  culpa  no recaería sobre  ellos, y la  ilusión de  satisfacción  desaparecería. Estos  hechos  no son ambiguos  en los  sueños. Pareces  despertar,  y el  sueño desaparece. Pero lo  que  no reconoces  es  que  lo que  dio  origen al  sueño no desapareció  con él.  Tu deseo de  construir otro  mundo que  no es  real  sigue  vivo en  ti.  Y  pareces despertar a lo que no es sino otra forma de ese mismo mundo que viste en tus sueños. Estás soñando continuamente. Lo único que es diferente entre los sueños que tienes cuando duermes y los que tienes cuando estás despierto es la forma que adoptan, y eso es todo. Su contenido es el mismo. Constituyen tu protesta contra la realidad, y tu idea fija y demente de que la puedes cambiar. En los sueños que tienes mientras estás despierto, la relación especial ocupa un lugar especial. Es el medio con el que tratas de que los sueños que tienes mientras duermes se hagan realidad. De esto no puedes despertar. La relación especial representa tu resolución de mantenerte aferrado a la irrealidad, y de impedirte a ti mismo despertar. Y mientras le otorgues más valor a estar dormido que a estar despierto, no querrás despertar.

6. El Espíritu Santo, siempre práctico en Su sabiduría, acepta tus sueños y los emplea en beneficio de tu despertar. Tú te habrías valido de ellos para seguir durmiendo. Dije antes que el primer cambio que tiene que producirse antes de que los sueños desaparezcan, es que tus sueños de miedo se conviertan en sueños felices. Eso es lo que el Espíritu Santo hace en la relación especial. No la destruye ni te priva de ella. Pero sí la usa de manera diferente, a fin de ayudarte a que Su propósito se vuelva real para ti. Seguirás teniendo una relación especial, pero no será una fuente de dolor o de culpabilidad, sino de dicha y liberación. No será sólo para ti, pues en eso reside su infortunio. De la misma manera en que su falta de santidad la mantiene como algo aparte, su estado de santidad la convierte en una ofrenda para todo el mundo.

7. Tu relación especial se convertirá en el medio de erradicar la culpabilidad en todos los que son bendecidos a través de tu relación santa. Será un sueño feliz, y uno que compartirás con todo aquel que se cruce en tu camino. La bendición que el Espíritu Santo ha derramado sobre tu relación santa se extenderá a través de ella. No creas que Él se ha olvidado de nadie en el propósito que te ha dado. Y no pienses que se ha olvidado de ti a quien Él dio el regalo. Él se vale de todo aquel que lo invoca como medio para la salvación de todos. Y Él los despertará a través de ti que le ofreciste tu relación a Él. ¡Si tan sólo reconocieses Su gratitud! ¡O la mía a través de la Suya! Pues estamos unidos en un solo propósito, al ser de un mismo sentir con Él.

8. No permitas que el sueño se apodere de ti y te haga cerrar los ojos. No es extraño que los sueños puedan dar lugar a un mundo irreal. Lo que sí es increíble es que tengas el deseo de hacer eso. Tu relación con tu hermano se ha convertido en una relación en la que ese deseo ha sido eliminado, pues su propósito ha sido trocado de uno de sueños a uno de verdad. Mas no estás seguro de esto porque piensas que quizá eso sea lo que es el sueño. Estás tan acostumbrado a elegir entre sueños, que no te das cuenta de que por fin has elegido entre la verdad y todas las ilusiones.

9. El Cielo, no obstante, es algo seguro. Esto no es un sueño. Su llegada significa que has elegido la verdad, y que ésta ha llegado porque has estado dispuesto a permitir que tu relación especial satisfaga sus condiciones. El Espíritu Santo ha depositado dulcemente el mundo real en tu relación: el mundo de sueños felices, desde los cuales despertar es algo tan fácil y natural. Pues del mismo modo en que los sueños que tienes cuando estás dormido y los que tienes cuando estás despierto son una representación de los deseos que albergas en tu mente, así también el mundo real y la verdad del Cielo están unidos en la Voluntad de Dios. El sueño del despertar se convierte fácilmente en realidad. Pues ese sueño refleja tu voluntad unida a la Voluntad de Dios. Y lo que esta Voluntad dispone que se haga jamás ha dejado de hacerse.

T18. I. El substituto de la realidad


*18. EL FINAL DEL SUEÑO*


*T18. I. El substituto de la realidad*


1. Substituir es aceptar una cosa por otra. Sólo con que examinases exactamente lo que esto implica, percibirías de inmediato cuánto difiere del objetivo que el Espíritu Santo te ha dado y quiere alcanzar por ti. Substituir es elegir entre dos opciones, renunciando a un aspecto de la Filiación en favor de otro. Para este propósito especial, uno de ellos se juzga como más valioso y reemplaza al otro. La relación en la que la substitución tuvo lugar queda de este modo fragmentada, y, consecuentemente, su propósito queda dividido. Fragmentar es excluir, y la substitución es la defensa más potente que el ego tiene para mantener vigente la separación.

2. El Espíritu Santo nunca utiliza substitutos. En cualquier situación en la que el ego percibe a una persona como substituto de otra, el Espíritu Santo sólo ve su unión e indivisibilidad. Él no elige entre ellas, pues sabe que son una sola. Al estar unidas, son una sola porque son lo mismo. La substitución es claramente un proceso en el que se perciben como si fuesen diferentes. El deseo del Espíritu Santo es unir; el del ego, separar. Nada puede interponerse entre lo que Dios ha unido y el Espíritu Santo considera uno. Pero todo parece interponerse en las relaciones fragmentadas que el ego patrocina a fin de destruirlas.

3. La única emoción en la que la substitución es imposible es el amor. El miedo, por definición, conlleva substitución, pues es el substituto del amor. El miedo es una emoción fragmentada y fragmentante. Parece adoptar muchas formas y cada una parece requerir el que uno actúe de modo diferente para poder obtener satisfacción. Si bien esto parece dar lugar a un comportamiento muy variable, un efecto mucho más serio reside en la percepción fragmentada de la que procede dicho comportamiento. No se considera a nadie como un ser completo. Se hace hincapié en el cuerpo, y se le da una importancia especial a ciertas partes de éste, las cuales se usan como baremo de comparación, ya sea para aceptar o para rechazar, y así expresar una forma especial de miedo.

4. Tú que crees que Dios es miedo tan sólo llevaste a cabo una substitución. Ésta ha adoptado muchas formas porque fue la substitución de la verdad por la ilusión; la de la plenitud por la fragmentación. Dicha substitución a su vez ha sido tan desmenuzada y subdividida, y dividida de nuevo una y otra vez, que ahora resulta casi imposible percibir que una vez fue una sola y que todavía sigue siendo lo que siempre fue. Ese único error, que llevó a la verdad a la ilusión, a lo infinito a lo temporal, y a la vida a la muerte, fue el único que jamás cometiste. Todo tu mundo se basa en él. Todo lo que ves lo refleja, y todas las relaciones especiales que jamás entablaste proceden de él.

5. Tal vez te sorprenda oír cuán diferente es la realidad de eso que ves. No te das cuenta de la magnitud de ese único error. Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino surgir un mundo totalmente irreal. ¿Qué otra cosa sino podía haber surgido de él? A medida que empieces a examinar sus aspectos fragmentados te darás cuenta de que son bastante temibles. Pero nada que hayas visto puede ni remotamente empezar a mostrarte la enormidad del error original, el cual pareció expulsarte del Cielo, fragmentar el conocimiento convirtiéndolo en inútiles añicos de percepciones desunidas y forzarte a llevar a cabo más substituciones.

6. Ésa fue la primera proyección del error al exterior. El mundo surgió para ocultarlo, y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó, la cual se interpuso entre la verdad y tú. Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento. ¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está invertido y al revés? Eso fue inevitable. Pues si se llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda proyección mediante la cual este mundo fue construido. No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. Pero sobre todo, no le tengas miedo.

7. Cuando te parezca ver alguna forma distorsionada del error original tratando de atemorizarte, di únicamente: "Dios es Amor y el miedo no forma parte de Él", y desaparecerá. La verdad te salvará, pues no te ha abandonado para irse al mundo demente y así apartarse de ti. En tu interior se encuentra la cordura; la demencia, fuera de ti. Pero tú crees que es al revés: que la verdad se encuentra afuera y el error y la culpabilidad adentro. Tus míseras e insensatas substituciones, trastocadas por la locura y formando torbellinos que se mueven sin rumbo cual plumas arrastradas por el viento, son insubstanciales. Se funden, se juntan y se separan, de acuerdo con patrones cambiantes que no tienen sentido y que no tienen que ser juzgados en absoluto. No tiene objeto juzgarlos individualmente. Las insignificantes diferencias que en lo relativo a la forma parece haber entre ellas no son diferencias reales en absoluto. Ninguna de tus substituciones tiene importancia. Eso es lo único que tienen en común, nada más. Sin embargo, ¿qué otra cosa es necesaria para hacer que todas sean lo mismo?

8. Deja que se las lleve el viento, formando torbellinos y dando tumbos hasta que se pierdan de vista, lejos, muy lejos de ti. Y vuélvete hacia la majestuosa calma interna, donde en santa quietud mora el Dios viviente que nunca abandonaste y que nunca te abandonó. El Espíritu Santo te lleva dulcemente de la mano, y desanda contigo el camino recorrido en el absurdo viaje que emprendiste fuera de ti mismo, conduciéndote con gran amor de vuelta a la verdad y a la seguridad de tu interior. Él lleva ante la verdad todas tus dementes proyecciones y todas tus descabelladas substituciones, las cuales ubicaste fuera de ti. Así es como Él invierte el curso de la demencia y te devuelve a la razón.

9. En tu relación con tu hermano, donde el Espíritu Santo se ha hecho cargo de todo a petición tuya, Él ha fijado el rumbo hacia adentro, hacia la verdad que compartís. En el demente mundo de afuera nada se puede compartir, sino únicamente substituir. En la realidad, compartir y substituir no tienen absolutamente nada en común. Dentro de ti amas a tu hermano con un amor perfecto. Ésa es tierra santa en la que ninguna substitución puede tener lugar y donde sólo la verdad de tu hermano puede morar. Ahí estáis unidos en Dios, tan unidos como lo estáis con Él. El error original jamás llegó hasta ahí, ni lo hará jamás. Ahí reside la verdad radiante, a la que el Espíritu Santo ha confiado tu relación. Deja que Él la lleve ahí, donde tú quieres que esté. Ofrécele un poco de fe en tu hermano, para ayudarle a que te muestre que ningún substituto del Cielo que hayas inventado puede excluirte de éste.

10. En ti no hay separación, y no hay substituto que pueda mantenerte separado de tu hermano. Tu realidad fue la creación de Dios, la cual no tiene substituto. Estáis tan firmemente unidos en la verdad, que sólo Dios mora allí. Y Él jamás aceptaría otra cosa en lugar de vosotros. Él os ama a los dos por igual y cual uno Solo. Y tal como Él os ama, así sois. Vosotros no estáis unidos en ilusiones, sino en un Pensamiento tan santo y tan perfecto que las ilusiones no pueden permanecer allí para mancillar el santo lugar donde os encontráis unidos. Dios está contigo, hermano mío. Unámonos en Él en paz y con gratitud, y aceptemos Su regalo como nuestra más santa y perfecta realidad, la cual compartimos con Él.

11. El Cielo le es restituido a toda la Filiación a través de tu relación, pues en ella reside la Filiación, íntegra y hermosa, y a salvo en tu amor. El Cielo ha entrado silenciosamente, pues todas las ilusiones han sido llevadas dulcemente ante la verdad en ti, y el amor ha refulgido sobre ti, bendiciendo tu relación con la verdad. Dios y toda Su creación han entrado a formar parte de ella juntos. ¡Cuán santa y hermosa es vuestra relación, la cual la verdad ilumina! El Cielo la contempla y se regocija de que lo hayas dejado venir a ti. Y Dios Mismo se alegra de que tu relación siga siendo tal como fue creada. El universo que se encuentra dentro de ti se une a ti junto con tu hermano. Y el Cielo contempla con amor aquello que está unido en él, junto con su Creador.

12. Aquel a quien Dios ha llamado no debe prestar oídos a ningún substituto. La llamada de los substitutos no es más que el eco del error original que fragmentó el Cielo. ¿Y qué fue de la paz de los que prestaron oídos a dicha llamada? Regresa conmigo al Cielo, y caminando junto con tu hermano ve a otro mundo más allá de éste, hasta llegar a la belleza y alegría que ese otro mundo te ofrece. ¿Quieres debilitar y fragmentar aún más lo que ya se encuentra fragmentado y sin esperanzas? ¿Es ahí donde buscarías la felicidad? ¿No preferirías acaso reparar lo que ha sido quebrantado y unirte a la cruzada para devolverle la plenitud a lo que fue asolado por la separación y la enfermedad?

13. Has sido llamado, junto con tu hermano, a la más santa función que este mundo puede ofrecer. Ésa es la única función que no tiene límites, y que llega hasta cada uno de los fragmentos de la Filiación cual auxilio sanador y unificador. Esto es lo que se te ofrece en tu relación santa. Acéptalo ahora, y lo darás tal como lo has recibido. La paz de Dios se te da con el luminoso propósito en el que te unes a tu hermano. La santa luz que os unió tiene que extenderse, de la misma forma en que la aceptasteis.

lunes, 3 de junio de 2019

T17. VIII. Las condiciones de la paz


*T17. VIII. Las condiciones de la paz*

1. El  instante  santo no es  más  que  un caso especial, un ejemplo  extremo,  de  lo  que  toda  situación debería  ser.  El  significado que  el  propósito  del  Espíritu Santo  le  ha  dado  al  instante  santo,  se  le  da también  a  toda  situación.  El  instante  santo suscita  la  misma  suspensión de  falta  de  fe  -que  se rechaza  y no se  utiliza- para  que  la  fe  pueda  responder  a  la  llamada  de  la  verdad. El  instante  santo  es el  ejemplo supremo,  la  demostración  clara  e  inequívoca  del  significado de  toda  relación y de  toda situación cuando  se  ven como  un todo. La  fe  ha  aceptado todos  los  aspectos  de  la  situación,  y la falta  de  fe  no ha  impuesto el  que  nada  se  vea  excluido de  ella. Es  una  situación  de  perfecta  paz, debido  simplemente  a  que  la  has  dejado  ser lo que  es.

2. Esta  simple  cortesía  es  todo lo que  el  Espíritu Santo  te  pide:  que  dejes  que  la  verdad sea  lo  que es. No intervengas, no la  ataques, ni  interrumpas  su llegada.  Deja  que  envuelva  cada  situación  y que te  brinde  paz.  Ni  siquiera  se  te  pide  que  tengas  fe, pues  la  verdad  no pide  nada.  Déjala  entrar, y ella invocará  la  fe  que  necesitas  para  gozar de  paz, y se  asegurará  de  que  dispongas  de  ella.  Pero no te alces  contra  ella, pues  no puede  hacer acto de  presencia  si  te  opones  a  ella.

3. ¿No desearías  hacer  de  toda  situación  un instante  santo?  Pues  tal  es  el  regalo de  la  fe, que  se  da libremente  dondequiera  que  la  falta  de  fe  se  deja  a  un lado  sin usar.  El  poder  del  propósito  del Espíritu Santo  puede  usarse  entonces  en su lugar.  Este  poder transforma  instantáneamente  todas  las situaciones  en  el  único  medio,  seguro y continuo,  de  establecer Su propósito y de  demostrar  su realidad.  Lo que  se  ha  demostrado ha  requerido fe,  y ésta  ha  sido concedida.  Ahora  se  convierte  en un hecho,  del  que  ya  no se  puede  retirar la  fe. La  tensión que  conlleva  negarle  la  fe  a  la  verdad es enorme  y mucho  mayor de  lo que  te  imaginas. Pero responder a  la  verdad con  fe  no entraña  tensión alguna.

4. Para  ti, que  has  respondido  a  la  llamada  de  tu  Redentor,  la  tensión  que  conlleva  no responder a  Su llamada  parece  ser mayor  que  antes. Pero no es  así. La  resistencia  siempre  estuvo ahí, pero se  la atribuías  a  otra  cosa, creyendo que  era  esa  "otra  cosa" la  que  la  producía. Mas  eso nunca  fue  verdad. Pues  lo que  esa  "otra  cosa" producía  era  pesar y depresión, enfermedad  y dolor, tinieblas  y vagas imaginaciones  de  terror, escalofriantes  fantasías  de  miedo  y abrasadores  sueños  infernales.  Y  todo ello no era  más  que  la  intolerable  tensión que  se  producía  al  negarte  a  depositar tu  fe  en la  verdad y a  ver su evidente  realidad.

5.  Tal  fue  la  crucifixión  del  Hijo  de  Dios. Su falta  de  fe  le  ocasionó todo  eso. Piénsalo muy bien antes  de  permitirte  usar tu falta  de  fe  contra  él.  Pues  él  ha  resucitado, y tú has  aceptado  la  Causa  de su despertar  como tu  propia  causa.  Has  asumido  el  papel  que  te  corresponde  en  su redención, y ahora  eres  completamente  responsable  por él.  No le  falles  ahora, pues  te  ha  sido dado comprender lo  que  tu falta  de  fe  en él  te  ocasiona. Su salvación  es  tu único  propósito.  Ve  sólo esto  en toda situación, y cada  una  de  ellas  se  convertirá  en un medio de  brindarte  sólo eso.

6. Cuando  aceptaste  la  verdad como  el  objetivo  de  tu relación,  te  convertiste  en un dador de  paz  tan irremediablemente  como que  tu Padre  te  dio paz.  Pues  el  objetivo de  la  paz  no se  puede  aceptar sin sus  condiciones, y tú tuviste  que  haber  tenido  fe  en dicho  objetivo,  pues  nadie  acepta  lo que  no cree que  es  real.  Tu propósito no ha  cambiado ni  cambiará  jamás, pues  aceptaste  lo  que  nunca  puede cambiar.  Y  ahora  no le  puedes  negar nada  que  necesite  para  ser eternamente  inmutable.  Tu liberación es  segura. Da  tal  como  has  recibido.  Y  demuestra  que  te  has  elevado muy  por encima  de cualquier  situación  que  pudiese  detenerte  y mantenerte  separado  de  Aquel  Cuya  llamada contestaste.

T17. VII. La invocación a la fe


*T17. VII. La invocación a la fe*

1. Los substitutos de cualquier aspecto de una situación son los testigos de tu falta de fe. Demuestran que no creíste que la situación y el problema estuviesen en el mismo lugar. El problema era la falta de fe, y esto es lo que demuestras cuando lo separas de su fuente y lo pones en otro lugar. Como resultado de ello, no ves el problema. De no haberte faltado la fe de que podía ser resuelto, el problema habría desaparecido. Y la situación habría tenido sentido para ti porque se habría eliminado cualquier interferencia que hubiese impedido que la entendieses. Trasladar el problema a otro lugar es perpetuarlo, pues te desentiendes de él y haces que sea irresoluble.

2. No hay ningún problema que la fe no pueda resolver. Si trasladas cualquier aspecto de un problema a otro lugar, ello hará que sea imposible solventarlo. Pues si trasladas parte del problema a otro lugar, el significado del problema inevitablemente se pierde, y la solución del problema radica en su significado. ¿No es posible acaso que todos tus problemas ya se hayan resuelto, pero que tú te hayas excluido a ti mismo de la solución? La fe, no obstante, tiene que estar donde algo se ha consumado, y donde tú ves que se consumó.

3. Una situación es una relación, pues es una confluencia de pensamientos. Si se perciben problemas, es porque se cree que los pensamientos están en conflicto. Mas si el objetivo es la verdad, eso es imposible. Alguna idea relacionada con el cuerpo tuvo que haberse inmiscuido, ya que las mentes no pueden atacar. Pensar en cuerpos indica falta de fe, pues los cuerpos no pueden solventar nada. El que se inmiscúan en la relación -lo cual es un error acerca de lo que piensas de la situación- es lo que entonces se convierte en la justificación de tu falta de fe. Cometerás este error, pero no dejes que ello sea motivo de preocupación para ti. El error no importa. La falta de fe que se lleva ante la fe nunca será un escollo para la verdad. Pero usar la falta de fe contra la verdad siempre destruirá la fe. Si te falta fe, pide que se te restituya allí donde se perdió, y no intentes que se te indemnize por ella en otra parte, como si se te hubiese privado injustamente de ella.

4. Únicamente lo que tú no has dado es lo que puede faltar en cualquier situación. Pero recuerda esto: la santidad fue la meta que se fijó para tu relación, y no fuiste tú quien lo hizo. No fuiste tú quien la fijó porque la santidad no se puede ver excepto mediante la fe, y tu relación no era santa por razón de la limitada y reducida fe que tenías en tu hermano. Tu fe tiene que aumentar para poder alcanzar la meta que se ha fijado. La realidad de la meta facilitará eso, pues te permitirá ver que la paz y la fe no vienen por separado. ¿Cómo podrías estar en una situación sin tener fe y al mismo tiempo serle fiel a tu hermano?

5. Cada situación en la que te encuentras no es más que un medio para satisfacer el propósito que se estableció para tu relación. Si la ves como algo diferente, es que te falta fe. No hagas uso de esa falta de fe. Deja que se presente y obsérvala con calma, pero no hagas uso de ella. La falta de fe es la sierva de lo ilusorio, y es totalmente fiel a su amo. Haz uso de ella, y te llevará directamente a las ilusiones. No te sientas tentado por lo que te ofrece. La falta de fe no supone ningún obstáculo para el objetivo, sino para el valor que éste tiene para ti. No aceptes la ilusión de paz que te ofrece, sino que, por el contrario, contempla su ofrecimiento y reconoce que es una ilusión.

6. El objetivo de la ilusión está tan estrechamente vinculado a la falta de fe como la fe lo está a la verdad. Si pones en duda que alguien pueda desempeñar su papel, y desempeñarlo perfectamente en cualquier situación entregada de antemano a la verdad, es que la entrega no fue absoluta. Esto significa que no has tenido fe en tu hermano y que has usado tu falta de fe contra él. Ninguna relación es santa a menos que su santidad la acompañe a todas partes. De la misma manera en que la santidad y la fe van de la mano, así su fe tiene también que acompañarla a todas partes. La realidad del objetivo inspirará y obrará cualquier milagro que sea necesario para su logro. Cualquier cosa tanto si es demasiado grande como demasiado pequeña, demasiado débil o demasiado apremiante, será puesta dulcemente a su servicio para apoyar su propósito. El universo la servirá gustosamente, tal como ella sirve al universo. Pero no interfieras.

7. El poder que se ha depositado en ti, en quien se ha establecido el objetivo del Espíritu Santo, transciende tanto tu limitada concepción de lo infinito, que no tienes idea de la magnitud de la fuerza que te acompaña. Y puedes usar esta fuerza con perfecta seguridad. No obstante, a pesar de su extraordinario poder, tan grande que se extiende allende las estrellas hasta el universo que se encuentra más allá de ellas, tu insignificante falta de fe la puede neutralizar, si en su lugar prefieres valerte de tu falta de fe.

8. Considera, no obstante, lo que sigue a continuación, y descubre la causa de tu falta de fe: crees que la razón por la que tienes algo contra tu hermano es por lo que él te hizo a ti. Mas por lo que realmente lo culpas es por lo que tú le hiciste a él. No le guardas rencor por su pasado sino por el tuyo. Y no tienes fe en él debido a lo que tú fuiste. Tú eres, sin embargo, tan inocente de ello como lo es él. Lo que nunca existió no tiene causa, ni está ahí para obstruir a la verdad. La falta de fe no tiene causa; la fe, en cambio, sí tiene Causa. Esa Causa ha entrado a formar parte de toda situación que comparta Su propósito. La luz de la verdad brilla desde el centro de la situación, y ejerce influencia sobre todos aquellos a quienes el propósito de la situación llama. Y llama a todo el mundo. No hay situación que no incluya a toda tu relación, a todos sus aspectos y a todas sus partes. No puedes excluir ningún aspecto de ti mismo y esperar que la situación siga siendo santa. Pues ese aspecto comparte el propósito de tu relación en su totalidad y deriva su significado de ella.

9. A menos que la fe que tienes en tu hermano te acompañe en toda situación, serás infiel a tu propia relación. Tu fe exhortará a los demás a que compartan tu propósito, tal como el propósito en sí invocó la fe en ti. Y verás los medios que una vez empleaste para que te condujesen a las ilusiones, transformados en medios que te conducen a la verdad. La verdad invoca la fe, y la fe le hace sitio a la verdad. Cuando el Espíritu Santo cambió el propósito de tu relación al intercambiar el tuyo por el Suyo, el objetivo que estableció en ella se extendió a toda situación en que jamás puedas verte envuelto. Y así liberó del pasado todas las situaciones que éste habría desprovisto de significado.

10. Invocas la fe por razón de Aquel que te acompaña en toda situación. Ya no estás completamente loco ni tampoco solo. Pues la idea de que en Dios puede haber soledad no puede sino ser un sueño. Tú, cuya relación comparte el objetivo del Espíritu Santo, has sido alejado de la soledad porque la verdad ha llegado. Su invocación a la fe es poderosa. No uses tu falta de fe contra la verdad, pues ésta te exhorta a que te salves y a que estés en paz.

T17. VI. Cómo fijar la meta


*T17. VI. Cómo fijar la meta*

1. La aplicación práctica del propósito del Espíritu Santo es extremadamente simple, aunque inequívoca. De hecho, para poder ser simple tiene que ser inequívoca. Lo simple es sólo lo que se entiende fácilmente, y para ello, es evidente que debe ser claro. El objetivo del Espíritu Santo opera dentro de un marco general, pero Él te ayudará a hacerlo específico, porque la aplicación práctica es específica. El Espíritu Santo provee ciertas directrices muy concretas que se pueden aplicar en cualquier situación, pero recuerda que tú aún no te has dado cuenta de que su aplicación es universal. A estas alturas, por lo tanto, es esencial utilizarlas en toda situación separadamente, hasta que puedas ver más allá de cada situación con mayor seguridad, y con un entendimiento mucho más amplio del que ahora posees.

2. En cualquier situación en que no sepas qué hacer, lo primero que tienes que considerar es sencillamente esto: "¿Qué es lo que quiero que resulte de esta situación? ¿Qué propósito tiene?" El objetivo debe definirse al principio, pues eso es lo que determinará el resultado. El ego procede a la inversa. La situación se convierte en lo que determina el resultado, que puede ser cualquier cosa. La razón de este enfoque desorganizado es evidente. El ego no sabe qué es lo que quiere que resulte de la situación. Es consciente de lo que no quiere, pero sólo de eso. No tiene ningún objetivo constructivo en absoluto.

3. Sin un objetivo constructivo, establecido de antemano y claramente definido, la situación simplemente parece ocurrir al azar y no tiene ningún sentido hasta que ya ha ocurrido. Entonces miras en retrospectiva, y tratas de reconstruirla para ver qué sentido tuvo. Y no podrás sino equivocarte. No sólo porque tus juicios están vinculados al pasado, sino porque tampoco tienes idea de lo que debió haber ocurrido. No se estableció ningún objetivo con el que armonizar los medios. Y ahora el único dictamen que puede hacerse es si al ego le gusta lo que pasó o no; si es aceptable para él o si clama por venganza. La ausencia de un criterio establecido de antemano que determine el resultado final, hace que sea dudoso el que se pueda entender y que sea imposible evaluarlo.

4. El valor de decidir de antemano lo que quieres que ocurra es simplemente que ello te permite percibir la situación como un medio para hacer que tu objetivo se logre. Haces, por lo tanto, todo lo posible por pasar por alto todo lo que interferiría en su logro, y te concentras sólo en lo que te ayuda a conseguirlo. Es obvio que este enfoque ha hecho que la manera en que distingues lo verdadero de lo falso sea más parecida a la del Espíritu Santo. Lo verdadero viene a ser lo que se puede utilizar para lograr el objetivo, y lo falso, lo inútil desde ese punto de vista. La situación tiene ahora sentido, pero sólo porque el objetivo ha hecho que lo tenga.

5. Tener a la verdad por objetivo tiene otras ventajas prácticas. Si la situación se usa en favor de la verdad y la cordura, su desenlace no puede ser otro que la paz. Y esto es así independiente de cuál sea el desenlace. Si la paz es la condición de la verdad y la cordura, y no puede existir sin ellas, allí donde hay paz tienen que estar también la verdad y la cordura. La verdad viene por su propia iniciativa. Si experimentas paz, es porque la verdad ha venido a ti, y así, no podrás sino ver el desenlace correctamente, pues el engaño no puede prevalecer contra ti. Podrás reconocer el desenlace precisamente porque estás en paz. En esto se puede ver una vez más lo opuesto a la manera de ver del ego, pues el ego cree que es la situación la que da lugar a la experiencia. El Espíritu Santo sabe que la situación es tal como el objetivo la determina, y que se experimenta de acuerdo con ese objetivo.

6. Tener a la verdad por objetivo requiere fe. La fe está implícita en la aceptación del propósito del Espíritu Santo, y esta fe lo abarca todo. Allí donde se ha establecido el objetivo de la verdad, allí tiene que estar la fe. El Espíritu Santo ve la situación como un todo. El objetivo establece el hecho de que todo aquel que esté involucrado en la situación desempeñará el papel que le corresponde en la consecución del mismo. Esto es inevitable. Nadie fracasará en su cometido. Esto parece requerir mucha más fe de la que tú tienes ahora, y mucha más de la que tú puedes dar. Esto es así, no obstante, sólo desde el punto de vista del ego, pues el ego cree que la manera de "resolver" los conflictos es fragmentándolos, y, así, no percibe la situación como un todo. El ego, por consiguiente, intenta dividir la situación en segmentos y lidiar con cada uno de ellos por separado, pues tiene fe en la separación y no en la unidad.

7. Cuando el ego se enfrenta a un aspecto de la situación que parece ser difícil, trata de trasladarlo a otro lugar y resolverlo allí. Y parecerá tener éxito, salvo que ese intento entra en conflicto con la unidad, y no puede por menos que enturbiar el objetivo de la verdad. Y no se podrá experimentar paz, salvo en fantasías. La verdad no ha venido porque la fe ha sido negada, al no haberse depositado donde por derecho propio le corresponde estar. De este modo pierdes el entendimiento de la situación que el objetivo de la verdad te brindaría. Pues las soluciones que proceden de fantasías no aportan sino una experiencia ilusoria, y una paz ilusoria no es la condición que le permite la entrada a la verdad.

T17. V. La relación que ha sanado


*T17. V. La relación que ha sanado* 


1. La  relación santa  es  la  expresión  del  instante  santo  mientras  uno viva  en este  mundo.  Como todo lo  relativo a  la  salvación, el  instante  santo es  un dispositivo  práctico, del  que  dan fe  sus  resultados. El  instante  santo nunca  falla. La  experiencia  que  suscita  siempre  se  deja  sentir.  Mas  si  no se expresa,  no se  puede  recordar. La  relación santa  es  un constante  recordatorio de  la  experiencia  en la que  la  relación  se  convirtió  en lo que  es.  Y  así  como  la  relación  no santa  es  un continuo himno  de odio  en alabanza  de  su hacedor, así  también la  relación santa  es  un feliz  cántico de  alabanza  al Redentor de  las  relaciones.

2. La  relación santa,  que  es  un paso crucial  hacia  la  percepción del  mundo real, es  algo  que  se aprende. Es  la  relación no santa  de  antes, pero  transformada  y vista  con otros  ojos. La  relación santa es  un logro  educativo  extraordinario.  La  relación  santa  es  en todos  sus  aspectos  -comienzo, desarrollo y consumación- lo  opuesto  a  la  relación no santa.  Consuélate  con esto:  la  única  fase  que es  difícil  es  el  comienzo.  Pues  en  esa  etapa,  el  objetivo  de  la  relación  cambia  de  súbito  a exactamente  lo opuesto de  lo que  era  antes. Éste  es  el  primer resultado que  se  obtiene  cuando  se ofrece  la  relación al  Espíritu  Santo, a  fin  de  que  Él  se  valga  de  ella  para  Sus  fines.

3. El  Espíritu  Santo acepta  esta  invitación  inmediatamente  y no se  demora  ni  un instante  en ofrecerte  los  resultados  prácticos  derivados  de  haberle  pedido  que  intervenga. Su objetivo reemplaza  al  tuyo de  inmediato. Esto  tiene  lugar muy  pronto, pero parece  alterar  la  relación, descoyuntarla,  e  incluso producir gran tensión.  La  razón  de  ello es  muy obvia:  la  relación, tal  como es  ahora,  no está  en armonía  con su propio propósito, y es  claramente  inadecuada  para  el  nuevo propósito  que  se  aceptó  para  ella.  En su condición  profana, tu  objetivo  era  lo  único que  parecía darle  significado.  Ahora  no parece  tener ningún  sentido. Muchas  relaciones  se  rompen  en este punto,  reanudándose  la  búsqueda  del  viejo  objetivo  en otra  relación. Pues  una  vez  que  la  relación  no santa  acepta  el  objetivo  de  la  santidad,  jamás  puede  volver  a  ser lo que  era  antes.

4. La  tentación  del  ego se  vuelve  extremadamente  intensa  con este  cambio  de  objetivos. Pues  la relación  no ha  cambiado aún  lo suficiente  como  para  mantenerse  completamente  inmune  a  la atracción  de  su objetivo previo,  y su estructura  se  ve  "amenazada" cuando  se  reconoce  lo inadecuada  que  es  para  satisfacer  su nuevo propósito.  El  conflicto  entre  el  objetivo  y la  estructura de  la  relación  es  tan evidente, que  no pueden coexistir.  Mas  ahora  no se  puede  cambiar  el  objetivo. Pues  al  haber quedado  firmemente  establecido en  la  relación  no santa, no queda  otra  alternativa  que la  de  cambiar  la  relación  para  acomodarlo. Hasta  que  esta  feliz  solución no se  vea  y se  acepte  como la  única  manera  de  poner fin  al  conflicto,  la  relación  parecerá  tener  serias  dificultades.

5. Cambiar el  objetivo gradualmente  no sería  más  benévolo,  pues  el  contraste  perdería  definición y ello le  daría  tiempo  al  ego  para  re-interpretar cada  paso a  su antojo.  Sólo  un cambio  de  propósito radical  puede  producir  un cambio  de  parecer absoluto  con respecto  al  objetivo  de  la  relación.  Según va  produciéndose  este  cambio  y hasta  que  finalmente  se  logra, la  relación se  vuelve progresivamente  más  grata  y benéfica. Pero al  principio, la  situación  se  experimenta  como muy precaria.  Pues  es  una  relación  que  dos  individuos  emprendieron  para  perseguir  sus  fines  profanos, que  de  pronto tiene  por objetivo  a  la  santidad. Cuando dichos  individuos  contemplan su relación desde  el  punto de  vista  de  este  nuevo propósito,  se  sienten inevitablemente  horrorizados. Su percepción  de  la  relación  puede  incluso volverse  bastante  errática. Sin embargo,  la  manera  en que su percepción estaba  organizada  antes  ya  no sirve  para  el  objetivo que  han acordado  alcanzar.

6.  Ahora  es  el  momento en  que  hay que  tener fe. Permitiste  que  el  objetivo se  estableciese  por ti. Eso fue  un acto de  fe. No pierdas  la  fe, ahora  que  se  te  están  brindando las  recompensas  por tener fe.  Si  creíste  que  el  Espíritu  Santo estaba  presente  para  aceptar la  relación, ¿por qué  no ibas  a  creer ahora  que  todavía  sigue  presente  para  purificar  lo que  aceptó  dirigir?  Ten  fe  en tu  hermano durante lo  que  tan sólo parece  ser un período  difícil.  El  objetivo ya  está  establecido.  Y  la  cordura  es  el propósito  de  tu relación.  Pues  la  relación que  tienes  ahora  es  una  relación demente,  reconocida como  tal  a  la  luz  de  su objetivo.

7. Ahora el ego te aconseja: "Substituye esta relación por otra en la que puedas volver a perseguir tu viejo objetivo. La única manera de librarte de la angustia es deshaciéndote de tu hermano. No tienes que separarte de él del todo si no quieres hacerlo. Pero tienes que excluir de él gran parte de tus fantasías para poder conservar tu cordura". ¡No hagas caso de estos consejos! Ten fe en Aquel que te contestó. Él te oyó. ¿Acaso no fue muy explícito en Su respuesta? Ya no estás completamente loco. ¿Puedes acaso negar que Él fue muy explícito en lo que te dijo? Ahora te pide que sigas teniendo fe por algún tiempo, aunque te sientas desorientado. Pues eso pasará, y verás emerger lo que justifica tu fe, brindándote una incuestionable convicción. No abandones al Espíritu Santo ahora, ni abandones a tu hermano. Esta relación ha vuelto a nacer como una relación santa.

8. Acepta gustosamente lo que no entiendes, y deja que se te explique a medida que percibes cómo opera en ella este nuevo propósito para hacerla santa. No te faltarán oportunidades de culpar a tu hermano por el "fracaso" de vuestra relación, pues habrá momentos en que ésta parecerá no tener ningún propósito. Una sensación de estar vagando a la deriva vendrá a atormentarte y a recordarte las múltiples maneras en que antes solías buscar satisfacción y en las que creíste haberla encontrado. No te olvides del dolor que en realidad encontraste, ni le infundas vida a tu desfallecido ego. Pues tu relación no ha sido destruida. Ha sido salvada.

9. Eres muy inexperto en lo que respecta a la salvación, y crees que has perdido el rumbo. Lo que has perdido es tu manera de alcanzar la salvación, pero no pienses que eso es una pérdida. En tu inexperiencia, recuerda que tu hermano y tú habéis comenzado de nuevo juntos. Dale la mano, y caminad el uno al lado del otro por una senda que os es más familiar de lo que ahora creéis. ¿No es acaso inevitable que recuerdes un objetivo que nunca ha cambiado ni cambiará jamás? Pues has elegido el objetivo de Dios, del que tu verdadera intención nunca estuvo ausente.

10. El himno de la libertad se oye por toda la Filiación, como eco jubiloso de tu decisión. Te has unido a muchos en el instante santo, y ellos se han unido a ti. No pienses que tu decisión te dejará desconsolado, pues Dios Mismo ha bendecido tu relación santa. Únete a Él en Su bendición, y no dejes de ofrecerle la tuya también. Pues lo único que necesita ahora es tu bendición, para que puedas ver que la salvación reside en ella. No condenes la salvación, pues ha venido a ti. Y dadle la bienvenida juntos, pues ha venido a uniros en una relación en la que toda la Filiación es bendecida al unísono.

11. Decidisteis de mutuo acuerdo invitar al Espíritu Santo a vuestra relación. De no haber sido así, Él no habría podido entrar a formar parte de ella. Tal vez hayas cometido muchos errores desde entonces, pero también has realizado enormes esfuerzos para ayudarle a llevar a cabo Su labor. Y Él no ha dejado de apreciar todo lo que has hecho por Él, ni se fija en absoluto en los errores que cometes. ¿Le has estado igualmente agradecido a tu hermano? ¿Has apreciado sistemáticamente sus meritorios esfuerzos y pasado por alto sus errores? ¿O ha fluctuado tu aprecio menguando progresivamente a la luz de sus errores? Tal vez estés ahora iniciando una campaña para culparle por la incomodidad de la situación en que os encontráis. Y debido a esa falta de aprecio y gratitud te incapacitas a ti mismo para expresar el instante santo, y, de ese modo, lo pierdes de vista.

12. La experiencia de un instante, por muy convincente que sea, se olvida fácilmente si permites que el tiempo la sepulte. Tiene que mantenerse brillando y llena de gracia en tu conciencia del tiempo, pero no oculta dentro de él. El instante perdura. ¿Pero dónde estás tú? Darle las gracias a tu hermano es apreciar el instante santo, y permitir, por lo tanto, que sus resultados sean aceptados y compartidos. Atacar a tu hermano no hace que se pierda el instante, pero sí anula el poder de sus efectos.

13. Has recibido el instante santo, pero tal vez has dado lugar a una condición que te impide utilizarlo. Como resultado de ello, no te das cuenta de que aún sigue contigo. Y al haberte separado de su expresión, te has negado a ti mismo su beneficio. Cada vez que atacas a tu hermano refuerzas esto, pues el ataque impide que te veas a ti mismo. Y es imposible que te niegues a ti mismo, y al mismo tiempo puedas reconocer lo que se te ha dado y lo que has recibido.

14. Tanto tú como tu hermano os encontráis juntos en la santa presencia de la verdad misma. Aquí se encuentra el objetivo, junto con vosotros. ¿No crees que el objetivo mismo hará los arreglos necesarios para su consecución? Es precisamente esta discrepancia entre el propósito que se ha aceptado y los medios tal como los usas ahora, lo que parece hacerte sufrir, si bien ello le es grato al Cielo. Si el Cielo fuese algo externo a ti, no podrías compartir su júbilo. Pero puesto que está dentro de ti, su júbilo es también el tuyo. Os une un propósito común, pero todavía permanecéis separados y divididos con respecto a los medios. El objetivo, no obstante, ya está establecido y es fijo, firme e inalterable, y los medios se amoldarán a él debido a la inevitabilidad del objetivo. Y compartiréis el júbilo de la Filiación de que ello sea así.

15. A medida que empieces a reconocer y a aceptar los regalos que tan desprendidamente has dado a tu hermano, empezarás a aceptar asimismo los efectos del instante santo y a usarlos para corregir todos tus errores y liberarte de sus resultados. Y al aprender esto, habrás aprendido también cómo liberar a toda la Filiación, y cómo ofrecérsela con alegría y gratitud a Aquel que te dio tu liberación y que desea extenderla a través de ti.

T17. IV. Los dos cuadros


*T17. IV. Los dos cuadros*

1. Dios  estableció  Su relación  contigo  para  hacerte  feliz,  y ninguna  cosa  que  hagas  que  no comparta Su propósito puede  ser real.  El  propósito  que  Dios  adscribió a  cada  cosa  es  la  única  función que tiene. Debido  a  la  razón que  Él  tuvo para  crear  Su relación  contigo,  la  función  de  las  relaciones  se convirtió  para  siempre  en "hacer  feliz". Eso es  todo. Para  satisfacer  esta  función  te  relacionas  con tus  creaciones  del  mismo  modo en que  Dios  se  relaciona  con las  Suyas. Pues  nada  que  Dios  haya creado puede  estar excluido de  la  felicidad,  y nada  que  Él  creó  desea  otra  cosa  que  extender felicidad tal  como  su Creador  lo hizo.  Lo que  no satisface  esta  función no puede  ser real.

2. En  este  mundo es  imposible  crear.  Pero sí  es  posible  hacer  feliz. He  dicho  repetidamente  que  el Espíritu Santo  no quiere  privarte  de  tus  relaciones  especiales, sino transformarlas.  Y  lo  único que esto  significa  es  que  Él  reinstaurará  en ellas  la  función que  Dios  les  asignó.  La  función  que  tú les has  asignado  es  claramente  que  no sean fuentes  de  felicidad.  Pero la  relación  santa, comparte  el propósito  de  Dios, en lugar de  tratar  de  inventar otro  para  que  lo  substituya. Cada  relación especial que  has  entablado  es  un substituto de  la  Voluntad de  Dios  y glorifica  tu voluntad  en vez  de  la  Suya debido  a  la  ilusión de  que  son diferentes.

3. Has  entablado relaciones  muy reales  incluso en  este  mundo. Sin embargo, no las  reconoces porque  has  hecho  que  sus  substitutos  predominen de  tal  manera  que,  cuando la  verdad te  llama -como  constantemente  lo hace- contestas  con un substituto.  El  propósito  fundamental  de  cada relación  especial  que  has  entablado  es  mantener  a  tu  mente  tan ocupada  que  no puedas  oír  la llamada  de  la  verdad.

4. En  cierto  sentido, la  relación especial  fue  la  respuesta  del  ego a  la  creación  del  Espíritu  Santo, Quien  a  Su vez  fue  la  Respuesta  de  Dios  a  la  separación. Pues  aunque  el  ego no entendía  lo  que había  sido creado,  era  consciente  de  una  amenaza.  Todo el  sistema  defensivo que  el  ego desarrolló para  proteger  la  separación de  los  avances  del  Espíritu  Santo, fue  en  respuesta  al  regalo con  el  que Dios  la  bendijo, Quien,  mediante  Su bendición, permitió  que  se  subsanase.  Esta  bendición  encierra dentro de sí la verdad de todo. Y la verdad es que el Espíritu Santo mantiene una estrecha relación contigo porque en Él tu relación con Dios queda restaurada. Tu relación con Él jamás se ha roto porque desde que se produjo la separación el Espíritu Santo no ha estado separado de nadie. Y gracias a Él todas tus relaciones santas han sido cuidadosamente preservadas para que sirvan el propósito que Dios te dio.

5. El ego siempre se mantiene alerta por si surge cualquier amenaza, y la parte de tu mente en la que el ego fue aceptado está ansiosa por conservar su propia razón, tal como la entiende. No se da cuenta de que es completamente demente. Mas tú tienes que darte cuenta exactamente de lo que esto significa si quieres que se te restituya la cordura. Los dementes protegen sus sistemas de pensamiento, pero lo hacen de manera demente. Y todas sus defensas son tan dementes como lo que supuestamente tienen que proteger. No hay nada en la separación, ni "razón", ni atributo, ni ningún aspecto que no sea demente. Y su "protección", que es parte de ella, es tan demente como toda ella. Por lo tanto, la relación especial, su principal defensa, no puede sino ser demente.

6. No tendrás mucha dificultad ahora en darte cuenta de que el sistema de pensamiento que la relación especial protege no es más que un sistema ilusorio. Reconoces, al menos en términos generales, que el ego es demente. No obstante, todavía te parece que la relación especial es en cierto modo "diferente". Sin embargo, la hemos examinado con mucho más detenimiento que muchos de los otros aspectos del sistema de pensamiento del ego que has estado más dispuesto a abandonar. Mientras este aspecto continúe vigente, no obstante, no podrás abandonar los demás. Pues este aspecto no es diferente. Si lo conservas, habrás conservado todos los demás.

7. Es esencial darse cuenta de que todas las defensas dan lugar a lo que quieren defender. La base subyacente de su eficacia es que ofrecen lo que defienden. Lo que defienden se ha depositado en ellas para mantenerlo a salvo, y conforme operan te lo brindan a ti. Toda defensa opera dando regalos, y los regalos son siempre una miniatura -montada en marco de oro- del sistema de pensamiento que la defensa protege. Se trata de un marco muy elaborado, repleto de gemas, y profusamente tallado y pulido. Su propósito es ser valioso en sí mismo, y desviar tu atención de lo que encierra. Mas no puedes tener el marco sin el cuadro. Las defensas operan para hacerte creer que sí puedes.

8. La relación especial te ofrece el marco más imponente y falaz de todas las defensas de las que el ego se vale. Su sistema de pensamiento se ofrece aquí, rodeado por un marco tan recargado y elaborado, que el cuadro casi desaparece debido a la imponente estructura del marco. En el marco van entretejidas toda suerte de fantasías de amor quiméricas y fragmentadas, engarzadas con sueños de sacrificio y vanagloria, y entrelazadas con hilos dorados de auto-destrucción. El brillo de la sangre resplandece como si de rubíes se tratase, y las lágrimas van talladas cual diamantes que refulgen tenuemente a la luz mortecina en que se hace el ofrecimiento.

9. Examina el cuadro. No dejes que el marco te distraiga. Este cuadro se te ofrece para que te condenes, y si lo aceptas creerás estar condenado. No puedes conservar el marco sin el cuadro. Lo que valoras es el marco, pues en él no ves conflicto. No obstante, el marco no es más que la envoltura del regalo de conflicto. El marco no es el regalo. No te dejes engañar por los aspectos más superficiales de este sistema de pensamiento, pues en ellos se encierra todo el sistema en sí, sin excluir ningún aspecto. En este regalo rutilante habita la muerte. No permitas que tu mirada se pose en los destellos hipnóticos del marco. Mira el cuadro y date cuenta de que lo que te ofrece es la muerte.

10. Por eso es por lo que el instante santo es tan importante para la defensa de la verdad. La verdad en sí no necesita defensa, mas tú necesitas ser defendido contra tu aceptación del regalo de muerte. Cuando tú, que eres la verdad, aceptas una idea tan peligrosa para la verdad, la amenazas con su destrucción. Y ahora se te tiene que defender, para poder así conservar intacta la verdad. El poder del Cielo, el Amor de Dios, las lágrimas de Cristo y la alegría de Su espíritu eterno son convocados para defenderte de tu propio ataque. Pues tú los atacas al ser parte de Ellos, y Ellos tienen que salvarte, pues se aman a Sí Mismos.

11. El instante santo es una miniatura del Cielo, que se te envía desde el Cielo. Es también un cuadro, montado en un marco. Mas si aceptas este regalo no verás el marco en absoluto, ya que el regalo sólo puede ser aceptado cuando estás dispuesto a poner toda tu atención en el cuadro. El instante santo es una miniatura de la eternidad. Es un cuadro de intemporalidad, montado en un marco de tiempo. Si te concentras en el cuadro, te darás cuenta de que era únicamente el marco lo que te hacía pensar que era un cuadro. Sin el marco, el cuadro se ve como lo que representa. Pues de la misma manera en que todo el sistema de pensamiento del ego radica en sus regalos, del mismo modo el Cielo en su totalidad radica en este instante, que se tomó prestado de la eternidad y se montó en el tiempo para ti.

12. Se te ofrecen dos regalos. Cada uno de ellos es un todo en sí mismo y no puede ser aceptado parcialmente. Cada uno de ellos es un cuadro de todo lo que puedes tener, aunque desde una perspectiva muy diferente. No puedes comparar su valor comparando el cuadro de uno con el marco del otro. Debes comparar únicamente los cuadros, pues, de otro modo, la comparación no tendría ningún sentido. Recuerda que el cuadro es lo que constituye el regalo. Y sólo sobre esa base eres realmente libre de elegir. Contempla los cuadros. Contempla los dos. Uno es un cuadro diminuto, difícil de ver bajo las pesadas sombras de su enorme y desproporcionado marco. El otro tiene un marco liviano, está colgado en plena luz y es algo maravilloso de contemplar debido a lo que es.

13. Tú que has tratado tan arduamente -y todavía sigues tratando- de encajar el mejor cuadro en el marco equivocado, y combinar de este modo lo que no puede ser combinado, acepta lo que sigue y regocíjate por ello: cada uno de estos cuadros está perfectamente enmarcado de acuerdo con lo que representa. Uno de ellos está enmarcado de forma que el cuadro esté desenfocado y no se pueda ver. El otro, de forma que su cuadro se vea con perfecta claridad. El cuadro de muerte y de tinieblas se hace cada vez menos convincente según logras dar con él entre todo lo que lo envuelve. A medida que se expone a la luz cada una de las piedras inertes que en la obscuridad parecían brillar desde el marco, dichas piedras se vuelven opacas y sin vida y cesan de desviar tu atención del cuadro. Y por fin miras al cuadro en sí, viendo finalmente que, sin la protección del marco, no tiene sentido.

14. El otro cuadro tiene un marco muy liviano, pues el tiempo no puede contener a la eternidad. No hay nada en él que te pueda distraer. El cuadro del Cielo y de la eternidad se vuelve más convincente a medida que lo contemplas. Y ahora, después de haberse hecho una verdadera comparación, puede por fin tener lugar una transformación de ambos cuadros. Y a cada uno de ellos se le da el lugar que le corresponde una vez que se ve en relación con el otro. Cuando llevas el cuadro tenebroso ante la luz, no lo percibes como algo temible, sino que por fin te das cuenta del hecho de que no es más que un cuadro. Y en ese momento reconoces lo que ves ahí tal como es: un cuadro de algo que pensabas que era real, y nada más. Pues más allá de ese cuadro no verás nada.

15. El cuadro de luz, en claro e inequívoco contraste, se transforma en lo que está más allá del cuadro. A medida que lo contemplas, te das cuenta de que no es un cuadro, sino una realidad. No se trata de una representación pictórica de un sistema de pensamiento, sino que es el Pensamiento mismo. Lo que representa está ahí. El marco se desvanece suavemente y brota en ti el recuerdo de Dios, ofreciéndote toda la creación a cambio de tu insignificante cuadro, que no tenía ningún valor ni ningún significado.

16. A medida que Dios ascienda al lugar que le corresponde y tú asciendas al tuyo, volverás a entender el significado de las relaciones, y sabrás que es verdad. Ascendamos juntos hasta el Padre en paz, permitiendo que adquiera predominancia en nuestras mentes. Todo se nos dará al darle a Él el poder y la gloria, y al no conservar ninguna ilusión con respecto a dónde se encuentran éstos. Se encuentran en nosotros gracias a Su predominio. Lo que Él ha dado, es Suyo. Resplandece en cada parte de Él, así como en la totalidad. La realidad de tu relación con Él radica en la relación que tenemos unos con otros. El instante santo refulge por igual sobre todas las relaciones, pues en él todas las relaciones son una. En el instante santo sólo hay curación, ya completa y perfecta, pues Dios está en él, y donde Él está, sólo lo que es perfecto y completo puede estar.

T17. III. Sombras del pasado


*T17. III. Sombras del pasado*

1. Perdonar no es otra cosa que recordar únicamente los pensamientos amorosos que diste en el pasado, y aquellos que se te dieron a ti. Todo lo demás debe olvidarse. El perdón es una forma selectiva de recordar que no se basa en tu propia selección. Pues las tenebrosas figuras que quieres hacer inmortales son "enemigos" de la realidad. Procura estar dispuesto a perdonar al Hijo de Dios por lo que él no hizo. Las tenebrosas figuras son los testigos que traes contigo para demostrar que el Hijo de Dios hizo lo que no hizo. Puesto que las traes contigo, las oirás. Y tú que las conservas porque tú mismo así lo elegiste, no puedes entender cómo llegaron hasta tu mente ni cuál es su propósito. Representan el mal que crees que se te infligió. Las traes contigo sólo para poder devolver mal por mal, con la esperanza de que su testimonio te permita pensar que otro es culpable sin que ello te afecte a ti. Hablan tan decididamente en favor de la separación que nadie que no estuviese obsesionado por perpetuar la separación podría oírlas. Te ofrecen las "razones" por las cuales deberías entablar alianzas no santas a fin de apoyar los objetivos del ego y hacer de tus relaciones testimonios de su poder.

2. Son estas tenebrosas figuras las que quieren santificar al ego ante tus ojos, y enseñarte que lo que haces para mantenerlo a salvo es en realidad amor. Estas tenebrosas figuras siempre hablan de venganza, y todas las relaciones que entablan son absolutamente dementes. Tales relaciones tienen, sin excepción, el propósito de excluir la verdad del otro, así como la verdad acerca de ti. Por eso es por lo que ves tanto en ti como en el otro lo que no está ahí, haciendo de ambos los esclavos de la venganza. Y por eso es por lo que cualquier cosa que te recuerde tus resentimientos pasados te atrae y te parece que es amor, independientemente de cuán distorsionadas sean las asociaciones que te llevan a hacer esa conexión. Y finalmente, ésa es la razón de que todas las relaciones de ese tipo se convierten en intentos de unión a través del cuerpo, pues sólo los cuerpos pueden considerarse medios de venganza. Es evidente que los cuerpos son el foco central de todas las relaciones no santas. Has aprendido esto por experiencia propia. Pero de lo que tal vez no te das cuenta es de todas las razones que hacen que la relación no sea santa. Pues la falta de santidad procura reforzarse a sí misma, tal como la santidad lo hace, atrayendo hacia sí lo que percibe como afín a ella.

3. No es con el cuerpo del otro con el que se intenta la unión en la relación no santa, sino con los cuerpos de los que no están ahí. Pues ni siquiera el cuerpo del otro, que de por sí es una percepción de él seriamente limitada, es el foco central tal como es, o al menos, no del todo. Lo que se puede emplear para fantasías de venganza, y lo que más fácilmente puede asociarse con aquellos contra quienes realmente se busca la venganza, es donde se centra la atención, y son estas partes las que se seleccionan como las únicas que tienen valor. Cada paso en el proceso de entablar, mantener o romper una relación no santa es un avance progresivo hacia una mayor fragmentación y una mayor irrealidad. Las tenebrosas figuras se vuelven cada vez más imperantes, y la importancia de aquel en quien parecen manifestarse disminuye.

4. El tiempo es ciertamente severo con la relación no santa. Pues el tiempo es cruel en manos del ego, de la misma manera en que es benévolo cuando se usa en favor de la mansedumbre. La atracción de la relación no santa empieza a disminuir y a ponerse en duda casi de inmediato. Una vez que se ha establecido la relación, la duda surge inevitablemente, pues el propósito de la relación no se puede alcanzar. El "ideal" de la relación no santa, por lo tanto, requiere que la realidad del otro no venga a "estropear" el sueño. Y cuanto menos aporte a la relación, "mejor" se vuelve ésta. Y así, el intento de unión se convierte en una forma de excluir incluso a aquel con quien se procuró la unión. Pues la relación se estableció precisamente para excluirle de ella y para que la "unión" fuese con fantasías en las que se goza de una "dicha" ininterrumpida.

5. ¿Cómo puede el Espíritu Santo introducir Su interpretación de que el cuerpo es un medio de comunicación en las relaciones cuyo único propósito es separarse de la realidad? Lo que el perdón es, es lo que le capacita para hacerlo. Si se ha olvidado todo, excepto los pensamientos amorosos, lo que queda es eterno. Y el pasado transformado se vuelve como el presente. El pasado deja de estar en conflicto con el ahora. Esta continuidad extiende el presente al aumentar su realidad y su valor en la percepción que tienes de él. En estos pensamientos amorosos, y oculta tras la fealdad de la relación no santa en la que se recuerda el odio, se encuentra la chispa de belleza dispuesta a cobrar vida tan pronto como se le entregue la relación a Aquel que le infunde vida y belleza. Por eso es por lo que la Expiación se centra en el pasado, que es la fuente de la separación y donde ésta debe ser des-hecha. Pues la separación debe ser corregida allí donde fue concebida.

6. El ego trata de "resolver" sus problemas, no en su punto de origen, sino donde no fueron concebidos. Y así es como trata de garantizar que no tengan solución. Lo único que el Espíritu Santo desea es resolver todo completa y perfectamente, de modo que busca y halla la fuente de los problemas allí donde ésta se encuentra, y allí mismo la deshace. Y con cada paso del proceso de deshacer que Él lleva a cabo, la separación se va deshaciendo más y más, y la unión se vuelve cada vez más inminente. Ninguna "razón" que hable en favor de la separación le causa confusión alguna. Lo único que percibe en la separación es que tiene que ser des-hecha. Permite que Él descubra la chispa de belleza que se encuentra oculta en tus relaciones y te la revele. Su belleza te atraerá tanto, que no estarás dispuesto a perderla de vista nuevamente. Y dejarás que esta chispa transforme la relación de modo que la puedas ver más y más. Pues la desearás más y más, y estarás cada vez menos dispuesto a que esté oculta de ti. Y aprenderás a buscar y a establecer las condiciones en las que esta belleza se puede ver.

7. Harás todo esto gustosamente, sólo con que le dejes mantener la chispa delante de ti para que alumbre tu camino y puedas verlo con claridad. El Hijo de Dios es uno. A quienes Dios ha unido como uno, el ego no los puede desunir. Por muy oculta que se encuentre en toda relación, la chispa de la santidad no puede sino estar a salvo. Pues el Creador de la única relación que existe no se ha excluido a Sí Mismo de ninguno de sus aspectos. Éste es el único aspecto de la relación que el Espíritu Santo ve porque sabe que únicamente ese aspecto es verdad. Tú has hecho que la relación sea irreal y, por lo tanto, no santa, al verla como no es y donde no está. Entrégale el pasado a Aquel que puede hacer que cambies de parecer con respecto a él por ti. Pero asegúrate antes que nada de que te das cuenta plenamente de lo que has hecho que el pasado represente, y por qué.

8. El pasado se convierte en la justificación para entablar una alianza continua y profana con el ego contra el presente. Pues el presente es perdón. Por lo tanto, las relaciones que la alianza no santa fomenta no se perciben ni se experimentan como si estuviesen ocurriendo ahora. Mas el marco de referencia al que se recurre para que le dé significado al presente es una ilusión del pasado en la que se conservan aquellos elementos que se ajustan al propósito de la relación no santa, y se abandonan todos los demás. Y lo que de esta manera se abandona, es toda la verdad que el pasado jamás habría podido ofrecer al presente para que diese testimonio de la realidad de éste. Lo que se conserva no hace sino dar testimonio de la realidad de los sueños.

9. Sigue estando en tus manos elegir unirte a la verdad o a la ilusión. Pero recuerda que elegir una es abandonar la otra. Dotarás de belleza y realidad a la que elijas porque tu elección depende de cuál valoras más. La chispa de belleza o el velo de fealdad, el mundo real o el de la culpabilidad y el miedo, la verdad o la ilusión, la libertad o la esclavitud, es todo lo mismo. Pues no puedes elegir más que entre Dios o el ego. Todo sistema de pensamiento o bien es verdadero o bien falso, y todos sus atributos se derivan naturalmente de lo que es. Únicamente los Pensamientos de Dios son verdaderos. Y todo lo que se deriva de ellos procede de lo que son, y es tan verdadero como la santa Fuente de donde procedieron.

10. Santo hermano mío, quiero formar parte de todas tus relaciones, e interponerme entre tus fantasías y tú. Permite que mi relación contigo sea algo real para ti, y déjame infundirle realidad a la percepción que tienes de tus hermanos. No fueron creados para que pudieses hacerte daño a través de ellos. Fueron creados para crear junto contigo. Ésta es la verdad que quiero interponer entre tu objetivo de locura y tú. No te separes de mí ni dejes que el santo propósito de la Expiación se pierda de vista en sueños de venganza. Las relaciones en las que tales sueños se tienen en gran estima me excluyen a mí. En el Nombre de Dios, déjame entrar a formar parte de ellas y brindarte paz para que tú a tu vez puedas ofrecerme paz a mí.

T17. II. El mundo perdonado


*T17. II. El mundo perdonado*

1. ¡Imagínate cuán hermosos te parecerán todos aquellos a quienes hayas perdonado! En ninguna fantasía habrás visto nunca nada tan bello. Nada de lo que ves aquí, ya sea en sueños o despierto, puede compararse con semejante belleza. Y no habrá nada que valores tanto como esto ni nada que tengas en tanta estima. Nada que recuerdes que en alguna ocasión hiciera cantar a tu corazón de alegría te brindó ni una mínima parte de la felicidad que esta visión ha de brindarte. Pues gracias a ella podrás ver al Hijo de Dios. Contemplarás la belleza que el Espíritu Santo adora contemplar, y por la que le da gracias al Padre. Él fue creado para ver esto por ti hasta que tú aprendas a verlo por tu cuenta. Y todas Sus enseñanzas conducen a esa visión y a dar gracias con Él.

2. Esta belleza no es una fantasía. Es el mundo real, resplandeciente, puro y nuevo, en el que todo refulge bajo la luz del Sol. No hay nada oculto aquí, pues todo ha sido perdonado y ya no quedan fantasías que oculten la verdad. El puente entre ese mundo y éste es tan corto y tan fácil de cruzar, que nunca te hubieses podido imaginar que fuese el punto de encuentro de mundos tan dispares. Mas este corto puente es la cosa más poderosa conectada a este mundo. Este ínfimo paso, tan pequeño que ni siquiera has reparado en él, es un salto que te lleva a través del tiempo hasta la eternidad, y te conduce más allá de toda fealdad hacia una belleza que te subyugará y que nunca cesará de maravillarte con su perfección.

3. Este paso, el más corto que jamás se haya dado, sigue siendo el mayor logro en el plan de Dios para la Expiación. Todo lo demás se aprende, pero esto es algo que se nos da, y que es completo en sí mismo y absolutamente perfecto. Nadie, excepto Aquel que planeó la salvación, podría completarlo tan perfectamente. El mundo real, en toda su belleza, es algo que se aprende a alcanzar. Todas las fantasías se desvanecen y nada ni nadie continúa siendo prisionero de ellas, y gracias a tu propio perdón ahora puedes ver. Lo que ves, sin embargo, es únicamente lo que inventaste, excepto que ahora la bendición de tu perdón descansa sobre ello. Y con esta última bendición que el Hijo de Dios se da a sí mismo, la percepción real, nacida de la nueva perspectiva que ha aprendido, habrá cumplido su propósito.

4. Las estrellas se desvanecerán en la luz, y el sol que iluminó al mundo para que su belleza se pudiese apreciar desaparecerá. La percepción no tendrá razón de ser cuando haya sido perfeccionada, pues nada que haya sido utilizado para el aprendizaje tendrá función alguna. Nada cambiará jamás; y las fluctuaciones y los matices, así como las diferencias y contrastes que hacían que la percepción fuese posible cesarán. La percepción del mundo real será tan fugaz que apenas tendrás tiempo de dar gracias a Dios por él. Pues una vez que hayas alcanzado el mundo real y estés listo para recibir a Dios, Él dará de inmediato el último paso.

5. El mundo real se alcanza simplemente mediante el completo perdón del viejo mundo, aquel que contemplas sin perdonar. El Gran Transformador de la percepción emprenderá contigo un examen minucioso de la mente que dio lugar a ese mundo, y te revelará las aparentes razones por las que lo construiste. A la luz de la auténtica razón que le caracteriza te darás cuenta, a medida que lo sigas, de que ese mundo está totalmente desprovisto de razón. Cada punto que Su razón toque florecerá con belleza, y lo que parecía feo en la obscuridad de tu falta de razón, se verá transformado de repente en algo hermoso. Ni siquiera lo que el Hijo de Dios inventó en su demencia podría no tener oculto dentro de sí una chispa de belleza que la dulzura no pudiese liberar.

6. Esta belleza brotará para bendecir todo cuanto veas, conforme contemples al mundo con los ojos del perdón. Pues el perdón transforma literalmente la visión, y te permite ver el mundo real alzarse por encima del caos y envolverlo dulce y calladamente, eliminando todas las ilusiones que habían tergiversado tu percepción y que la mantenían anclada en el pasado. La hoja más insignificante se convierte en algo maravilloso, y las briznas de hierba en símbolos de la perfección de Dios.

7. Desde el mundo perdonado el Hijo de Dios es elevado fácilmente hasta su hogar. Y una vez en él sabrá que siempre había descansado allí en paz. Incluso la salvación se convertirá en un sueño y desaparecerá de su mente. Pues la salvación es el final de los sueños, y dejará de tener sentido cuando el sueño finalice. ¿Y quién, una vez despierto en el Cielo, podría soñar que aún pueda haber necesidad de salvación?

8. ¿Cuánto deseas la salvación? Pues ella te dará el mundo real, el cual está esperando ansiosamente ese momento. Las ansias del Espíritu Santo por dártelo son tan intensas que Él no quisiera esperar, si bien espera pacientemente. Une Su paciencia a tu impaciencia para que tu encuentro con Él no se demore Más. Ve gustosamente a encontrarte con tu Redentor, y con absoluta confianza abandona con Él este mundo y entra al mundo real de belleza y perdón.

T17. I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad


*17. EL PERDÓN Y LA RELACIÓN SANTA*


*T17. I. Cómo llevar las fantasías ante la verdad*


1. La traición que el Hijo de Dios cree haber cometido sólo tuvo lugar en ilusiones, y todos sus "pecados" no son sino el producto de su propia imaginación. Su realidad es eternamente inmaculada. El Hijo de Dios no necesita ser perdonado, sino despertado. En sus sueños se ha traicionado a sí mismo, a sus hermanos y a su Dios. Mas lo que tiene lugar en sueños no tiene lugar realmente. Es imposible convencer al que sueña de que esto es así, pues los sueños son lo que son debido a la ilusión de que son reales. Sólo al despertar se libera uno completamente de ellos, pues sólo entonces resulta perfectamente evidente el hecho de que no afectaron en modo alguno la realidad y de que no la han cambiado. Las fantasías cambian la realidad. Ése es su propósito. En realidad no lo pueden hacer, pero sí pueden hacerlo en la mente que quiere que la realidad sea diferente.

2. Tu deseo de cambiar la realidad es, por lo tanto, lo único que es temible, pues al desear que la realidad cambie crees que tu deseo se ha cumplido. En cierto sentido, esta extraña perspectiva da testimonio de tu poder. Mas cuando lo distorsionas y lo utilizas en favor del "mal", haces también que sea algo irreal para ti. No puedes serle fiel a dos amos que te piden cosas contradictorias. Lo que usas en beneficio de las fantasías, se lo niegas a la verdad. Mas lo que le entregas a la verdad para que ésta lo use en tu beneficio, se encuentra a salvo de las fantasías.

3. Cuando sostienes que es imposible que no haya grados de dificultad en los milagros, lo único que estás diciendo es que hay algunas cosas que no quieres entregarle a la verdad. Crees que la verdad no podría resolverlas debido únicamente a que prefieres mantenerlas ocultas de la verdad. Dicho llanamente, tu falta de fe en el poder que sana todo dolor emana de tu deseo de conservar algunos aspectos de la realidad y reservarlos para la fantasía. ¡Si tan sólo comprendieses cuánto afecta esto tu apreciación de la totalidad! Aquello que te reservas sólo para ti, se lo quitas a Aquel que quiere liberarte. A menos que se lo devuelvas, tu perspectiva de la realidad permanecerá inevitablemente distorsionada y sin corregir.

4. Mientras desees que esto siga siendo así, seguirás albergando la ilusión de que hay grados de dificultad en los milagros. Pues habrás sembrado la idea de grados de realidad al darle una parte de ésta a un maestro, y la otra al otro. De este modo, aprendes a tratar con una parte de la verdad de una manera, y con la otra de otra. Fragmentar la verdad es destruirla, pues ello la desprovee de todo significado. El concepto de grados de realidad es un enfoque que denota falta de entendimiento; un marco de referencia para la realidad con el que realmente no se la puede comparar en absoluto.

5. ¿Crees acaso que puedes llevar la verdad ante las fantasías y aprender lo que significa la verdad desde la perspectiva de lo ilusorio? La verdad no tiene significado dentro de lo ilusorio. El marco de referencia para entender su significado tiene que ser ella misma. Cuando tratas de llevar la verdad ante las ilusiones, estás tratando de hacer que las ilusiones sean reales y de conservarlas justificando tu creencia en ellas. Llevar las fantasías ante la verdad, no obstante, es permitir que la verdad te muestre que las ilusiones son irreales, lo cual te permite entonces liberarte de ellas. No mantengas ni una sola idea excluida de la verdad, pues si lo haces, estarás estableciendo diferentes grados de realidad que no podrán sino aprisionarte. No hay grados de realidad porque en ella todo es verdad.

6. Procura estar dispuesto, pues, a entregarle todo lo que has ocultado de la verdad a Aquel que la conoce, y en Quien todo se lleva ante ella. Lograremos salvarnos de la separación completamente, o no lo lograremos en absoluto. No te preocupes por nada, excepto por estar dispuesto a que se logre. Él será Quien lo logre, no tú. Pero no te olvides de lo siguiente: cuando te alteras y pierdes la paz porque otro está tratando de resolver sus problemas valiéndose de fantasías, estás negándote a perdonarte a ti mismo por haber hecho exactamente lo mismo. Y estás manteniéndoos a ti y al otro alejados de la verdad y de la salvación. Al perdonarlo, restituyes a la verdad lo que ambos habíais negado. Y verás el perdón allí donde lo hayas otorgado.